Emancipación en los Estados Unidos

Por Guesnerth Josue Perea

El año pasado, mientras la pandemia asolaba a las poblaciones vulnerables a nivel mundial, al mismo tiempo muchos alzaron su voz exigiendo justicia por el asesinato sistemático de afroamericanos en manos de la policía. Se comenzó a demandar respeto por la vida de los ciudadanos y ciudadanas afrodescendientes de manera más integral. El llamado de muchas personas en los Estados Unidos, y en algunos otros países, fue de reconocer la historia de Afrodescendientes durante todo el año; No solo resaltar datos importantes de la historia negra durante el mes de la historia afroamericana, sino comprender la negritud de manera más completa. Reconocer, apreciar y entender las contribuciones de afrodescendientes en el país. La atención se centró de inmediato en una celebración que en los Estados Unidos se llama ‘Juneteenth’, 19 de Junio.

La emancipación de los africanos esclavizados en Estados Unidos tuvo lugar el 19 de junio de 1865 en el estado de Texas, dos años y medio después de que el presidente Abraham Lincoln emitiera la Proclamación de Emancipación, la cual vino al final de una guerra civil en los Estados Unidos en 1863.

‘Juneteenth’ acaba de convertirse en un día feriado federal en los Estados Unidos, ratificado por el Senado y el presidente Joe Biden el 17 de junio de 2021. Para Afro descendientes en los Estados Unidos, honrar y observar ‘Juneteenth’ no es algo nuevo. Afrodescendientes en el estado de Texas, y en otros estados, siempre han observado este día porque es un recordatorio importante del fin de la esclavitud. Interesantemente este día llamado el “Día de Los Negros” en algunas comunidades AfroMexicanas, es reconocido y celebrado anualmente en el norte de México por una comunidad de Mascogos, descendientes de poblaciones Negras y Nativas. [1]

Para afroamericanos y todas las personas de ascendencia africana, la conmemoración de esta fecha es fundamental no porque es la celebración de la primera vez que se terminó la esclavitud africana (no la fue, técnicamente los Estados Unidos fue uno de los últimos países en “abolir”[2] la esclavitud, Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804) [3], ni es importante porque sucedió en junio (no hay ninguna intencionalidad específica de la fecha de junio, fue simplemente el tiempo que tardaron las tropas de la Unión en llegar a Texas).

Aun teniendo este día de conmemoración en Estados Unidos aun se continúa negando la negritud, problematizando y considerando a los cuerpos negros como intrínsicamente diferentes. La discriminación y el racismo es una muestra que aun no vivimos en una sociedad inclusiva, hay personas que aun no creen en la libertad y la igualdad para todos. Es la tarea de las siguientes generaciones luchar por la igualdad y habrá un momento en que esa esperanza se hará realidad. Es un recordatorio de las palabras de la escritora afroamericana Zora Neale Hurston “hay años que hacen preguntas, años que nos hacen preguntar.” ahora nos preguntamos ¿por qué ha tardado tanto?,¿Por qué no estamos donde deberíamos estar todavía?’ ¿Por qué perdimos otro hermoso cuerpo negro? Y, sin embargo todos estos años nos dan respuestas y nos ayudarán a ganar la libertad.

James Baldwin, destacado escritor afroamericano, en su libro The Fire Next Time (el fuego la próxima vez), escribe una carta en 1963, 100 años después de la emancipación de la esclavitud en Estados Unidos, haciendo una gran reflexión que sigue siendo vigente para nosotros en estos momentos “Aquellos inocentes que creen que tu encarcelamiento los puso a salvo, están perdiendo la comprensión de la realidad. Pero estos [estadounidenses blancos] son ​​tus hermanos, tus hermanos menores perdidos. Si la palabra integración significa algo, esto es lo que significa: que nosotros, con amor, obligaremos a nuestros hermanos a verse como son, a dejar de huir de la realidad y empezar a cambiarla. Porque esta es tu casa, amigo mío, no te dejes expulsar de ella; grandes personas han hecho grandes cosas aquí, y lo harán nuevamente, y podemos hacer de los Estados Unidos lo que los Estados Unidos deben llegar a ser. Tú lo sabes, y yo lo sé, que el país está celebrando cien años de libertad, cien años antes de tiempo. No podemos ser libres hasta que ellos sean libres “.

