Cuando la vida real interpela la fe

Por Lisette Genao Duran

En demasiados espacios de fe, las mujeres llegan con dolor y salen con culpa. Los debates sobre derechos reproductivos suelen presentarse como discusiones abstractas, formuladas desde principios doctrinales generales y respuestas aparentemente absolutas. Pero fuera de esos discursos existen vidas concretas: historias atravesadas por miedo, vulnerabilidad, salud, violencia, pérdida y decisiones difíciles.

Es precisamente allí, en la vida real, donde la reflexión ética y teológica se vuelve más exigente. Hablar de derechos reproductivos desde la fe implica reconocer que no estamos solo ante conceptos morales, sino ante cuerpos, conciencia, dignidad y vida. Sin embargo, durante años, muchas mujeres han experimentado las comunidades religiosas no como espacios de acompañamiento espiritual, sino como lugares donde sus vivencias son juzgadas antes de ser escuchadas.

Frente a eso, los evangelios muestran una y otra vez a Jesús acercándose a las personas desde la compasión antes que desde la condena. En más de una ocasión, Jesús desafió las formas religiosas que colocaban la norma por encima de la vida humana. “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9:13) no aparece solo como una frase aislada, sino como una manera de comprender la relación entre fe, dignidad y cuidado.

Jesús y la complejidad humana

Uno de los rasgos más sorprendentes del ministerio de Jesús es su capacidad de encontrarse con las personas dentro de la complejidad de sus vidas. No se relaciona con seres humanos ideales, sino con personas atravesadas por sufrimientos, exclusiones y dilemas reales.

Mientras las autoridades religiosas de su tiempo esperaban respuestas rígidas, Jesús desplazaba la discusión hacia la dignidad humana. La pregunta central parece ser siempre la misma: ¿qué decisión protege la vida?, ¿qué acción restaura a la persona?, ¿dónde está la compasión?

Esto no significa que los dilemas éticos desaparezcan. Significa, más bien, que la vida humana no puede reducirse a fórmulas abstractas desconectadas del sufrimiento concreto.

La conciencia como espacio espiritual

La tradición cristiana ha reconocido históricamente la importancia de la conciencia moral. No se trata simplemente de una opinión individual, sino de ese espacio interior donde las personas disciernen, luchan, oran y toman decisiones frente a situaciones complejas de la vida.

Sin embargo, en muchos debates públicos, la conciencia de las mujeres desaparece. Se habla sobre ellas, pero pocas veces se escucha lo que viven; se discuten normas, pero no siempre se consideran las consecuencias humanas de esas normas.

Desde una perspectiva pastoral y psicológica, esto tiene efectos profundos. Las experiencias relacionadas con embarazo, maternidad, violencia sexual, salud reproductiva o pérdida gestacional suelen estar cargadas de miedo, culpa, dolor e incertidumbre. Abordarlas únicamente desde categorías jurídicas o doctrinales puede deshumanizar el acompañamiento espiritual.

La ética del cuidado

Uno de los aportes más importantes de las teologías feministas y de las éticas del cuidado ha sido recordarnos que las decisiones humanas ocurren dentro de contextos concretos. No todas las personas viven las mismas condiciones sociales, económicas o emocionales; no todas las mujeres enfrentan los mismos riesgos ni cargan con las mismas posibilidades.

Por eso, una ética verdaderamente comprometida con la vida necesita aprender a escuchar las circunstancias humanas con humildad. La pregunta ética no puede limitarse a “qué está permitido” o “qué está prohibido”. También debe preguntarse quién está sufriendo, quién está siendo invisibilizada y quién está cargando sola con las consecuencias.

El cuerpo y la dignidad

La fe cristiana afirma que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Esa afirmación incluye también el cuerpo. Sin embargo, durante siglos, el cuerpo de las mujeres ha sido tratado como territorio de regulación social y religiosa. Se ha hablado con más insistencia del control del cuerpo femenino que de su dignidad.

Una espiritualidad centrada en la vida debería preguntarse cómo proteger integralmente a las personas, especialmente en contextos de vulnerabilidad. Hablar de derechos reproductivos desde la fe no significa abandonar la ética, sino ampliar la mirada para incluir la realidad completa de las vidas humanas.

Las mujeres y el silencio religioso

Muchas mujeres creyentes viven profundas tensiones internas cuando enfrentan decisiones difíciles relacionadas con su salud reproductiva. Algunas sienten miedo de hablar; otras experimentan culpa religiosa; muchas cargan silenciosamente experiencias dolorosas sin encontrar espacios seguros dentro de sus comunidades de fe.

Esto plantea una pregunta ineludible para las iglesias: ¿estamos siendo espacios de acompañamiento o espacios de condena? Los evangelios muestran a Jesús acercándose, precisamente, a quienes eran marginados por los discursos religiosos dominantes de su tiempo. Tal vez hoy también la fe está siendo llamada a escuchar más y a juzgar menos.

Una teología que acompañe la vida

La teología pública tiene el desafío de dialogar con la realidad contemporánea sin perder profundidad espiritual. Eso implica reconocer que las preguntas éticas de nuestro tiempo son complejas y requieren sensibilidad humana, escucha y discernimiento.

No se trata de relativizar la fe, sino de evitar respuestas simplistas frente a situaciones profundamente dolorosas. Acompañar la vida humana exige compasión, y la compasión no es debilidad moral, sino una forma radical de reconocer la dignidad del otro.

Hacia comunidades más humanas

Quizás uno de los llamados más urgentes para las comunidades cristianas hoy sea recuperar la capacidad de acompañar: acompañar sin controlar, escuchar sin condenar de inmediato y reconocer que detrás de cada debate hay personas reales.

La fe no debería aumentar el sufrimiento de quienes ya atraviesan situaciones difíciles. Por el contrario, debería convertirse en un espacio donde las personas encuentren cuidado, dignidad y esperanza. Allí donde una comunidad deja de vigilar cuerpos y aprende a acompañar conciencias, el Evangelio vuelve a hacerse buena noticia para quienes durante demasiado tiempo solo encontraron silencio, culpa o condena.

Lisette Genao Durán es psicóloga, teóloga. Es presidenta de Alianza Cristiana Dominicana y de Católicas por el Derecho a Decidir República Dominicana (CDD-RD). Su trabajo se sitúa en la intersección entre fe, justicia social y derechos humanos, promoviendo reflexiones teológicas y acciones de incidencia pública que defienden la dignidad, la autonomía y la vida de las mujeres.

Teólogas de Abya Yala

Las 20 teólogas que debes conocer y escuchar

Después de años estudiando teología en distintos países y continentes, en aulas, comunidades, universidades y encuentros de fe, he comprendido algo fundamental: la importancia de conocer a las teólogas que piensan y reflexionan desde sus propios territorios, culturas y experiencias de vida.

En este camino he tenido el privilegio de encontrarme con mujeres que están abriendo nuevas sendas teológicas desde lo cotidiano, las luchas de sus pueblos, la espiritualidad y la memoria ancestral. De esa experiencia nació la serie Teólogas en el cristianismo global.

Conocerlas ha sido transformador, pero también lo ha sido compartir y visibilizar sus aportes. Entre las teólogas de Abya Yala, reconocernos mutuamente ha sido una experiencia profundamente enriquecedora: una oportunidad para caminar junto a mentoras, hermanas y amigas.

Con frecuencia cuando facilito clases y talleres sobre mujeres haciendo teología en Abya Yala surge una pregunta: ¿quiénes son las teólogas de nuestro continente? 

Muchas veces, al pedir a las participantes que nombren mujeres teólogas, aparece el silencio. Y ese silencio dice mucho. Refleja cómo las contribuciones de las mujeres han sido invisibilizadas en numerosos espacios académicos, eclesiales y teológicos. Nuestra formación también ha estado marcada por la ausencia de sus voces, sus nombres y sus pensamientos.

