Teología Abya Yala: Identidad, descendencia y frontera

Por Yenny Delgado, Williams Flores y Claudio Ramírez*

La Teología Abya Yala es una teología cavilada desde nuestro contexto histórico y cotidiano de los pueblos originarios de Abya Yala. Quiere ser una teología profética de una reflexión seria, de diálogos honestos, que permitan hablar de la historia, confrontarla, y hacerla nuestra. La teología Abya Yala se piensa desde las subjetividades de las mujeres y hombres, cuyas bocas ya no pronuncian la lengua de nuestras ancestras, donde sus cuerpos ya no se mueven al ritmo de las danzas, donde su oración a Dios ya no se alza desde las montañas. Aun así, nuestra memoria ancestral sigue guardando en su profundidad la sabiduría y espiritualidad viviente. 

Se ha de aclarar que dicha teología no es acabada, sino que esta en proceso de reflexión y entendimiento. No propone un retorno a la vida ancestral ya que reconocemos la experiencia histórica colonial vivida, pero rescatamos y respetamos a la población que, en esfuerzo de resistir, ha logrado mantener viva hasta hora la cultura, el conocimiento y practica espiritual ancestral.  La teología Abya Yala rescata las practicas, reflexiones y actuar de nuestras ancestras y ancestros en un continente que sigue resistiendo los embates de un proceso colonizador de cinco siglos.  Proponemos analizar procesos identitarios descolonizadores, que siguen presentes en la población originaria y su descendencia, en un continente pluricultural y pluriétnico.

De este modo, la propuesta de una teología Abya Yala y desde Abya Yala implica analizar tres categorías interpretativas que estarían interrelacionadas entre sí. La primera categoría es la de identidad, desde esta pista de análisis se estudiará el proceso de identidad étnica y su alcance teológico. La segunda categoría interpretativa, trata del estudio de la descendencia, a través de la historia de invisibilización que han transitado los pueblos originarios y que ahora, los nacidos en Abya Yala sin vivir en los mismos pueblos y sin hablar nuestra lengua originaria podemos seguir honrando a nuestras ancestras como su descendencia. 

Por último, la categoría de fronteras, como los lugares de encuentro donde las resistencias de los pueblos originarios es latente y que habiendo sido divididos por fronteras mantiene viva el sentido de unidad continental, el despertar de una mirada que pasa muros y ciudadanías. Desde la teología Abya Yala creemos en una iglesia como comunidad que se entienda, y que se reforma, desde el acontecer de un Dios que habla desde Abya Yala, de un Jesús que libera a Abya Yala y de una promesa de resurrección que vemos llegar finalmente, para dejarnos ser, siglos después del proceso colonizador, una Abya Yala con identidad propia. 

Identidad: Resurrección de la madre tierra 

Entender Abya Yala como la tierra de sangre vital implica dos cosas, por un lado, que es una tierra llena de pueblos que todavía mantienen sus culturas, sus lenguas, sus creencias, sus formas de entender el mundo, y que por otro lado implica, que esos pueblos en sus luchas de ser visibilizados se convierten en las voces que pueden amamantar a los que han nacido en Abya Yala, pero que han olvidado a la madre. 

En un discurso de Evo Morales, expresidente del estado Plurinacional de Bolivia, diría: «Antes de la llegada de Cristóbal Colón, nuestro continente existía sin fronteras. Era uno solo: Abya Yala. “Las sangres de nuestros padres, corrida por más de cinco centurias en las tierras de Abya Yala, reclama el retorno del equilibrio”. La necesidad de un retorno a un equilibrio no es otra cosa que la practica del “Buen Vivir”.

 Y Morales continúa diciendo “Los aymaras queremos nuevamente volver a ser, que significa volver a ser qamiri, que es Vivir Bien; los quechuas han dicho lo mismo: volver a ser capac, persona que vive bien; los guaraníes han dicho que quieren volver a ser yambae, que entraña vivir bien y sin dueños”.

Por consiguiente, Abya Yala es la madre que integra, no solo a todos los pueblos originarios sino también su descendencia. Como lo dijera el poeta peruano Arguedas, un lugar de todas las sangres, pero no como una utopía de ser uno solo sin distinción, como se lo había criticado, como una realidad mono cultural, donde se desvanecen y se sacrifican las fronteras identitarias, sino como una pluralidad que se entrelaza a modo de urdimbre que teje una trama de una misma esperanza, un territorio sin discriminaciones ni supremacías. 