Y así, en la conmemoración número 156 de la emancipación de la esclavitud en los Estados Unidos, al considerar el significado del diecinueve de junio debemos detenernos un momento y pensar en cómo podemos amarnos a nosotros mismos y a los demás de una manera que comience a cambiar la realidad. Al hacer eso estamos cambiando la narrativa del odio o de la injusticia en una de amor y unidad y junto con otros, podemos hacer de América, los Estados Unidos y todo el continente, en lo que América debe convertirse; un lugar donde todas las personas sean libres. Aún no hemos llegado allí, pero tal vez este sea el año en el que podamos comenzar a responder a este llamado.


[1] Para leer más sobre esta población AfroMexicana – https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2020-09-16/renovado-interes-en-esclavos-de-eeuu-que-huyeron-a-mexico

[2] Usamos el término abolir cuando hablamos de la Proclamación de Emancipación de los Estados Unidos. La servidumbre involuntaria no se marcó como ilegal oficialmente hasta 1865, cuando se ratificó la decimotercera enmienda a la constitución de la EE.UU. Sin embargo, se puede argumentar que el lenguaje de la 13ª enmienda permite la servidumbre involuntaria si alguien comete un delito. Es por esta razón qué la población afroamericana y otras poblaciones de ascendencia africana son encarceladas a una tasa más alta que cualquier otra población.

[3] Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804, Dinamarca-Noruega fue la primera nación europea en prohibir el “intercambio” de esclavos africanos en 1807. En América Latina, Chile abolió la esclavitud en 1823, México en 1829, la esclavitud fue abolida en Uruguay en 1842, Colombia abolió la esclavitud en 1851, Argentina en 1853, Perú abolió la esclavitud en 1854.

Guesnerth Josue Perea es pastor docente en Metro Hope Covenant Church y director del foro afrolatin@, una organización sin fines de lucro que crea conciencia sobre los latinos y latinas afrodescendientes en los Estados Unidos.

Juneteenth “Emancipation Day”

By Guesnerth Josue Perea

“There are years that ask questions and years that answer” Zora Neale Hurston

Last year, as the pandemic was ravaging through vulnerable populations and justice was demanded, the many people who died and suffered at the hands of police violence started to question honoring and celebrating Blackness and people of African descent more holistically. The call of many people throughout the United States was to acknowledge Black History throughout the year, not to only highlight important tidbits of African American history during Black History Month but rather to make an effort to understand Blackness more completely. To acknowledge, appreciate and recognize the contributions of People of African Descent, whether from the United States or abroad, throughout the entire calendar year. Attention immediately went to Juneteenth, the commemoration of the emancipation of enslaved Africans, which occurred on June 19, 1865, in the state of Texas, two and a half years after President Lincoln issued the Emancipation Proclamation.

Juneteenth just became a Federal holiday, ratified into law by the Senate and the President on June 17, 2021. For AfroLatin@s in the United States, honoring and observing Juneteenth is not new. AfroLatin@s in Texas and throughout the United States have always observed Juneteenth because it is an important reminder of the freedom of slavery. Interestingly, Juneteenth, called Dia de Los Negros in some Black Mexican communities, is recognized and celebrated annually in northern Mexico by a community of Mascogos, Black Seminoles.[1] 

For African Americans, and all people of African Descent, the commemoration of this date is essential. Not because it was the first of its kind (it was not, technically the U.S. was one of the last countries to “abolish”[2] slavery, Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804)[3], nor is it important because it happened in June (there isn’t any specific intentionality of the June date, it was simply the time it took for the Union troops to arrive to Texas); it is important because it symbolizes what many people hope that the United States, and all other nations, can become. Juneteenth is important for all people of African descent because in a world that continues to deny Blackness and problematize and otherize Black bodies, it is a reminder that there are people who believe in freedom and equality for all. It symbolizes that even if it takes years for us to see a glimmer of hope in the struggle for equality, there will be a time when that hope will be realized. It is a reminder of the words of Zora Neale Hurston that there are years that ask questions, years that make us ask, ‘why has it taken this long?’ ‘why are we not where we should be yet?’ ‘Why did we lose another beautiful Black body?’. And yet some years will give us answers, years that will provide us with justice, years that will help us gain freedom even after years that did not. 