Por eso considero urgente comenzar a nombrarlas, leerlas, escucharlas, estudiarlas y compartir sus trabajos. Crear comunidad, abrir espacios de diálogo y reconocer la labor de tantas mujeres teólogas de Abya Yala es también una manera de hacer justicia y mantener viva la memoria.

Esta lista nace de encuentros comunitarios realizados de forma virtual desde el 2020, con el deseo de construir una red de mujeres haciendo teología desde Abya Yala. Durante estos años hemos tenido la alegría de encontrarnos, escucharnos y descubrir la enorme riqueza que existe en las teologías de nuestro continente.

Te presento a 20 teólogas de Abya Yala que debes conocer y escuchar. El recorrido que sigue está organizado de sur a norte de Abya Yala.

1. Sandra Arenas (Chile)

Sandra es teóloga católica chilena especializada en eclesiología y diálogo ecuménico. Obtuvo su doctorado en Teología Sistemática en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

Su trabajo académico y pastoral se centra en el Concilio Vaticano II, el ecumenismo y la crisis de abusos dentro de la Iglesia Católica, contribuyendo a la búsqueda de caminos de justicia y sanación. Actualmente es decana de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosofía de la Universidad Católica de Temuco, Chile.

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2. Claudia Leal (Chile)

Claudia es teóloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora en Teología Moral por la Academia Alfonsiana de Roma. Ha sido profesora de moral fundamental, social y sexual en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente es académica del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia en Roma. Además, fue designada para formar parte del equipo de 28 expertos y expertas que asesoran al organismo vaticano en cuestiones doctrinales.

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3. Virginia Azcuy (Argentina)

Virginia es doctora en teóloga argentina comprometida con el trabajo comunitario y la participación de las mujeres en espacios teológicos y pastorales.Es fundadora de Teologanda, colectivo de teólogas argentinas dedicado a promover investigaciones, publicaciones y espacios de encuentro para mujeres en teología.

Su reflexión se enfoca en la espiritualidad, la dignidad de las mujeres y la construcción de comunidades más inclusivas. Actualmente integra el consejo académico de la Facultad de Teología de la UCA y desde el 2003 ocupa la cátedra de Teología Espiritual.

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4. Carolina Bacher (Argentina)

Carolina es doctora en Teología y profesora especializada en Teología Pastoral. Su trabajo académico y pastoral se desarrolla desde la investigación participativa y la lectura de los signos de los tiempos en las realidades urbanas y comunitarias.

Integra el Grupo Iglesia, Sociedad y Estado en Argentina y el Grupo de Teología Urbana “Prácticas de Espiritualidad” de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Actualmente es vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Teología. Su reflexión teológica busca tender puentes entre espiritualidad, vida cotidiana y compromiso social.

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5. Sofía Chipana (Bolivia)

Sofía es una de las voces más importantes de la teología Abya Yala. Su trabajo promueve la dignidad de los pueblos originarios, la defensa de la tierra y la relación sagrada con todas las formas de vida.

Forma parte de la Comunidad de Sabias y teólogas de Abya Yala y de la Comunidad Teológica Andina, espacios desde los cuales impulsa el diálogo entre pueblos indígenas y la valoración de las espiritualidades ancestrales.

Su reflexión denuncia el uso colonizador de la religión y reivindica las identidades, memorias y saberes de los pueblos originarios. “En los contextos de pueblos colonizados de Abya Yala, la Biblia ha sido utilizada como instrumento colonizador para enajenar nuestras identidades, avasallar nuestros territorios y confinarnos a vivir como extranjeros y extranjeras en nuestras propias tierras.”

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6. Ivone Gebara (Brasil)

Ivone es una de las principales representantes del ecofeminismo en Abya Yala. Desde Brasil, ha desarrollado una reflexión teológica que vincula la explotación de la naturaleza con la opresión histórica de las mujeres, especialmente de las mujeres empobrecidas y campesinas.

Obtuvo su doctorado, en Ciencias de la Religión, en Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Fue profesora durante casi 17 años en el Instituto Teológico de Recife. Su trabajo cuestiona las estructuras patriarcales, jerárquicas y coloniales que afectan tanto a los cuerpos como a la tierra, proponiendo una espiritualidad basada en el cuidado, la justicia y la interdependencia. Su pensamiento ha influido profundamente en las teologías feministas y ecológicas del continente.

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7. Silvia Regina de Lima (Brasil)

Silvia es doctora en Estudios de la Sociedad y la Cultura en la Universidad de Costa Rica. Cuenta con una Maestría en Ciencias Bíblicas y actualmente se desempeña como directora del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) y profesora en la Universidad Nacional. Su trabajo académico y pastoral se centra en la teología feminista y la lectura popular de la Biblia, promoviendo espacios de reflexión crítica, justicia y transformación social desde las comunidades de fe.

Entre sus temas de investigación destacan los aportes de las religiones de matriz africana a la Teología Negra, promoviendo una teología comprometida con la memoria, la dignidad y la resistencia de los pueblos afro descendientes.

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8. Irma Espinoza (Perú)

Irma Espinoza es teóloga peruana que ha dedicado más de cuarenta años al acompañamiento de pueblos originarios de la Amazonía entre Perú y Brasil.Obtuvo su doctorado en el Seminario Teológico de Suráfrica.

Su trabajo misionero y teológico promueve una evangelización integral y contextual, comprometida con la interculturalidad, la justicia y el respeto a las espiritualidades indígenas. Su caminar constituye un puente entre fe, culturas ancestrales y defensa de la dignidad de los pueblos amazónicos.

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9. Luzmila Quezada (Perú)

Luzmila Quezada ha dedicado su vida a reflexionar sobre el papel de las mujeres en las comunidades de fe y a promover espacios de transformación desde una perspectiva de justicia de género.

Es doctora en Historia y Teología y ha trabajado en la enseñanza de la teología sistemática, feminista y de género, inspirando a nuevas generaciones de estudiantes y lideresas. Además de su labor académica, es pastora ordenada en la Iglesia Wesleyana, fundadora del Proceso Kairos Perú y coordinadora del Colectivo de Teólogas Feministas del Perú.

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10. Margarita de la Torre (Ecuador)

Margarita de la Torre es teóloga ecuatoriana comprometida con la educación intercultural y el diálogo entre saberes comunitarios y académicos. Cuenta con un doctorado internacional realizado en convenio entre Oslo Met de Noruega, la UAIIN de Colombia y la URACCAN de Nicaragua, espacios enfocados en la educación intercultural y los saberes de los pueblos originarios.

Su reflexión teológica y educativa busca fortalecer las voces de las comunidades históricamente excluidas y promover procesos de aprendizaje desde la diversidad cultural.

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11. Maricel Mena (Colombia)

Maricel es teóloga, biblista e investigadora colombiana. Cuenta con un posdoctorado en hermenéutica feminista por la Escuela Superior de Teología en Brasil.

Su trabajo se centra en la teología contextual, la hermenéutica bíblica negra feminista y los estudios de género. A través de sus investigaciones promueve lecturas bíblicas comprometidas con la justicia racial, la dignidad humana y las experiencias de las comunidades afrodescendientes. Se desempeña como docente e investigadora en la Facultad de Filosofía y Teología de la Universidad Saint Thomas.

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12. Berla Andrade (Venezuela)

Berla es una teóloga venezolana con maestría en Teología por la Universidad Católica Santa Rosa de Venezuela y doctoranda en educación. Es pastora ordenada de la Iglesia Presbiteriana de Venezuela. Ha desarrollado una amplia trayectoria en la formación universitaria y eclesial. Dentro de la Iglesia Presbiteriana de Venezuela ha ejercido importantes espacios de liderazgo, acompañando procesos de reflexión y articulación teológica de las mujeres en Abya Yala.