Las implicancias teológicas de esta concepción de Abya Yala, nos lleva a reflexionar desde donde nos encontramos, desde nuestra ubicación geográfica, desde el continente, en el sentido de que se ha de pensar la comunidad desde la madre, es decir, la madre tierra, una madre que siente, que se apasiona y que conecta con sus hijos e hijas presentes que se encuentran en una etapa de madurez que reclama la palabra y el espacio.

De este modo se ha de entender Abya Yala como la madre tierra, la Pachamama, que a sido victima de un proceso histórico colonialista, hegemónico y patriarcal que violentó y dividió a la madre en colonias, virreinatos y países. Por esta razón, la identidad invisibilizada en Abya Yala implica tomar en serio el proceso liberador de Jesús que sana, que cura toda herida, que restaura y que por sobre todo después de la crucifixión resucita. Y aquí estamos el pueblo originario y su descendencia pidiendo por la resurrección de la madre tierra y de sus hijos e hijos que fueron secuestrados y sin identidad. Dividida por muros para no encontrarnos y sometida para que guardáramos silencio, pero que ahora se libera y resucita como nuestra Abya Yala.

En este sentido Jon Sobrino al hablar de Jesús da cuenta de que la resurrección trae entonces esperanza para los crucificados, es decir para la población y a la madre tierra que ha sido despojada y sometida.  “Si se toma en serio lo dicho hasta ahora, se deduce, no por una lectura fundamentalista de los textos, sino por una profunda honradez hacia ellos, que la resurrección de Jesús es esperanza en primer lugar para los crucificados. Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los crucificados de la historia”

De esta manera habrá que entender que Dios en Abya Yala es el que resucita a la Madre tierra, la crucificada y que Jesús es el que libera visibilizando la identidad y los rostros diversos de las hijas e hijos de la Madre. 

Descendencia una posibilidad de liberación

Es necesario enfatizar que la teología Abya Yala busca honrar a nuestros ancestros y ancestras como descendencia reconocemos su legado y su práctica que proporcionó entendimiento entre la cosmología naturalista y una espiritualidad que honraba a la madre tierra. Símbolos básicos en los pueblos con fe y con una espiritualidad profunda.  

La colonización de Abya Yala generó una enorme energía por acaparar, en una intensa competencia, la tierra y todo lo que habitaba en ella.   Este proceso de colonización afectó la vida de la población y su descendencia; convirtieron a la madre tierra en propiedad privada. Los cristianos europeos recrearon una nueva narrativa apropiándose de la historia de la Biblia Hebrea y concibió a Abya Yala como una “nueva tierra prometida”; no sólo comenzaron a verse a sí mismos como el pueblo elegido por Dios, sino que se crearon una pirámide de la humanidad colocándose como superiores.

La invención de las “razas” y sobre todo de la “raza Blanca” fue desarrollada y explotada por los europeos para gobernar a otro ser humano que en su entender no estaba aun completo. Esta ideología encontró en el mensaje cristiano de superioridad sobre otras religiones su base teológica. La Iglesia trabajó para promover, y hacer proselitismo de la supremacía blanca a través de la colonización. La división a través de virreinatos, haciendas, misiones, reducciones y reservas no quedo solo en la repartición de la tierra, sino que llevo a dividir y someter a la población de Abya Yala. 

El genocidio perpetrado hacia la población originaria fue sistemático, la clasificación de quienes eran parte de este “nuevo mundo” estaba a merced de los que tomaron el poder. Para la descendencia que iba naciendo en esta nueva sociedad, olvidar sus practicas ancestrales, su lengua, y luego asimilar practicas del cristianismo blanco normativo era una forma de sobrevivencia.  

Aunque los intentos de olvidar las atrocidades cometidas en Abya Yala han hecho que guardemos silencio, no quiere decir que el espíritu no nos haya acompañado todo este tiempo, la descendencia sigue siendo una posibilidad de liberación.  

Fronteras y el despertar del “nosotras”

Las fronteras territoriales de las nuevas repúblicas son incomprensibles para los pueblos originarios, que han recorrido Abya Yala de norte a sur por miles de años.  La Madre Tierra es una, plena e integral ¿Cómo podemos dividir a nuestra madre?  

Las fronteras no se reducen simplemente a dividir, establecen también jerarquías. Dentro de los territorios de los nuevos estado – nación, se relegó a los pueblos originarios a las periferias. De tal forma que esas fronteras, construyendo divisiones internas muy dolorosas. 