James Baldwin specifically highlighted this problem of having to hold the present nature of the U.S. while waiting for it to be better.  In The Fire Next Time, which begins with a letter he sent to his nephew 100 years after the emancipation of slavery in the U.S.:

“Those innocents who believe that your imprisonment made them safe are losing their grasp of reality. But these [white Americans] are your [siblings], your lost, younger [siblings]. And if the word integration means anything, this is what it means: that we, with love, shall force our [siblings] to see themselves as they are, to cease fleeing from reality and begin to change it. For this is your home, my friend, do not be driven from it; great [people] have done great things here, and will again, and we can make America what America must become. You know, and I know, that the country is celebrating one hundred years of freedom one hundred years too soon. We cannot be free until they are free.”

And so, on this 156th commemoration of the emancipation, as we consider the meaning of Juneteenth and what it signifies, we should pause for a moment. We should think of how we can love ourselves and others in a way that starts to change reality, changing the narrative of hate, injustice, or othering into one of love and unity.  Together with others, we can make America, the United States and the entire continent, what America must become, a place where all people are free. We are not there yet, but maybe this is the year that can begin to answer that call.


[1]  For more information, read: https://www.texasmonthly.com/being-texan/mexican-village-juneteenth-celebration/

[2] We use the term abolish when discussing the Emancipation Proclamation with care. Involuntary servitude was not officially made illegal until 1865, when the 13th amendment was ratified. However, one can argue that the language of the 13th amendment allows for involuntary servitude if someone commits a crime. Hence why African Americans, and other people of African Descent are imprisoned at a higher rate than any other population.

[3] Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804, Denmark-Norway was the first European nation to ban the African slave trade in 1807. In Latin America, Chile abolished slavery in 1823, Mexico in 1829, Slavery was abolished in Uruguay in 1842, Colombia abolished slavery in 1851, Argentina in 1853, Peru abolished slavery in 1854.

Guesnerth Josue Perea is a teaching Pastor at Metro Hope Covenant Church, and Director of the afrolatin@ forum, a non-profit that raises awareness of Latin@s of African descent in the United States.   

La teología de la liberación frente a las desigualdades

Durante los últimos 15 meses, la mayor parte del mundo ha sido transformado radicalmente por la COVID-19, que ha matado a más de 3,7 millones de personas en todo el mundo. La pandemia ha descubierto las desigualdades inherentes a los sistemas actuales en todo el mundo. Al reflexionar sobre estas situaciones, como personas de fe, estamos viendo qué teologías están disponibles para ayudarnos a procesar el marco que exacerbó gran parte del sufrimiento resultante de la pandemia. Considero que una severa reflexión y revisión de las Teologías de la Liberación puede proporcionarnos herramientas para crear una iglesia más empática y comprometida.      

En 1971, el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez escribió la “Teología de la Liberación.” Esta teología ayudó a muchos a reavivar el mensaje original de Jesucristo a través de su enfoque hacia los empobrecidos. Gutiérrez desarrolló su teología en respuesta al sufrimiento y el empobrecimiento en el continente. La teología propone una forma concreta de desmantelar los sistemas de opresión e injusticia impuestos por siglos.

Gutiérrez descubre el papel de la iglesia en los sistemas de opresión, cómplice tanto de los colonizadores como de la era de las repúblicas independientes donde la iglesia siguió teniendo dominio y control de grandes propiedades expropiadas a la población originaria. Su atención se centra en cómo la opresión sistemática y la injusticia funcionan para mantener a millones de personas en la pobreza. Para hacer una conexión teológica y política, Gutiérrez expone una reflexión crítica sobre la praxis cristiana, al señalar: “Sólo la auténtica solidaridad con los pobres y una auténtica protesta contra la pobreza de nuestro tiempo pueden proporcionar el contexto concreto y vital necesario para una discusión teológica sobre la pobreza. La ausencia de un compromiso suficiente con los pobres, los marginados y los explotados es quizás la razón fundamental por la que no tenemos una sólida reflexión contemporánea sobre el testimonio de la pobreza.”