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13.Nidia Fonseca Rivera (Costa Rica)

Nidia es teóloga costarricense, pastora desde 1986 y Obispa de la Iglesia Unión Evangélica Pentecostal Venezolana. Estudio teología en la Universidad Bíblica Latinoamericana y cuenta con una amplia formación académica en teología y pedagogía. Obtuvo una Maestría en Pedagogía Crítica en la Universidad Simón Rodríguez de Venezuela y una Diplomatura en Prevención de la Prostitución y Trata de Personas en la Universidad Católica de Córdoba.

Nidia se ha dedicado en el acompañamiento pastoral, así como ha escrito comprometidamente sobre las mujeres, la sexualidad y religión.

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14. Agustina Luvis (Puerto Rico)

Agustina es una de las voces más destacadas de la teología puertorriqueña contemporánea. Obtuvo una maestría y un doctorado en Teología Sistemática en la Escuela Luterana de Teología de Chicago.

Su reflexión aborda el papel de las mujeres en la pastoral, así como los aportes de las teologías pentecostales y feministas. Fue decana del Seminario Evangélico de Puerto Rico, donde impulsó la formación y el liderazgo de nuevas generaciones de mujeres en espacios teológicos y pastorales.

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15. Ofelia Ortega (Cuba)

Ofelia es teóloga cubana, estudió teología en el Seminario Evangélico de Matanzas y fue ordenada presbítera pastora en febrero de 1967. En 1985 se trasladó a Suiza como profesora de teología para impartir clases en el Instituto Ecuménico de Ginebra. Posteriormente se desempeñó como Secretaria Ejecutiva del Programa de Educación Teológica del Consejo Mundial de Iglesias.

En 1997 regresó a Cuba para asumir el cargo de rectora del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, donde organizó el «Instituto Cristiano de Estudios de Género» y continuó trabajando hasta su retiro como profesora de Ética Teológica y Estudios de Teología y Género.

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16. Elena Vázquez (Cuba)

Elena es teóloga cubana de ascendencia africana, es educadora, escritora y una importante voz de la Teología Negra en Abya Yala. Realizó estudios teológicos en el Seminario Teológico Centroamericano de Guatemala y obtuvo un Doctorado en Ministerio en el Seminario Teológico de Dallas.

Es profesora de Historia y Teología en SETECA, institución donde actualmente es vicepresidenta. Además, es fundadora de Trasciende, un ministerio enfocado en la formación teológica y educativa de mujeres. Su trabajo aborda temas de identidad, dignidad, justicia y fe desde la experiencia de las mujeres afrodescendiente.

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17. Elsa Tamez (México)

Elsa Tamez es una reconocida teóloga mexicana especializada en estudios bíblicos y teología de la liberación. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Lausana, Suiza, y ha desarrollado una extensa trayectoria académica enfocada en la interpretación bíblica contextual y feminista.

Como profesora emérita de la Universidad Bíblica Latinoamericana en San José, Costa Rica, ha acompañado la formación de generaciones de estudiantes comprometidos con la justicia y la dignidad humana.

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18. María Pilar Aquino (México)

María Pilar es teóloga feminista católica mexicano-estadounidense y profesora emérita de Teología y Estudios Religiosos en la Universidad de San Diego. Estudió en el Instituto Teológico de Estudios Superiores de la Ciudad de México y obtuvo su doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca, España.

Su trabajo se centra en la teología de la liberación, la ética social y la dignidad humana desde una perspectiva feminista y de género. Es cofundadora y primera presidenta de la Academia de Teólogos Católicos Hispanos de los Estados Unidos.

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19. Marilú Rojas Salazar (México)

Marilú es teóloga católica mexicana reconocida por su activismo feminista y sus investigaciones en estudios de género. Su reflexión teológica promueve reformas dentro de la Iglesia católica para reconocer plenamente la participación y liderazgo de las mujeres.

Es religiosa misionera de Santa Teresa de Lisieux y posee una maestría y un doctorado en Teología Sistemática por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Actualmente es profesora de teología en la Universidad Iberoamericana Puebla y en el Instituto Interreligioso de México.

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20. Elizabeth Conde-Frazier (Estados Unidos)

Elizabeth es pastora bautista ordenada y teóloga práctica con una amplia trayectoria en educación teológica y liderazgo académico. Se desempeñó como profesora titular en la Escuela de Teología Claremont y como decana académica y vicepresidenta de educación en Esperanza College of Eastern University.

Su trabajo se enfoca en la educación teológica y liderazgo de las mujeres en la iglesia de los Estados Unidos, las comunidades evangélicas migrantes y las experiencias teológicas surgidas desde las márgenes.

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Las teólogas de Abya Yala continúan sembrando pensamiento, espiritualidad y esperanza desde múltiples territorios. Conocerlas es también reconocer que la teología no se construye solo desde los centros académicos, sino también desde las comunidades, en las luchas cotidianas y en la sabiduría de quienes han sido históricamente silenciadas. Que esta lista sea una puerta de entrada para seguir conociendo, escuchando y acompañando el trabajo de muchas más teólogas que siguen transformando la teología desde Abya Yala.

Que esta primera lista sea una puerta de entrada para seguir conociendo, escuchando y acompañando el trabajo de muchas más teólogas que continúan transformando la teología desde Abya Yala.

Visita nuestro canal de YouTube,  donde puedes escuchar a más de 40 teólogas.

Yenny Delgado
Teóloga y psicóloga peruana. Tiene una licenciatura en teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana en Costa Rica, una maestría en Teología Pública por el seminario teológico Wesley en los Estados Unidos. Es candidata doctoral en Ciencias Sociales de la Religión en la universidad de Lausana, Suiza. Durante más de una década, ha trabajado con comunidades de fe, movimientos sociales y gobiernos locales para promover una educación descolonial. Es parte del Comité Asesor de Políticas Sociales de la Iglesia Presbiteriana. También forma parte del Comité Directivo del estatus de las Mujeres y Género de la Academia Americana de la Religión. Yenny es directora de Publica Theology, fundadora de la Red de Teología Política y Espiritualidades y convocante de Mujeres haciendo teología en Abya Yala, una comunidad ecuménica, feminista e intergeneracional.

Entre el Discurso y el Detonante

La Hipocresía de los Estados Unidos frente al asesinato de las niñas en Irán

Por Alhana Sofía Ortiz Díaz

Imagina que es un día de semana en donde llevas a tu hija a la escuela, pero horas después, recibes la noticia que fueron asesinados. Una parte de ti por quién tú darías la vida se han marchado. Esta es la historia de muchas de las madres desconsoladas por causa del bombardeo del 28 de febrero de este año realizado por Estados Unidos a una escuela de niñas en Irán. Ahora, ¿quiénes podrán sanar la herida de todas las madres y padres iranís? ¿Quién podrá unir los pedazos de esos corazones rotos esparcidos por el suelo en la escuela de niñas Shajareh Tayyebel Girl School?

Siendo Estados Unidos un país que aparenta una lucha constante por los derechos de las mujeres y que ha destinado miles de millones de dólares a programas de igualdad de género, considero que también debería actuar de manera coherente con los valores que promueve internacionalmente. Por esta razón, me resulta contradictorio e hipócrita que una nación que afirma defender la dignidad y seguridad de las mujeres termine relacionada con acciones militares que afectan directamente a niñas, madres y familias inocentes. Para mí, la protección de la vida humana debería estar por encima de cualquier interés político, económico o militar.