Las fronteras separaron comunidades entre campesinos y citadinos, entre indígenas y cristianos. Vimos una descendencia ajena a la madre la cual quedaron desarticulados, en definitiva, las fronteras externas e internas degradaron el principio epistémico del “nosotras”, que comparte la sangre vital, que vive y convive en la tierra madura y fructífera. Y que a través de la lucha y visibilización de los pueblos originarios, la sangre vital hará resucitar a la madre. 

En este sentido, no final sino continuo, cantamos con las voces de nuestros ancestros y ancestras, ese canto kaiová que es entonado en ocasión de prender fuego al monte, Pa’i Tambeju, diciendo: “Haz que mire hacia mí tu modo de ser. Haz que mire hacia mí el fuego creado para alegrar a la gente. Haz que mire hacia mí el verdadero fuego que se creó para alegrar a las gentes, así como él te dirige hacia mí, en virtud de estas palabras. Haz que mire hacia mí la antorcha destinada a alegrar a la gente, en virtud de estas palabras. Mi hermano mayor, Pa’i Tambeju Grande, haz que vea hacia mí su antorcha originaria, incline para mí su antorcha originaria”

*Este artículo es parte de la ponencia presentada por los autores en la Sociedad teológica Argentina el 21 de octubre, 2021.


Yenny Delgado’Qullaw – Psicóloga y teóloga. Estudiante doctoral en Ciencias de la Religión en la Universidad de Lausana, Suiza. Escribe sobre las intersecciones entre memoria ancestral, etnicidad, política y fe pública.

Williams Flores – Filósofo, historiador y Teólogo, escribe sobre movimientos populares, pastorales sociales, inclusión social y educación popular.

Claudio Ramírez – Teólogo argentino con Maestría en Teología Dogmática por la Universidad Católica de Córdoba. Miembro fundador de la comunidad en diálogo intercultural ÑAWI.

La teología de la prosperidad y su impacto en la espiritualidad de las personas

Por Sharo Rosales

“La peor droga es la que narcotiza el corazón y la conciencia. El peor tráfico es el tráfico con la fe y con la Palabra de Dios. Hay también ‘narcotraficantes religiosos’ que tendrán que dar respuesta al Dios de la justicia y de la vida” . Con estas palabras lapidarias, el teólogo Juan Stam cerraba sus reflexiones sobre la manipulación de la fe para conseguir fines egoístas alejados de la Escritura.

Y es que, por larga data, hemos sido testigos de otro tipo de manipulaciones de la fe a favor del dios dinero. ¿Quién no recuerda aquel corillo entre personas cristianas en muchas iglesias evangélicas en Costa Rica, a mediados de los ochenta, que rezaba a modo de saludo o de respuesta a un “¿cómo está?”: “¡Prosperado, bendecido y en victoria!”? La frase reflejaba el estado ideal de una buena persona cristiana, pero, además, se esperaba que fuera una confesión de fe, aunque el sujeto en cuestión anduviera con un ánimo de arrastre y las finanzas en números rojos.

Sin embargo, esa no era la peor parte. La peor parte era que si la persona “andaba arrancada”, “hecha leña” o deprimida y con la billetera más que vacía, posiblemente, aquello significaba que estaba en pecado o, por lo menos, le faltaba fe.

Pues bien, esto se trata solo de una sombra de lo que hoy en día se da en llamar teología de la prosperidad. La teología de la prosperidad es una enseñanza religiosa basada en un supuesto pacto con Dios, donde las personas deben darse de manera económica y tener una fe ciega en sus líderes religiosos que les han prometido que Dios les prosperará materialmente por haberse dado.

Incluso, ya el teólogo Arturo Piedra, en sus cavilaciones para la revista Espiga, no deja de referirse a la teología de la prosperidad definiéndola de dos maneras: “(…) una corriente religiosa neoprotestante que establece que una buena relación con Dios conduce a una condición de prosperidad material (…) (y) una interpretación de la fe cristiana que percibe las situaciones humanas  de enfermedad y pobreza material como resultado de una relación deficiente  con  Dios” .

Lo cierto es que este paradigma teológico es asumido por cada vez más pastores neopentecostales. Osías Segura hace un recuento histórico y dice: “El pentecostalismo se debe distinguir en tres olas o movimientos históricos. Primero, el pentecostalismo clásico llega a nuestra región desde inicios a mediados del siglo XX. La segunda ola, durante los años 70, nos trae el movimiento carismático. Este movimiento afectó a toda denominación protestante, y hasta la iglesia Católico Romana. Finalmente, el último movimiento es el neopentecostal, o de la tercera ola, que se desarrolló a inicios de los años 90, y hoy se encuentra en su plenitud como parte de los nuevos movimientos religiosos latinoamericanos. Una aclaración es válida: no toda iglesia evangélica o pentecostal debe ser confundida con estos grupos neopentecostales (…). Los líderes neopentecostales, una vez fueron parte de los movimientos pentecostales, pero se separaron de sus denominaciones para ‘ser fieles al mover del Espíritu Santo’”.