El trabajo de Gutiérrez proporciona definiciones precisas de las palabras que usa para asegurar que no haya ambigüedad. Escribió: “la pobreza es una condición escandalosa contraria a la dignidad humana.” Es escandalosa porque muestra los problemas y valores sistemáticos de la sociedad. Gutiérrez brinda una opción para el individuo y la sociedad, un compromiso real de solidaridad con la población empobrecida. En su teología llama a la opción preferencial por los pobres frente a un sistema que brinda a la iglesia de privilegios, dinero, oportunidades y supremacía. En cambio, enfatiza “tenemos la opción de estar del lado que le preocupa a Dios.”  

A pesar de un llamado firme la Teología de la Liberación, tiene aun deficiencias. Específicamente, Gutiérrez no se dirige ni reflexiona sobre quienes y que rostro tienen son las personas que viven en las mayores condiciones de pobreza: mujeres y niñas. Gutiérrez es un producto de su tiempo, y esa falta de claridad en describir quien son los empobrecidos sigue siendo un descuido importante. 

Durante la actual pandemia la desigualdad entre los empobrecidos y los enriquecidos es más visible. Porque las personas que trabajan muchas horas apenas pueden sobrevivir y difícilmente acceden a los servicios más básicos, mientras que, los ricos ganan más dinero aprovechando la desesperación de las personas. ¿Podemos decir que el sistema está funcionando solo para una minoría y dejando de lado la mayoría que vive en carencia? 

Es escandaloso saber que millones de personas, incluso trabajando más de 48 horas a la semana, reciben un salario que no alcanza para llevar una vida digna, que cientos de mujeres son asesinadas a causa del machismo, que miles de niños y niñas crecen con desnutrición y abandono. La reflexión teológica de Gutiérrez trata sobre las condiciones escandalosas en América hace 50 años, pero aun hoy sigue siendo relevante. La iglesia y los ricos están en el poder mientras que los pobres son marginados. Esto contrasta con el mensaje de Jesús en el que los marginados y los empobrecidos están en el centro de su mensaje esperanzador y de justicia.

La práctica de una teología liberadora no es fácil, requiere de verdadero compromiso y sobre todo entendimiento por parte de la iglesia vigilante,  que  denuncia injusticia y se moviliza. ¿Esta la iglesia asumiendo ese compromiso?

Reflecting on Liberation Theology during a Global Pandemic

Over the past 15 months, most of the world has been radically transformed by COVID-19, which has killed more than 3.7 million people worldwide.  The pandemic has uncovered the inequalities inherent in current systems in the United States and throughout the world.  As we reflect on these situations, as people of faith, we are looking at what theologies are available to us to help process the framework that exacerbated so much of the suffering resulting from the pandemic.  I think severe reflection and revising of Liberation Theologies like the one developed by Gustavo Gutierrez can provide us key hallmarks for creating a more empathic and responsive church.

In 1971 Peruvian Catholic Scholar and Priest Gustavo Gutiérrez wrote “A Theology of Liberation.”  This groundbreaking work helped many rekindle the original message of Jesus Christ in America through its focus on the impoverished. Gutiérrez developed his theology as an option for the poor in response to the rampant suffering and poverty.  Theology proposes a concrete way to dismantle systems of oppression and injustice. He challenged the concepts brought by European invaders who led the Catholic Church to convert the “pagans” or to kill them. Gutiérrez wrote, “the salvation of the pagans was raised at the time of ‘discovery of peoples’ belonging to other religions and living in areas far from those where the Church has been traditionally rooted.” 

Gutiérrez uncovers the church’s role as a regular part of the levers of oppression, complicit with both colonizers and the era of independent republics throughout the Continent. This analysis focuses his attention on how systematic oppression and injustice work to keep the native population and their descendants in poverty.

To make this theological and logical connection, Gutiérrez exposes a critical theological reflection on Christian praxis. “Only authentic solidarity with the poor and a genuine protest against the poverty of our time can provide the concrete, vital context necessary for a theological discussion of poverty.”

To understand his theological discussion and the option for the poor, we must consider the solidarity and protest he urges. In Gutiérrez’s work, he provides precise definitions of the words he uses to ensure no ambiguity. He wrote, “poverty is a scandalous condition inimical to human dignity; therefore, contrary to the will of God,” spiritual poverty is an attitude of openness to God and spiritual childhood; moreover, “poverty as a commitment of solidarity and protest.” 