En un país como Irán, donde todavía existen desafíos relacionados con la libertad y los derechos de las mujeres, cualquier conflicto político representa una brecha aún más grande y un riesgo potencial para aquellas mujeres que ya viven bajo condiciones de opresión y vulnerabilidad. El gobierno Iraní ha dejado claro en múltiples ocasiones que los derechos y libertades de las mujeres muchas veces quedan subordinados a intereses políticos y sociales. Un ejemplo de ello fue el caso de Mahsa Amini, una joven Kurda- iraní de 22 años que fue detenida en septiembre del 2022 por no utilizar “correctamente” (según los medios de comunicación), el hiyab. 

Su muerte provocó protestas dentro y fuera del país y evidenció el dolor y la frustración de muchas mujeres iraníes. Aunque miles levantaron su voz en apoyo a ella, la respuesta del gobierno estuvo marcada por la represión y el control. Personalmente, considero que casos como este reflejan la realidad de muchas mujeres que viven sin poder expresarse libremente y bajo el temor constante de ser castigadas por desafiar las normas impuestas.

Precisamente por conocer esta realidad desde Puerto Rico, pienso que las potencias mundiales deberían actuar con aún más responsabilidad cuando intervienen en conflictos relacionados con países donde las mujeres y los civiles ya viven en situaciones vulnerables. Si Estados Unidos realmente desea proyectarse como una nación defensora de los derechos humanos, entonces sus acciones deben reflejar esos valores de manera consistente. No creo que la justicia pueda construirse mediante ataques que terminan afectando escuelas, familias y menores de edad. Más bien, considero que cuando se pierde la vida de civiles inocentes, especialmente niñas, es válido cuestionar si verdaderamente se está actuando bajo principios de justicia o simplemente bajo la maldad de intereses estratégicos y militares.

Como joven que veo el panorama a nivel global, puedo escribir que nada podrá devolver a la vida a esas niñas y maestra, que estando en la escuela, fueron asesinadas por un misil estadounidense. Nadie podrá aliviar completamente el dolor de las familias que perdieron a sus hijas y hermanas. Por eso, no quiero que las muertes de aquellas niñas se conviertan simplemente en otro evento histórico más que eventualmente sea olvidado. Lo sucedido debe ser un recordatorio de que detrás de cada conflicto existen vidas humanas reales que merecen ser protegidas y valoradas.

Desde una perspectiva de teología política, considero importante reflexionar sobre la relación entre la fe, la moral y las decisiones políticas. En mi opinión, las acciones de un gobierno no deberían evaluarse únicamente desde el poder militar o los intereses económicos, sino también desde la ética y la responsabilidad humana. Para mí, la verdadera justicia no significa venganza ni superioridad política; significa proteger la dignidad humana y defender a quienes no pueden defenderse por sí mismos. Desde mi perspectiva, muchas de estas decisiones reflejan que para algunos gobiernos el poder político parece tener más importancia que los principios de justicia y humanidad que afirman defender. 

Asimismo, los principios bíblicos fortalecen aún más lo dicho anteriormente. En Isaías 10:1-2 se declara: “¡Ay de los que dictan leyes injustas… para apartar del juicio a los pobres y quitar el derecho a los afligidos!”. De igual manera, Proverbios 31:8-9 dice: “Abre tu boca por el mudo… Juzga con justicia y defiende la causa del pobre y del necesitado”. Estos versículos me hacen reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de alzar la voz cuando ocurren injusticias, especialmente contra quienes no tienen poder para defenderse. Desde mi perspectiva cristiana, Dios llama tanto a las personas como a las naciones a actuar con compasión, responsabilidad y justicia verdadera.

Al final, este acontecimiento me lleva a cuestionar si realmente estamos haciendo lo suficiente para evitar que tragedias como esta continúen ocurriendo. También me hace pensar en cómo muchas veces el poder político y militar termina teniendo más valor que la vida humana. Cuando la vida y la muerte están en el poder de una sola palabra; no podemos ser ignorantes de los acontecimientos hechos y la vulnerabilidad de nuestra sociedad.

Creo que ninguna democracia puede llamarse verdaderamente justa si las decisiones tomadas ignoran el sufrimiento de civiles inocentes. Por ello, considero necesario que la comunidad internacional exija mayor responsabilidad ética en los conflictos armados y que nunca se normalice la muerte de mujeres, niñas y familias enteras como simples consecuencias de la guerra. Que Estados Unidos deje la hipocresía y comience a aplicar lo que promueve. Solo cuando la justicia se base verdaderamente en la dignidad humana y no en intereses de poder.

Cuando las cisternas ya no sacian

Por Amós Joel Pagán Ríos

Tal vez la desconfianza de las nuevas generaciones no sea el origen del problema, sino el espejo donde se reflejan las promesas incumplidas de quienes administraron el mundo antes que ellas. Por eso, afirmar que “la juventud ya no cree en nada” puede convertirse en una frase injusta si no se escucha primero el cansancio que la sostiene. Esa pérdida de confianza no siempre aparece como una postura filosófica elaborada. A veces se expresa en frases cotidianas como:“nada va a cambiar”, “no confío en nadie”, “la iglesia dice una cosa y hace otra”, “estudiar no garantiza futuro”. En ellas hay más que apatía, hay una memoria de decepción.

El nihilismo, en este contexto, no debe entenderse únicamente como una teoría filosófica que niega todo sentido. En la vida diaria puede manifestarse como cansancio ante las promesas rotas. La sensación de que nada cambia, que ninguna institución merece confianza y que esperar demasiado solo aumenta la agotamiento. No siempre nace de una falta de profundidad espiritual. Muchas veces surge cuando una generación recibe un escenario donde demasiadas voces usaron palabras nobles para sostener prácticas contradictorias. Se ha hablado de verdad, justicia, democracia, familia y espiritualidad; pero esas palabras han llegado acompañadas de abuso de poder, exclusión, silencio y frustración.

La cultura occidental moderna, especialmente en sus formas políticas, económicas y religiosas, atraviesa una fractura profunda en su manera de ejercer poder. No se trata solo de que las generaciones emergentes sean rebeldes. Se trata de que quienes han ocupado lugares de influencia no siempre han ejercido su responsabilidad con integridad. La política promete bienestar, pero muchas veces administra con desilusión. La economía habla de progreso, pero produce precariedad. La educación promete movilidad social, aunque no siempre puede garantizar un futuro digno. Incluso sectores religiosos, que llamados a custodiar la esperanza, en ocasiones se acomoda demasiado al poder y protegen estructuras injustas.

La imagen bíblica de Jeremías 2 ayuda a nombrar esta sed sin forzar el texto. El profeta denuncia que el pueblo abandonó la fuente de agua viva y cavó depósitos agrietados que no podían retener el agua. Jeremías se dirige a Judá, en un contexto histórico, político y religioso muy distinto al nuestro. Sin embargo, la imagen permite pensar que puede haber seres humanos capaces de sustituir aquello que da vida por estructuras incapaces de sostenerla.

La denuncia profética no se limita a señalar fallas individuales. El pasaje tiene el tono de una confrontación pública donde se llama al pueblo a mirar su propia historia. La memoria, en ese sentido, es clave. Hubo camino, liberación, tierra fértil y posibilidad de vida; pero también hubo olvido y desorientación. La crisis no aparece solamente en la conducta colectiva, sino también en sus liderazgos. Quienes debían orientar, discernir y cuidar la vida común dejaron de preguntar por Dios. Las personas que tenían responsabilidad espiritual y pública terminaron persiguiendo lo que no produce fruto. Por ello, el problema no es solo la sed, sino la mala administración de las fuentes.

En nuestra epoca también se han construido depósitos agrietados. El consumo, el éxito desenfrenado y la imagen distorsionada de la realidad se han presentado como fuentes de sentudo, aunque no logran sostener la vida. Muchas veces nacieron dentro de ellas. Por eso, antes de acusarlas por su sed, habría que preguntarnos quiénes les ofrecieron agua dañada. Esto no significa idealizar a las nuevas generaciones ni suponer que toda distancia es automáticamente justa. Significa que la crítica debe comenzar escuchando las condiciones históricas que hicieron creíble esa distancia, incluso de Dios. 