No en vano y muy a propósito, Martin Hoffman explicaba, en un foro de la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL) que “la teología de la prosperidad es la versión actual de la teología de la gloria a la que se opusieron los reformadores protestantes. La teología de la gloria construye una imagen de Dios según las ideas humanas de la sabiduría, del poder y de la justicia. Resulta que Dios es el ser más sabio, más poderoso y más justo. Y él actúa igual que la lógica humana: mediante castigo y premio. La prosperidad se considera, entonces, como el premio por la fe y la obediencia”.

Esto no deja de hacernos reflexionar en cómo, en alguna época, se exaltaba la pobreza como fin o propósito divino. De ahí, se pasó a una teología de la liberación que daba cabida y dignificaba a los más desposeídos. Y, ahora, en ciertos círculos, a una teología de la prosperidad donde se hacen promesas mágicas de abundancia económica en nombre de Dios al servicio de unos pocos que están en el poder.

 Hay dos clases sociales en la iglesia: los de arriba y el resto de los y las mortales:

¿Quiénes son los de arriba? Quienes idean y gozan de los poderíos económicos eclesiales, incluyendo sus cercanos y parientes. ¿Quiénes son los de abajo? Las personas que se someten a ellas engañadas con promesas de fe.

En otras palabras, la teología de la prosperidad no es más que una forma de violencia psicológica, de abuso económico y patrimonial. El deseo egoísta y avaricia de algunos líderes discurren y mueven crecientes negocios dentro de la iglesia en nombre de la voluntad de Dios en detrimento de la sana doctrina y del bienestar de las personas.

Es importante añadir que mucho de esta creencia de los de arriba y los de abajo tiene algo que ver con el ego inflado de muchos que dicen seguir las enseñanzas de Jesús, el hijo de un carpintero, pero que, en el fondo, prefieren ser hijos de un Rey pudiente. 

Sharo Rosales

Gestora en desarrollo organizacional y Consultora de Género. Comunicadora de formación, con estudios en Defensa internacional de Derechos Humanos y en Derechos Humanos de las Mujeres. Desde 1992 participa en organizaciones basadas en la fe y en diversas iglesias del continente.Es activista por los Derechos Humanos de las Mujeres. Presidenta de la ASBL, Universidad Bíblica Latino Americana. Miembro del Observatorio centroamericano de medios de comunicación y género, GEMA.

As mentiras que circulam em ambientes religiosos no Brasil

Por Magali Cunha

O título deste artigo é tema da live que foi realizada em 28 de outubro, e esta gravada no Canal do Youtube do Coletivo Bereia – Informação e Checagem de Notícias. O projeto celebra dois anos de atuação, por isso convida leitores e leitoras e pessoas interessadas no tema das religiões para refletir, com dois especialistas, sobre as principais mentiras identificadas no período. Para verificar o conteúdo em circulação, Bereia, única iniciativa de fact-cheking especializada em religiões, monitora sites gospel e mídias sociais de personagens com identidade religiosa consideradas influenciadoras digitais. Recebe também indicação de postagens suspeitas enviadas pelo público, por meio de seus canais de comunicação, incluindo um número de aplicativo de mensagens instantâneas exclusivo para receber as sugestões.

Nos dois anos de atuação do projeto, entre as centenas de conteúdos verificados, nas mais diferentes fontes, cinco temas se destacaram e serão debatidos na live de 28 de outubro. O primeiro deles é a pandemia de Covid-19, que foi alvo de mentiras questionadoras das medidas de isolamento social, disseminadoras de tratamentos preventivos e curativos, acusatórias à China e à Organização Mundial de Saúde e opositoras à campanha de vacinação. A Comissão Parlamentar de Inquérito (CPI) da Covid-19 também foi tema de checagens, uma vez que os senadores Luiz Carlos Heinze (PP/RS, evangélico luterano), Marcos Rogério (DEM/RO, evangélico da Assembleia de Deus) e Eduardo Girão (Podemos/CE, espírita), foram expressivos veiculadores de desinformação dentro da própria comissão. A CPI foi também palco de personagem religiosa, o Reverendo Amilton Gomes de Paula, evangélico sem vinculação com uma igreja específica, depoente envolvido nas irregularidades em torno de negociação de vacinas pelo governo federal. Bereia identificou controvérsias no perfil do pastor que passaram despercebidas pela cobertura da imprensa.