For Gutiérrez, poverty is a scandalous condition because it shows society’s systematic problems and values. Through exclusionary laws, individuals are not permitted to leave the state of poverty, and that is injustice; this system should be antithetical to followers of Christ. However, Gutiérrez provides an option for the individual and society, a real commitment to solidarity with the impoverished population. Gutiérrez calls the preferential option for the poor as the decision for us to respond to the system that provides us with privileges, money, opportunities, and supremacy.  Instead, we have the choice to be on the side that God is concerned for. 

As groundbreaking as his text was in 1971, unfortunately, theology does have shortcomings. Specifically, Gutiérrez does not address or reflects on the primary individuals who live impoverished conditions – women and children. He fails to indicate that most oppressed and most vulnerable individuals seem to find no voice in his work. This oversight is likely due to him being a product of his time but is still a significant oversight. 

It is scandalous to know that millions of individuals, even working more than 40 hours a week, get a salary that is not enough to live a decent life. Gutiérrez’s writings are about scandalous conditions in America continental territories (Abya Yala) and in all societies where the church and the rich are in power while the poor are marginalized. This contrasts with Jesus’ message in which the marginalized and the poor are at the center. 

During the current global COVID-19 pandemic, the impoverished and those living on the margins of society are more profoundly seen. Individuals who work long hours can barely survive, while on the other hand, rich people make more money today by taking advantage of people’s desperation. Can we say that the system is working for those in need? Suppose we continue to accept systems that maintain the status of a few due to the oppression of others. If we opt for the comfort of the few and at the expense of all we know we are doing wrong, it shows we are far from understanding liberation. Working for equality and inclusion needs to be one of our priorities. 

Is the church ready to believe and practice liberation theology?

Reconocer el trauma para desmantelar el racismo

El trauma es una palabra que viene del griego que significa herida, es una ruptura que lastima y es aterradora al mismo tiempo porque contiene los momentos y experiencias dolorosas que deseamos olvidar. La forma en que las personas interactúan y lidian con el trauma causado por la discriminación, la brutalidad policial y el racismo es única para cada persona, pero va generando en la comunidad un dolor profundo. 

Nuestro cuerpo, así como nuestro comportamiento muestra nuestras profundas heridas. Sin embargo, es necesario sentarse con el pasado y lidiar con nuestros traumas para superar estos recuerdos dolorosos que nos lleven a la curación y la liberación.

A partir del trabajo de investigación de Heijmans publicado en la Academia Nacional de Ciencia, es bien sabido que los eventos traumáticos pueden tener efectos duraderos en el epigenoma. Esencialmente, el impacto del trauma pasado continúa en nuestro ADN y puede manifestarse en las generaciones futuras.

El especialista en trauma Resmaa Menakem un abolicionista somático señala que “las respuestas al trauma nunca son razonables. Son protectoras y reflexivas.” El desafío que tenemos por delante es alcanzar la curación de esta generación. Para aquellos que sus familias han sufrido siglos de opresión, colonización, esclavitud, violación, abuso y otros tratamientos inhumanos el trauma continua vigente.

Como seres humanos tenemos la capacidad de desarrollar nuevas habilidades para sobre llevar el dolor, especialmente para la supervivencia, pero eso no hace que desaparezca el dolor, sino que continua con nosotros cada dia. 

¿Cómo podemos hacer el camino para sanar nuestra mente y cuerpo de la discriminación y racismo por el color de nuestra piel y etnicidad?

Nuestro cuerpo experimenta dolor y sufrimiento, incluso nuestro tono de voz y las contorsiones del cuerpo, reflejan cómo procesamos y sentimos las cosas en el interior. Esas son las marcas psicológicas que se convierten en parte de las marcas físicas que llevamos en nuestro cuerpo. Sabemos que no es fácil manejar esas emociones que provienen de lo más profundo de nuestro ser por lo cual necesitamos de especialistas en trauma así como apoyo familiar y de la comunidad.Conocer nuestra historia familiar nos llevará a comprender el dolor causado por un pasado traumático y asumir el presente con mayor fortaleza. Sabemos bien que como seres humanos tenemos la capacidad de curar.

La curación no es fácil, pero podemos tomar de la resistencia grandes lecciones, somos producto de una colonización tan desigual y brutal que nuestra mera existencia es un ejemplo de vida y esperanza. La resiliencia nos ayuda a sostenernos y podemos usarla para desarrollar y fortalecer herramientas en las cuales podamos enfrentar nuestro dolor y traumas pasados. Para lograr esta curación, debemos comenzar a hablar más libremente sobre ellos. 