El japonés Kazoh Kitamori, en su libro Teología del dolor de Dios, ayuda a pensar a Dios no como una idea distante, sino como el Dios cuyo amor se mete en la herida humana. Desde esa intuición, la reflexión cristiana no puede hablar de esperanza sin mirar de frente la vida golpeada. Tiene que escuchar el clamor histórico y preguntarse cómo hablar de Dios allí donde muchas personas sienten que ya no queda agua. Esta perspectiva resulta fundamental para dialogar con una generación marcada por la sospecha. Si la iglesia responde al vacío contemporáneo únicamente con imposición, repetirá parte del problema. La crisis actual no se sana con nostalgia autoritaria. 

La pregunta no puede ser simplemente ¿cómo hacemos para que la juventud vuelva a creer?, sino ¿qué rostro de Dios hemos mostrado? Si Dios ha sido presentado como un vigilante moral, como lenguaje religioso de una autoridad sin compasión o como símbolo de una institución incapaz de pedir perdón, entonces parte de la incredulidad de la juventud debe ser escuchada como protesta ética. Quizás el desafío no sea convencer a las nuevas generaciones de que vuelvan a confiar en las viejas autoridades, sino mostrarles una forma distinta de hacerlo. Una autoridad que no se imponga desde arriba, sino que se reconozca desde el acompañamiento fiel. Que no siga cavando cisternas incapaces de saciar, sino que aprenda a señalar, con su propia vida, la fuente donde un mundo cansado todavía puede encontrar agua.

Amós Joel Pagán Ríos es pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, estudiante de Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico, y tanatólogo certificado. Reside en Bayamón, Puerto Rico.

La dignidad que se defiende 

Dejamos de llamar “rebeldía” a la dignidad y “obediencia” al abuso

Por Sarinette Caraballo Pacheco 

Hay textos bíblicos que no solo interpretamos; también nos interpretan a nosotras y a nosotros. Son textos que nos colocan frente a nuestras propias prácticas y nos obligan a preguntar qué hemos permitido, qué hemos normalizado y qué hemos llamado “obediencia”, “tradición” o “voluntad de Dios”, cuando en realidad muchas veces ha sido patriarcado, abuso de poder, interpretaciones faltas de hermenéutica y/o miedo religioso presentado como moral.

Uno de esos textos es Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Esta afirmación no debe leerse como una frase decorativa para repetir en espacios religiosos. Es una declaración profundamente espiritual, comunitaria y social. No elimina las diferencias entre las personas, pero sí niega que las diferencias puedan usarse para establecer jerarquías de valor. En otras palabras, en Cristo no podemos decidir que una persona vale menos por su género, su origen, su clase social, su historia o su lugar dentro de la sociedad.

Desde esta perspectiva, la dignidad humana no se reparte por género. Tampoco se administra desde un gobierno, un tribunal, una iglesia o un partido político. La dignidad viene de Dios. Por eso, cuando una sociedad crea leyes, discursos o estructuras que reducen la vida de las mujeres a obediencia, silencio, sacrificio o control, no está defendiendo el Evangelio. Está alejándose del corazón de Jesús.

Al 2026 todavía necesitamos decir esto con claridad: las mujeres seguimos luchando por igualdad de derechos y por un trato digno. No se trata de una lucha por “imponernos”, como a veces se dice para deslegitimar los reclamos de justicia. Se trata de reconocer que todavía vivimos en sociedades donde el cuerpo de la mujer se legisla, su voz es sospechosa, su dolor es minimizado y su vida muchas veces se protege tarde, mal o nunca.

Habiendo sido víctima de violencia doméstica, hace muchos años, el tema me toca de cerca. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe informó que, en 2023, al menos 3,897 mujeres fueron víctimas de femicidio, o feminicidio, en 27 países y territorios de América Latina y el Caribe. Esa cifra representa, como mínimo, once muertes violentas de mujeres por razón de género cada día en la región (CEPAL, 2024). Este dato nos recuerda que la violencia contra las mujeres no es un asunto privado ni aislado. Es una emergencia social, política y también espiritual. Si una mujer no puede vivir sin miedo, no podemos hablar de justicia como si todo estuviera bien. Cuando una mujer tiene que calcular cómo camina, cómo se viste, a qué hora sale, qué denuncia y qué calla para sobrevivir, entonces todavía tenemos una deuda inmensa con el Evangelio que decimos creer.

En Puerto Rico, además, hemos visto debates y medidas legales recientes que han sido celebradas por algunos sectores como defensa de la vida, pero criticadas por organizaciones de derechos civiles, médicos y profesionales legales por sus posibles consecuencias sobre la autonomía, la salud y la dignidad de las mujeres y personas gestantes. En diciembre de 2025, se firmó el Proyecto del Senado 504, que reconoció el estatus legal del “no nacido”, a pesar de advertencias de profesionales de la salud sobre riesgos para la vida y autonomía de las personas embarazadas (Amnesty International, 2026). Además, en febrero de 2026, la gobernadora de Puerto Rico firmó otra medida que enmendó el Código Penal para reconocer al feto como ser humano; médicos y expertos legales advirtieron que la medida podía crear confusión, afectar decisiones clínicas y abrir espacio a consecuencias legales ambiguas (Associated Press, 2026).

  • ¿Qué decisión deberá tomar un esposo cuando tu esposa llegue embarazada, y con complicaciones al hospital, y deba escoger entre la vida de mamá o la del bebé no nacido? ¿Lo acusarán de asesinato si escoge salvar a mamá? 
  • ¿Qué pasará cuando una mujer embarazada llegue a un hospital con un sangrado y haya abortado naturalmente? ¿Pondrán en duda su historia de los hechos? ¿La podrán acusar de haber matado a su propio hijo no nacido?
  • Una niña de diez años, violada por su padre o hermano mayor ¿tiene, obligatoriamente, que dar a luz a su propio hermano/hijo porque si no la acusan de asesinato?

Aquí necesitamos tener mucho cuidado. Cuando el Estado dice proteger “la vida”, pero no garantiza salud, vivienda, seguridad, justicia rápida, educación, servicios adecuados para víctimas de violencia, protección real contra la violencia doméstica y acompañamiento económico para madres, tenemos derecho a preguntar qué vida se está protegiendo y cuál se está dejando sola. La defensa de la vida no puede reducirse al control del cuerpo de las mujeres. Si la defensa es verdaderamente cristiana, debe incluir justicia, cuidado, pan, techo, salud, protección y dignidad desde que nace hasta que muere cualquier ser humano; esto incluye la vida de mamás gestantes.

Jesús habló con la mujer samaritana cuando la cultura decía que no debía hacerlo. No solo le habló: la tomó en serio. No esperó a que los líderes religiosos aprobaran su dignidad, no le pidió que resolviera primero su reputación para entonces merecer la revelación; la encontró en su sed y le ofreció agua viva.

Jesús también defendió a la mujer acusada de adulterio cuando un grupo de hombres quiso usar la ley para convertirla en espectáculo público de castigo. En ese relato, el hombre implicado en adulterio no aparece. Aparecen los acusadores y sus manos llenas de piedras. Aparece una moral selectiva que cae con todo su peso sobre el cuerpo de una mujer. Pero Jesús se inclina, escribe en tierra y detiene la violencia religiosa con una frase que todavía debe confrontarnos: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Jesús no usó la ley para humillar a una mujer, la usó para revelar la hipocresía de quienes querían castigarla.