O segundo tema destacado na checagem de desinformação em ambientes religiosos foi o da “ideologia de gênero”, esta que pode ser classificada como a mais bem-sucedida concepção falsa criada no âmbito religioso. Surgido no ambiente católico e abraçado por distintos grupos evangélicos, que reagem negativamente aos avanços políticos no campo dos direitos sexuais e reprodutivos, o termo trata de forma pejorativa a categoria científica “gênero” e as ações diversas por justiça de gênero, atrelando-as ao termo “ideologia”, no sentido banalizado de “ideia que manipula, que cria ilusão”. A “ideologia de gênero”, nesta lógica, é falsamente apresentada como uma técnica “marxista”, utilizada por grupos de esquerda, com vistas à destruição da “família tradicional”, gerando pânico moral e terrorismo verbal entre grupos religiosos.

A terceira mentira mais veiculada em ambientes religiosos, segundo as checagens do Coletivo Bereia é a da cristofobia, ou da perseguição religiosa a cristãos no Brasil. O termo “cristofobia” não se aplica, por conta da predominância cristã no país, onde há plena liberdade de prática da fé para este grupo. Manipula-se, neste caso, a noção de combate a inimigos para alimentar disputas no cenário religioso e político. Além disso, se configura uma estratégia de políticos e religiosos extremistas que pedem mais liberdade e usam a palavra para falarem e agirem como quiserem contra os direitos daqueles que consideram “inimigos da fé”. Ou seja, contra ativistas de direitos humanos, partidos de esquerda, movimentos por direitos sexuais e reprodutivos, religiosos não cristãos e, até cristãos progressistas – nem os da mesma família da fé são poupados. 

A quarta mentira propaga que há uma ameaça comunista em curso no mundo, liderada pela China. O imaginário do “perigo comunista”, da “ameaça vermelha”, está presente historicamente na cultura brasileira há muitas décadas e foi reavivado nos discursos da extrema-direita desde 2013. Na nova abordagem, comunistas, longe do que, de fato, significa esta tendência política, se tornam sinônimo de todos os que propagam justiça econômica (defesa de programas de distribuição de renda, por exemplo), advogam os direitos humanos, em particular os das minorias, e reivindicam e atuam na superação de violência racial, cultural, de gênero, de classe.

A quinta mentira que tem circulado em ambientes religiosos, como pode ser verificado no site Bereia, é a imagem do presidente Jair Bolsonaro como evangélico convertido e a apresentação do seu governo, por blogueiros, youtubers e políticos apoiadores, como um sucesso. Os registros de discursos e atitudes do presidente nos próprios canais oficiais de mídias, somados ao quadro de crise em diversas áreas de ação governamental, facilitam a tarefa de verificação e de confrontação objetiva destes conteúdos.

A marca de dois anos do Coletivo Bereia ocorre no 31 de outubro, Dia da Reforma Protestante. A data ficou conhecida como aquela em que, há 502 anos, o monge alemão Martin Luther [Martinho Lutero] teria pregado suas 95 teses na porta da igreja do castelo da cidade alemã de Wittenberg. Elas representavam uma tomada de posição contra o que Lutero considerava práticas abusivas da sua própria igreja, a Católica Romana, como a venda de indulgências (uma forma de perdão dos pecados), e posições doutrinárias que desviavam dos valores primeiros da fé cristã.

Na segunda década do século 21, o princípio protestante segue inspirando pessoas, como as voluntárias que atuam pelo Coletivo Bereia, para a busca de novas reformas, não só para evangélicos, mas também para cristãos de um modo geral e até mesmo para quem não professa uma religião. Um dos lemas dos reformadores do século 16 era “Igreja reformada sempre se reformando”. Eis aí um chamado à vocação de protestar, de transformar e atuar pela justiça na forma de comunicar nos espaços digitais religiosos, em compromisso com a verdade.

Magali Cunha

Jornalista e doutora em Ciências da Comunicação. É pesquisadora do Instituto de Estudos da Religião (ISER) e colaboradora do Conselho Mundial de Igrejas.

El caldo de cultivo para el abuso sexual por parte de pastores y líderes religiosos

Por Sharo Rosales

El abuso sexual por algunos hombres líderes religiosos tiene una dinámica que se explica bajo ciertas condiciones de prácticas religiosas abusivas, y quiero citar 4 razones que, desde mi parecer y experiencia, sirven como caldo de cultivo para tolerar, preservar y callar los abusos sexuales en algunas iglesias y sectas, en nuestro país y en el mundo. 