Para los descendientes de la población originaria en el continente, nuestro trauma por el despojo de nuestra tierra, el trauma de la violación, abusados y esclavizados sistemáticamente aún persiste, la pérdida de la cultura, el idioma impacta incluso nuestra propia identidad. El dolor de ser considerados “animales” “indios sin alma” por la iglesia cristiana por siglos sigue presente. La descolonización es un trabajo en proceso necesario y nos trae preguntas desafiantes ¿Cómo podemos procesar el trauma generacional cuando seguimos siendo discriminados?

Reconocer el trauma es necesario para juntos desmantelar el racismo que tanto daño a causado y sigue causando a las nuevas generaciones ya que ataca nuestra identidad, nuestro ser y existencia. Reconocer nuestros miedos y nuestras historias familiares nos dará fortaleza para enfrentar con valentía un sistema opresivo y construir uno de liberación.

Recognize Trauma…Dismantle Racism

Trauma is a loaded word and scary at the same time because it obscures pains from the past that we wish to forget. However, despite our efforts to forget and move on, history continues to follow us in our lived experiences. How people interact and deal with the trauma is unique for each person. Our bodies and psyches reveal who we are, and our behavior shows our deep wounds. When these wounds are systemic across entire groups of people due to discrimination, police brutality, and racism, it is necessary to deal with the trauma and triggers on both personal and communal levels. Coming to grips with this type of trauma is to sit with the past and mentally to reflect and exercise these painful memories for healing, liberation, and ultimately dismantling racism. 

From the research work of Heijmans et al. published in the Proceedings of the National Academy of Science, it has been shown that traumatic events from famine to war can lead to lasting effects on the epigenome. Essentially the impact of past trauma continues in our DNA and can be manifested in future generations. 

Trauma specialist Resmaa Menakem, a somatic abolitionist, notes that “trauma responses are never reasonable. They are protective and reflexive.” Healing begins by finding the roots of these traumas and seeking first to understand and begin to process instead of burying away the past.

For native American descendants in the continent, our collective trauma of being disposed of our land, our grandparents systematically raped, abused, and enslaved still lingers. The loss of culture, identity, and language cause trauma to this day, further heightened by misappropriation of imagery and names in racist tropes and mascots. From a theological perspective, the pain of being considered “animals” and “Indians without souls” by the Christian Church is still present. How can we process our generational trauma when European descendants in America do not see the native people as part of society? 

The challenge we are faced in the country with white supremacy ideology rules and attacks on African Americans has a long history of brutal violence. Still, today, as people of color, we demand as individuals and collectively to embrace opportunities to remember the suffering and heal the country for all their crimes.

How can we make the pathway to healing our hearts and bodies from suffer discrimination, abuse, and oppression?

Dismantling racism is a step towards that, seeking healing, although it is a painful process. It is not easy to handle those emotions that come from the inner depths of our being. We develop resilience by learning and nature, and we can use it to develop and strengthen to confront our pain and past traumas. To achieve this healing, we must begin to speak more freely about them. For those who have suffered centuries of oppression, colonization, slavery, rape, abuse, and other inhume treatment from white supremacy ideologies, it is not easy to leave it, but we can transform the rage and pain into societal changes. Moreover, our body has that capacity as well; it is a connection between body and mind that leads us to develop new abilities, especially that of survivorship. On a communal level, there is a need for broader society to listen, accept and respond to individuals that their ancestors may have harmed.

Knowing our family history will lead us to understand the painful scars on our psyche, and that past becomes part of the physical marks that we carry on our body. Healing is not easy. Somehow, we are the product of colonization so unequal and so brutal that our sheer existence is an example of life and hope. 

Dismantling racism is an invitation to consider God amid challenging history and difficult conversations. For the Christian message for healing – salvation is not an abstract concept; it is a state of being with deliverance. Let us begin this journey towards healing together, in the full knowledge that our faith will lead us to recover. 

We start this process by first allowing ourselves empathy, grace, and freedom to go to our inner selves and acknowledge our fears and our stories. Second in the process is to reconnect with our ancestors, grandmothers, and elders. We must listen to their stories, which is our story, and in this way, we can better understand the present. By naming our pain and trauma, we become stronger.