Ese gesto de Jesús tiene implicaciones para nosotras y nosotros hoy:

  • Cada vez que un gobierno crea leyes que afectan directamente a las mujeres sin escuchar seriamente a las mujeres que serán afectadas, algo se daña.
  • Cada vez que se discute el cuerpo de la mujer sin la voz de la mujer, nos acercamos más a los acusadores con piedras que al Cristo que se inclinó en tierra.
  • Cada vez que se legisla desde el castigo, la sospecha o el control, y no desde la justicia, la salud, la misericordia y el bien común, nos alejamos del Jesús de los evangelios.

La mujer no es un recurso del patriarcado. No somos vientres para legislar, cuerpos para controlar, manos para servir sin decidir, voces para cantar, pero no para interpretar, ni presencia para llenar espacios mientras otros ocupan las mesas de poder.

La dignidad de la mujer no puede separarse de las condiciones concretas en las que vive: pobreza, violencia, maternidad, trabajo, salud, raza, migración, colonialismo y desigualdad. 

Entonces la iglesia no puede predicar igualdad espiritual mientras practica desigualdad social. No podemos decir “hermana” (que significa nacidos del mismo vientre; iguales) en el servicio de domingo y luego tratar a la mujer como menor de edad moral en la política, en la casa, en el trabajo o en la iglesia.

Entonces, si Cristo confió en las mujeres para anunciar vida, ¿quiénes somos nosotras y nosotros para legislar, predicar o gobernar como si la vida de las mujeres pudiera reducirse a obediencia, silencio o sacrificio?

Podemos construir comunidades más justas y formar iglesias más fieles cuando dejamos de llamar “rebeldía” a la dignidad y “obediencia” al abuso. Podemos exigir gobiernos más humanos cuando entendemos que la fe no se mide por cuántas restricciones se imponen sobre las mujeres, sino por cuánta justicia, protección, educación, salud, pan, techo y dignidad somos capaces de garantizar.

Sarinette Caraballo Pacheco Es escritora y conferenciante puertorriqueña.. Estudió Investigación con concentración en Justicia Criminal y Teología con concentración en Psicoterapia de Familia en el Seminario Internacional Ministerial de México. Es cofundadora de Unrecognized Church y Unrecognized Women, y fundadora de Pleníntesis. Su escritura nace del amor por la justicia, la poesía, la dignidad humana y una fe que camina hacia la plenitud con los demás.

Haciendo teología política desde Abya Yala

Hoy damos inicio al curso de Formación Popular en Teología Política y Espiritualidades, una iniciativa impulsada por la Red de Teología Política y Espiritualidades desde Abya Yala. Durante las próximas ocho semanas compartiremos un espacio de reflexión crítica, diálogo, espiritualidad y construcción colectiva de saberes desde las luchas, memorias y esperanzas de nuestros pueblos.

Nos alegra profundamente encontrarnos en este proceso comunitario de aprendizaje, donde convergen distintas experiencias académicas, territoriales, pastorales y populares comprometidas con la justicia social, la dignidad humana y la defensa de la vida.

Este curso nace del deseo de fortalecer una teología situada en los territorios, en diálogo con las espiritualidades liberadoras, las resistencias comunitarias y las voces históricamente marginadas por las estructuras coloniales, patriarcales y extractivistas.

Equipo de facilitadoras y facilitadores

La Red de Teología Política y Espiritualidades presenta al equipo de facilitadoras y facilitadores que acompañarán este proceso formativo:

Sofía Chipana

Teóloga boliviana, licenciada por la Universidad Bíblica Latinoamericana. Cuenta con una maestría en temas socio-religiosos, género y diversidades. Es referente de la teología andina e integrante de la comunidad de sabias y teólogas indígenas de Abya Yala.

Fray Julián Cruzalta

Teólogo mexicano, especialista en Teología Moral y Ecofeminista. Miembro de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos en la UNAM y cofundador de Católicas por el Derecho a Decidir.

Claudio Ramírez

Teólogo argentino y doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Jujuy. Profesor de Teología y Doctrina Social en la Universidad Católica de Salta y miembro fundador de la comunidad intercultural Ñawi.

Eliezer Burgos

Teólogo puertorriqueño, doctorando en Teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, pastor y escritor. Trabaja temas de ética, eclesiología y justicia social.

Ameyali Martínez

Pedagoga mexicana y responsable del área de articulación académica e investigación en el Centro Latinoamericano de Formación Teológica y Bíblica a Distancia. Promueve la educación liberadora y comunitaria.

Diego Ramos

Educador y politólogo argentino, militante político y educador popular. Profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas, presidente del Partido Nacional República Modelo y director del Centro de Educación Popular Antonio Gramsci.

Katya Colmenares

Filósofa mexicana, especialista en filosofía de la liberación y doctora en Humanidades con enfoque en filosofía política por la Universidad Autónoma Metropolitana.

Yenny Delgado

Teóloga y psicóloga peruana, doctoranda en Ciencias Sociales de la Religión en la Universidad de Lausana. Convocante de Mujeres Haciendo Teología en Abya Yala, directora de PUBLICA y una de las principales impulsoras de la Teología Abya Yala.

Una teología desde Abya Yala

Cada una y cada uno aportará desde su experiencia, trayectoria y compromiso comunitario para enriquecer este proceso formativo, promoviendo espacios de intercambio, reflexión crítica y aprendizaje colectivo.

El nombre Abya Yala proviene de la lengua Guna y significa “tierra en plena madurez” o “tierra de sangre vital”. Su uso representa simbólicamente la conectividad de nuestros pueblos y territorios, así como la decisión política y espiritual de dejar atrás denominaciones coloniales como América Latina, Hispanoamérica o Las Américas, nombres que históricamente han fragmentado y subordinado las identidades de nuestra madre tierra.

Para seguir conociendo más lea teología Abya Yala

Una relectura desde el Areópago

Por Amós Joel Pagán Ríos

Puerto Rico no parece estar ante la desaparición de la fe, sino ante una transformación profunda de sus formas de expresión. La reseña publicada por El Nuevo Día sobre el estudio de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico plantea un dato que la iglesia no debería mirar con ligereza: existe una alta identidad religiosa entre las personas puertorriqueñas, pero una menor participación en prácticas institucionales formales. El reportaje señala que la investigación estima un alto porcentaje de identificación cristiana y, al mismo tiempo, una brecha creciente entre afiliación religiosa y práctica institucional. También recoge el llamado de los investigadores a que las instituciones eclesiales reconecten con la realidad social y reconozcan expresiones de espiritualidad más allá de sus estructuras tradicionales. 

Ese dato no debe convertirse en una excusa para la nostalgia ni en un argumento para la condena. La pregunta no puede ser únicamente por qué la gente no está llegando al templo. Tal vez la pregunta más honesta sea otra: ¿qué ha ocurrido para que tantas personas conserven una identidad religiosa, una sensibilidad espiritual, pero ya no encuentren en la institución eclesial un lugar para vivirla? No se trata de asumir que toda distancia o permanencia institucional sea madurez espiritual. El asunto es más complejo y  precisamente por eso merece una lectura pastoral, teológica y autocrítica.

Hechos 17 ofrece una escena para pensar este desafío, siempre que evitemos leerla de manera anacrónica. Atenas no es Puerto Rico. El Areópago no es una plaza pública caribeña, ni Pablo es un conferenciante moderno diseñando estrategias de relevancia cultural. El texto nace en el contexto de una ciudad antigua atravesada por símbolos religiosos, tradiciones filosóficas, tensiones culturales y estructuras imperiales. Sin embargo, el pasaje nos permite contemplar una postura que sigue siendo significativa. Pablo no comienza hablando desde el desprecio ni la indiferencia, sino desde la observación.