De acuerdo con observaciones de Carolyn Holderread, autora del libro Abuso sexual en los hogares cristianos y en la iglesia, existe una innegable relación entre la sumisión y el silencio que se imponen a través del adoctrinamiento a las mujeres, que redunda en abusos sexuales que se callan y se ocultan y en una gran impunidad para esos delincuentes, resume Holderread esta dolorosa historia. 

1. La socialización en roles rígidos de género para los hombres y las mujeres, favorece el abuso sexual dentro de sectas e iglesias conservadoras.

Atributos y designaciones sociales diferenciadas para los hombres y las mujeres se dan la mano con los imaginarios religiosos de género, esperando de los Hombres: poder, dominio, control, sobre imposición, mando y de las Mujeres: docilidad, silencio en nombre de la paz, sometimiento, renuncia, aguante, y obediencia

Se “naturalizan” (en nombre de mandatos divinos) los privilegios para los hombres y los servilismos para las mujeres. Es por esta razón que, muchas veces, los hombres religiosos se sienten con derecho a apropiarse de las mujeres, sus recursos y sus cuerpos.

Algunos atributos subjetivos atribuidos a los hombres y a las mujeres que favorecen los abusos:

Asignaciones femeninas 

Comportamiento sacrificial. Desplazadas de sí mismas. Ser para otros y educadas para servir. Perdonadora. Sexualidad reprimida. Incitadora al pecado. 

Asignaciones masculinas

Agresividad. Dueños de la pareja y de los cuerpos de las mujeres. Independencia. Iniciativa sexual y de “conquista”. Sexualidad permisiva. Seducido por las “Jezabeles”. 

Los valores masculinos son dominantes: poder, control y dominio sobre la vida de otros/as y obtener su productividad a través de la sujeción u obediencia. Mientras que los asignados a lo femenino son subordinados: perdonar, ceder, callar, complacer, cuidar, obedecer.

2. Sumisión de las mujeres y culpa por “los cuerpos pecaminosos de las mujeres” Muchos creyentes legitiman la violencia espiritual al apoyar la idea de que es normal forzar a las mujeres y niñas a tapar sus cuerpos, hipersexualizarlas como tentadoras de hombres adultos.

Las cifras en Costa Rica y Latinoamérica, nos muestran que el abuso sexual es cometido principalmente por hombres heterosexuales que abusan principalmente de mujeres y niñas.

Mujeres y niñas que se fiaban de este tipo de pastores o líderes y en quienes confiaban como depositarios de una autoridad espiritual especial, hacen que este delito sea más grave y aborrecible.

Cuando un hombre-pastor se cree que controlar es un derecho que Dios le dio, se encuentra fácilmente justificado para hacer lo que quiera, sobre todo con el cuerpo y voluntad de las mujeres que deben ser obedientes a sus deseos (mismos que hasta justifican con pasajes bíblicos), pero que además tienen la culpa por “seducirlos, con sus cuerpos carnales, curveados y pecaminosos que seducen a los hombres santos”.

3. La cultura del silencio ante los abusos sexuales en casa y en la iglesia. Culturas religiosas que hacen eco del mandato “los trapos sucios se lavan en casa” con nuevos mandatos, tales como: 

– “Acusar es ser traidora”

– “Romper el silencio pone en peligro a la familia y a la iglesia como obra de Dios”.

– “Los hombres están luchando con su carne” 

– “Los ungidos saben lo que hacen y si algo no está bien, serán ellos quienes den cuentas a Dios”.

– “El matrimonio debe preservarse a toda costa, pero no solamente el matrimonio propio, sino el ajeno, en este caso del pastor o líder abusador”.

Parte de los requisitos tácitos de la membresía es la demanda de lealtad a los miembros de la iglesia o a la “familia espiritual”.

Ante estos casos, muy dolorosa es también la negación institucional, cuestionando la veracidad de las denuncias de las víctimas, la congregación, entra en negación o desplazan la culpa a las víctimas o esconden los rumores y denuncias.

Algunas sufren de amenazas y persecuciones por personas de la misma congregación. Estas mujeres y niñas, son víctimas atrapadas en un doble o triple conflicto: con ellas mismas, con Dios y con la comunidad religiosa… incapaces de contar acerca del abuso que están sufriendo y no pueden recibir apoyo externo que les ayude con la violencia que están experimentando.