Según el relato, Pablo se inquieta al ver la ciudad llena de ídolos. Pero esa inquietud no lo lleva a insultar a quienes tiene de frente. Dialoga en la sinagoga, conversa en la plaza y, cuando llega al Areópago, parte del indicador de un altar dedicado “al Dios no conocido”. Pablo no convierte esa observación en burla, sino que la convierte en punto de contacto. Su palabra no nace de la comodidad de quien habla solo para los suyos, sino del riesgo de quien escucha una ciudad antes de anunciarle algo. Su discurso no parece abandonar el corazón del evangelio, pero tampoco lo presenta en un lenguaje desconectado de las búsquedas de quienes le escuchan.

Ahí hay una lección importante para la iglesia en Puerto Rico. Muchas personas no han dejado de buscar a Dios. Algunas oran en silencio, piden bendición, agradecen la vida, encienden una vela, lloran a sus muertos, comparten frases bíblicas, se aferran a una promesa o buscan consuelo en medio de la precariedad. Pero no necesariamente encuentran en la iglesia institucional un espacio donde esa búsqueda pueda madurar con libertad, profundidad y acompañamiento. En algunos casos, la distancia nace del cansancio, heridas o de la percepción de que la iglesia habla mucho de Dios, pero escucha poco la vida real.

La iglesia debe resistir la tentación de responder con expresiones livianas. No basta decir que “la gente se ha enfriado” o que “ya no hay compromiso como antes”. Ese tipo de lecturas puede tranquilizar a quienes siguen dentro, pero no necesariamente revela la verdad completa. También habría que preguntar si nuestras comunidades han confundido tradición con inmovilidad, doctrina con rigidez, santidad con aislamiento, evangelización con insistencia o fidelidad con repetición de formas heredadas. Una institución puede preservar lenguaje religioso y aun así perder capacidad de encuentro en comunidad. 

Lo relevante de la iglesia no consiste en perseguir cada novedad cultural para no sentirse atrasada. No se trata de popularidad, hacer ruido o entretener. Es preguntarse cómo el evangelio se encarna hoy en un país marcado por la ansiedad económica, la migración, el envejecimiento poblacional, la violencia, el deterioro de la confianza pública, la fragmentación familiar y la búsqueda de sentido fuera de las instituciones tradicionales. Una iglesia que no sabe nombrar esas realidades difícilmente podrá acompañarlas. 

En el discurso de Pablo hay una afirmación teológica que incomoda a toda institución religiosa: Dios no habita en templos hechos por manos humanas ni depende de nuestras estructuras para dar vida. Esto no destruye la necesidad de la comunidad de fe, pero sí la libera de la tentación de poseer a Dios. La iglesia no existe para controlar lo sagrado, sino para testimoniar al Dios que da vida, aliento y esperanza. Cuando una institución olvida esto, comienza a defender su lugar social con más fuerza que su vocación de anunciar la buena noticia. 

Puerto Rico también tiene sus areópagos. No son de piedra antigua ni están llenos de filosofía griega, pero existen en las calles, en los hospitales, los hogares, las escuelas, en los espacios digitales y en la vida cotidiana de quienes siguen buscando a Dios. Allí, entre altares visibles e invisibles, la iglesia está llamada a mirar antes de hablar, escuchar antes de responder y discernir antes de juzgar. La pregunta no es solamente si Puerto Rico todavía cree. La pregunta es si la iglesia estará dispuesta a subir de nuevo al Areópago. No como quien va a conquistar una plaza, sino como quien se acerca a una ciudad herida para testimoniar al Dios que da esperanza;

Amós Joel Pagán Ríos es pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, estudiante de Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico, y tanatólogo certificado. Reside en Bayamón, Puerto Rico. Correo electrónico: amospagan12@gmail.com

Voces Jóvenes: Nuevas miradas en la teología Pública

Nos complace presentar Voces Jóvenes, una nueva sección dentro de nuestra página Pública Theology, creada como un espacio de expresión, reflexión y diálogo para las nuevas generaciones.

Este proyecto se desarrolla en colaboración con Frederick Xavier Rodríguez-Castro profesor y teólogo puertorriqueño, junto a un grupo de 9 estudiantes mujeres del curso Sociología para la Vida, quienes han sido seleccionadas por su interés y compromiso con la escritura crítica y la participación social para inaugurar esta nueva columna Voces Jóvenes. A través de esta iniciativa, las estudiantes tendrán la oportunidad de redactar, crear y publicar sus propias reflexiones sobre temas relevantes en la sociedad actual.

La propuesta responde a la expectativa esencial que promueve la redacción y publicación en plataformas digitales para analizar las ventajas de integrar la tecnología en los procesos de investigación, análisis y evaluación sociopolítica. Asimismo, fortalece la competencia de comunicar ideas de manera efectiva a través de redes sociales, fomentando una participación activa y responsable en el entorno digital.

Publica Theology da la bienvenida a estas nueve estudiantes, reconociéndolas como el presente y el futuro de mujeres líderes, capaces de aportar ideas, cuestionar realidades y generar cambios desde la palabra escrita.

Al mismo tiempo, abrimos este espacio a otros jóvenes que deseen compartir sus reflexiones, contribuyendo a la construcción de una comunidad más consciente, crítica y participativa.

Para más información pueden escribir a ydelgado@publicatheology.org

Llevaron cadenas, pero trazaron rutas

Por Alondra Ortiz Ortiz 

Como joven puertorriqueña siempre he escuchado de mujeres del pasado que marcaron nuestra historia. Por sus acciones las veían como revolucionarias; hoy en cambio las reconocemos como líderes y profundo agradecimiento. Una de ellas fue, Luisa Capetillo mujer negra puertorriqueña, escritora, feminista y líder laboral. Primera mujer puertorriqueña en ponerse pantalón en la isla vecina Cuba (1915) y desafió las normas de género. Luego, de ese evento revolucionario fue encarcelada por “causar un escándalo”. Fue encarcelada su valentía de querer una igualdad que hiciera que estuviera cómoda. Incluso, según los medios, la acusaron de escandalizar con su “excéntrico capricho”. Ser mujer y buscar lo que nos hace feliz no es un capricho, es un deber.

            Otra mujer que sufrió al buscar igualdad y comodidad fue Juana Agripina. Es un excelente referente cuando pensamos en nuestros ancestros cimarrones. Al año de nacer en el pueblo de San Germán fue vendida, prestada y esclavizada. Ella realizó varios intentos por su libertad, no obstante, ella sabía que sin carta de libertad no se reconocería como libre. Es muy lamentable que por un papel se defina tu estatus, religión, comportamiento o vestimenta. Aunque en occidente disfrutamos de cierta libertad y equidad, todavía en algunos trabajos se les paga menos a las mujeres, las menosprecian en canciones de salsa, reggaetón o trap y continúa el estereotipo de que solo están hechas para tareas domésticas y no para trabajar y ser grandes como gobernadores, autores, pilotas, incluso mecánicas automotriz, entre otras gerencias y puestos de liderazgo.

Algunas jóvenes que se están levantando no tienen cadenas en manos y pies, pero si, un cerebro donde el patriarcado lideró en sus casas, escuelas u otras instituciones y que siempre se desprecian o se minorizan así mismas; porque vieron y escucharon desde pequeñas que las mujeres no pueden aspirar a más. En ocasiones no fue un mensaje directo, pero al no destacar mujeres en libros escolares, no crear esa imagen sobre mujeres con grandes aportaciones; en consecuencia, se produce una mente femenina arropada por el patriarcado.