4. El mandato del perdón y olvido.

Cuando finalmente abusos y violaciones salen a luz, por ejemplo, por un embarazo o una denuncia formal, muchas feligresías tratan de “restaurar a las víctimas” más para callarlas y evitar el escándalo y el consejo alcahuete, simplista y revictimazante, será “perdonar y olvidar”.

En otras ocasiones, son acusadas de ser incitadoras, “Jezabeles o Dalilas” porque desacreditándolas a ellas, desestiman sus testimonios. Son acusadas de haber tenido aventuras con el líder o pastor, cuando no se trata de un adulterio de dos adultos que estaban de acuerdo, sino de un abuso de poder bajo la investidura espiritual de quién dice “representa a Dios”, incapaz de hacer algo incorrecto… caldo de cultivo ideal para ser presa fácil de un depredador sexual religioso.

Artículo publicado originalmente en Informa-Tico

Sharo Rosales

Gestora en desarrollo organizacional y Consultora de Género. Comunicadora de formación, con estudios en Defensa internacional de Derechos Humanos y en Derechos Humanos de las Mujeres. Desde 1992 participa en organizaciones basadas en la fe y en diversas iglesias del continente.Es activista por los Derechos Humanos de la Mujeres. Directora de Rosarce Consultoría Empresarial. Presidenta de la ASBL, Universidad Bíblica Latinoamericana. Miembro del Observatorio centroamericano de medios de comunicación y género, GEMA.

MUJERES, SOCIEDAD Y POLÍTICA

María de Galilea como paradigma de espiritualidad integral

Por Dario López

Poco se ha escrito desde una perspectiva evangélica sobre la mujer, las mujeres, como personajes públicos y, consecuentemente, como artesanas de una nueva manera de comprender y expresar la experiencia humana en sus múltiples dimensiones. Este vacío, con toda seguridad, se debe a la mentalidad patriarcal predominante en nuestras sociedades machistas que son replicadas en la iglesia, cuya resultante ha sido la invisibilización de las mujeres. Sin embargo, las mujeres, con sus voces y silencios, gestos y palabras, fueron forjando historias de vida y modelos de presencia pública, lamentablemente no siempre registrados, pero que quedaron en la memoria colectiva y en historia oral u escrita.

Una de estas mujeres es María de Galilea. A pesar de la escasa y dispersa información que se tiene sobre ella, los datos del Nuevo Testamento hacen posible reconstruir -así sea al paso o entre líneas- su papel como paradigma de espiritualidad cristiana integral. Las palabras y los gestos de María, registrados en los Evangelios de Mateo y Lucas, son de mucha ayuda para pensar en el papel de la mujer, las mujeres, en la sociedad y en la política, incluso en sociedades como la judía y la greco-romana del primer siglo en las que ser mujer implicaba no tener derechos ni ser considerada y tratada como ciudadana. María, desafiando al mundo patriarcal de su tiempo, fue capaz de sembrar novedad de vida y expresar con sus palabras y sus gestos quién era Dios para ella: Dios de la historia, de la vida y la justicia.

Bajo el paraguas de la historia de vida de María de Galilea, reflexiono entonces en el papel de la mujer, las mujeres, en la sociedad y en política; especialmente, en su papel como paradigma de espiritualidad integral. Una espiritualidad que, partiendo de la afirmación que el Evangelio es una verdad pública, exige confesar y vivir esa verdad en todas las dimensiones de la experiencia humana y, entre ellas, la vida social y política. A la luz de las palabras y los gestos de María de Galilea, se puede construir una vereda teológica sólida sobre la que afirme la presencia de los creyentes en el espacio público o, expresado de otra manera, en la sociedad y en la política. 

María de Galilea

De María, la joven campesina Galilea que aceptó ser la madre del Mesías, se tiene poca información en el Nuevo Testamento. A María se le menciona directamente en los Evangelios y en Hechos de los Apóstoles e, indirectamente, en dos de las cartas Paulinas[1]. Sin embargo, a pesar del papel protagónico de esta campesina Galilea en la historia de la salvación, llama la atención la información breve y dispersa sobre su vida personal y familiar, su militancia en la comunidad de Jesús y su compromiso con el anuncio de la buena noticia de salvación. 

La práctica creyente de María, su calidad de discípula fiel, su condición de testigo y mensajera insobornable, interpela y desacomoda. Interpela porque su ejemplo exige que seamos coherentes y consecuentes en todo tiempo. Desacomoda porque invita a un Seguimiento que ante nada y nadie se detiene, y que es capaz de encarar las situaciones más difíciles con una fe inquebrantable que jamás se vende o se subasta ante ningún señor temporal. María de Galilea: ¡Creyente, madre y discípula!