Así como Luisa Capetillo y Juana Agripina se levantaron y desafiaron los límites, así deben continuar las mujeres que van creciendo. Desafiar los límites por un mundo mejor, donde las chicas no tengan miedo a ser inteligentes, donde todas puedan practicar su fe libremente sin ser juzgadas ni señaladas. Que puedan participar de una teologíaia pública a través de un lente de fe, que puede conversar sobre sus problemas sociales, culturales y políticos, par aun mundo justo.  Una mujer muy conocida por ser esclava, pero que sobrepasó los límites fue Harriet Tubman, la valentía arropó su mente y corazón y salió de Maryland a Filadelfia donde encontró su libertad. Se convirtió en abolicionista y luchó incansablemente por el sufragio de la mujer. La conocían como “Moisés” porque creó un ferrocarril subterráneo donde liberó a más de 300 personas y cuando estuvo en la Guerra Civil se convirtió en la primera mujer liderando un asalto armado donde liberaron a más de 700 personas. 

Así como Tubman reconoció que la libertad no era solo para ella y la compartió. Nosotros debemos ser puentes que conecten a otros a su alegría, paz, descanso mental, alimento físico y espiritual. En la Biblia se presenta una mujer llamada Dorcas  quien fue una discípula en Jope, conocida por su servicio abnegado, haciendo ropa para viudas y pobres. Al servir a los marginados reflejaba el carácter de Jesús ganando el cariño de la comunidad y conectándolos con la fe. Una conexión que se da a través del amor y el servicio. Cuando hacemos el trabajo sin amor nos convertimos en esclavos, pero cuando servimos de corazón nuestra alegría no viene por lo que recibimos, sino por lo que damos.

La vida se trata de tomar decisiones constantemente, sin embargo, uno no elige su color de piel, la forma de cabello, y el sexo con el que se nace. No debemos ser juzgados ni criticadas por eso, en estos tiempos todavía es un problema el ser mujer.

Debemos de recordar el dicho de las mujeres originaria “Por más que nos quieran enterrar somos semillas que vamos a florecer”. Nadie debe dictar quién debemos ser, aunque existan tiranos, dictadores o religiones que se apoderen de la voluntad de las mujeres, todas portan una esencia inigualable que ninguna tela podrá cubrir y podemos seguir renaciendo. La poeta puertorriqueña Julia de Burgos decía: “A mí me pinta el sol y me riza el viento”. Deseo que cada mujer pueda brillar y cada rayo de luz sea un recordatorio de su valor. Además, que cada viento que repose en su rostro las haga sentir libres de moverse a su felicidad. Oro para que cada mujer se sienta confiada en quién es y sus raíces estén bien cimentadas para que puedan dar fruto a través del servicio a otros y para que nadie las haga dudar de lo resilientes que pueden llegar a ser.

Hoy nos toca continuar siendo el eco de Luisa Capetillo, la resistencia de Juana Agripina, la valentía de Harriet Tubman y la voz libre de Julia de Burgos. Somos descendientes de mujeres que no pidieron permiso para existir, sino que accionaron para ser.

Si la historia de la humanidad está incompleta a causa de la mujer, entonces aún queda mucha historia por contar. Cada vez que una mujer se levanta y piensa por sí misma rompen las cadenas que durante tantos años intentaron definirla. Aún hay derechos que conseguir, países por presidir, espacios por liderar y mujeres por liberar. Agradezco a las mujeres que aunque llevando cadenas trazaron nuevas rutas para la libertad.

Teólogas en el cristianismo global

Como teóloga que ha estudiado en varios países y continentes, siempre me ha interesado conocer y compartir el trabajo de las mujeres en el quehacer teológico. Con el tiempo, he descubierto una amplia diversidad de voces que a menudo son invisibilizadas, pero que tienen un gran impacto en el pensamiento teológico en todo el mundo. Las mujeres teólogas están interpretando la fe en sus propios contextos, cuestionando estructuras patriarcales, probando nuevos enfoques y encontrando nuevas formas para que la teología responda a las preguntas mas vitales de la vida de las mujeres desde aspectos y contextos locales, continentales y globales. 

Como teóloga que ha estudiado en varios países y continentes, siempre me ha interesado conocer y compartir el trabajo de las mujeres en el quehacer teológico. Con el tiempo, he descubierto una amplia diversidad de voces que a menudo son invisibilizadas, pero que tienen un gran impacto en el pensamiento teológico en todo el mundo. Las mujeres teólogas están interpretando la fe en sus propios contextos, cuestionando estructuras patriarcales, probando nuevos enfoques y encontrando nuevas formas para que la teología responda a las preguntas mas vitales de la vida de las mujeres desde aspectos y contextos locales, continentales y globales. 

Este conjunto de artículos, escritos durante los últimos cinco años, resalta el trabajo de 50 teólogas más relevantes del quehacer teológico en diversos continentes. Cada teóloga tiene su propia historia, desafíos y esperanzas, pero todos están unidas por un compromiso por sus comunidades de fe, por construir en justicia y liberación.
​Te invito a descubrir, valorar y celebrar el importante trabajo de las mujeres teólogas desde sus territorios.

Mujeres haciendo teología en Abya Yala: las teólogas comparten perspectivas influenciadas por la teología de la liberación, los saberes ancestrales de los pueblos originarios, y fomentan una reflexion desde las perspectivas comunitarias y feministas. Las teólogas cuestionan la opresión y promueven la dignidad, la teología está estrechamente vinculada a la lucha por la justicia, la descolonización, la memoria y la resistencia.

Mujeres haciendo teología en África: las teólogas se centran en la comunidad, la tradición, la identidad después del colonialismo y la fe en la vida cotidiana. A menudo utilizan historias, tradiciones orales y experiencias locales para abordar la justicia de género, la pobreza y el papel de las mujeres en el liderazgo de la iglesia. La teología de las mujeres africanas es dinámica, contextual y profundamente conectada con la vida diaria.

Mujeres haciendo teología en Asia: las teólogas analizan la fe a través del diálogo interreligioso, la diversidad cultural y el cambio social. Con frecuencia abordan temas como la exclusión, la migración y la relación entre la fe, la política y la economía. La teología de las mujeres asiáticas suele destacar la armonía, la fortaleza y la búsqueda de sentido en sociedades diversas.

Mujeres haciendo teología en Europa: las teólogas cuestionan las tradiciones teológicas patriarcales y proponen nuevas formas de abordar los temas actuales como la secularización, la igualdad de género y el futuro de la iglesia. Su trabajo a menudo conecta la teología académica con los debates públicos sobre identidad, ética y creencias en la actualidad.

Mujeres haciendo teología en Estados Unidos: las teólogas han contribuido a dar forma a la teología feminista, la teología mujerista y otros enfoques contextuales. Su trabajo muestra cómo se entrelazan la ancestralidad, el género, la clase y la religión, ofreciendo críticas sólidas y nuevas propuestas para un cristianismo más inclusivo y justo.
Todas estas voces muestran que la teología no se limita a una sola perspectiva o lugar. Es una conversación dinámica y global, moldeada por las experiencias e ideas de mujeres de diversos contextos. Su trabajo continúa transformando el cristianismo global y nos invita a escuchar, aprender y comprometernos más profundamente.

¡Siéntete libre de explorarlos y compartirlos!

Mujeres haciendo teología en África
Mujeres haciendo teología en Asia
Mujeres haciendo teología en Abya Yala
Mujeres haciendo teología en Europa
Mujeres haciendo teología en Estados Unidos


Yenny Delgado
Teóloga y psicóloga peruana. Durante más de una década, ha trabajado con comunidades de fe, movimientos sociales y gobiernos locales para promover una educación descolonial. Es parte del Comité Asesor de Políticas Sociales de la Iglesia Presbiteriana. También forma parte del Comité Directivo del estatus de las Mujeres y Género de la Academia de la Religión Americana. Yenny es fundadora y directora de Publica Theology y convocante de Mujeres haciendo teología en Abya Yala, una comunidad ecuménica, feminista e intergeneracional.