María la creyente, dispuesta siempre a la obediencia, traza un modelo de confianza sin reservas y de entrega absoluta de la vida al servicio del propósito salvífico de Dios. Ella estuvo dispuesta a ofrecerle a Dios uno de los bienes más preciados y sagrados que tiene una mujer: su vientre. Estuvo dispuesta a sufrir la vergüenza pública de ser madre soltera en la sociedad patriarcal de su tiempo y de ser sospechosa de adulterio o de una conducta moral indeseable. Este fue un problema que, aparentemente, le acompañó buena parte de la vida, tal como se desprende de la acusación y reproche que le hicieron públicamente a Jesús: «…Nosotros no somos nacidos de fornicación» (Jn. 8:41). Las mujeres de hoy, creyentes coherentes, integras y fieles, tienen en María un modelo y ejemplo a seguir, sean o no madres solteras, o mujeres que sufren diversas formas de violencia al interior o fuera del círculo familiar y religioso. 

Teniendo en cuenta la información escasa y dispersa que se tiene sobre ella en el Nuevo Testamento, una pregunta que brota directamente, relacionada con la invisibilidad de María de Galilea, es la siguiente: ¿Se puede reconstruir su papel como creyente, madre, discípula, testigo de la buena noticia de salvación y paradigma de espiritualidad integral, con en esta información escasa y dispersa que se tiene sobre ella? Para responder a esta pregunta se tiene que considerar que la disposición, entrega, compromiso y militancia de María de Galilea, tiene lecciones valiosas para las iglesias y para los creyentes de todos los tiempos, siendo esta una razón suficiente para indagar sobre ella en los documentos del Nuevo Testamento que registran aspectos significativos de su historia de vida.

A los evangélicos nos haría bien reflexionar sobre el papel de María como creyente, madre y discípula, particularmente, porque debido a la polémica histórica con la Iglesia Católica Romana sobre su doctrina acerca de María y, especialmente sobre la Mariolatría tan arraigada en América Latina, hemos dejado a un lado el testimonio del Nuevo Testamento sobre ella, limitándonos a citarla solamente como un personaje central en las historias del nacimiento del Mesías registradas por Mateo y Lucas, o referirnos a María simplemente como una mujer extraordinaria o virtuosa. 

Haríamos bien entonces en examinar lo que se afirma sobre María en los Evangelios y en Hechos de los Apóstoles y en pensar en las lecciones teológicas, pastorales y misionales que se derivan de esta información sobre la joven campesina Galilea que, en obediencia y en entrega sin reservas a la voluntad de Dios, traza un camino de compromiso, integridad y coherencia que se expresa en un discipulado que se va afinando y galvanizando en la cotidianidad de la vida. De María se puede afirmar que es «bendita entre las mujeres» (Lc. 1:42), ni como diria Martin en su libro “la canción de Maria” por «su embarazo ni por una santidad intrínseca o mérito alguno, sino porque a través de ella el propósito salvífico de Dios se fue cumpliendo.» 

Como María en el Magnificat pueden proclamar con gratitud y alegría la salvación de Dios. Dios que libera y que provoca un canto liberador que nadie puede silenciar, amordazar o secuestrar. Ellas pueden decir con María: «…He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Lc. 1:38). 

Esto puede explicar en palabras de Gustavo Gutiérrez, que subraya que el Magnificat es uno de los textos de mayor contenido liberador y político del Nuevo Testamento. Y es así, entre razones, porque el Magnificat en su contenido y alcance liberador, visibiliza no sólo la fe de María, sino además su comprensión de una espiritualidad integral que no separa en compartimientos lo privado de lo público, la religión de la vida cotidiana, la espiritual de lo material.

María de Galilea es discípula que, en comunión con otros discípulos, aprende a esperar y confía que Dios cumplirá finalmente su promesa de empoderar a los crucificados del mundo para que sean testigos-mártires de la buena noticia de salvación en todas las esquinas y avenidas de la ciudad (polis), dentro y fuera de la frontera religiosa, y especialmente en la plaza pública tan necesitada de personas ejemplares como María de Galilea. María es un paradigma de espiritualidad integral que desafía a ser creyentes comprometidos con la vida y la justicia, creyentes que no separan la ciudadanía celestial de la ciudadanía terrenal, creyentes que viven su fe en el Dios de la Vida en todas las esquinas del peregrinaje humano común y en la cotidianidad de sus relaciones, especialmente, con las y los pobres de la tierra.


[1] Al respecto, se precisa que «El apóstol Pablo no nombra a María en carta alguna, pero hace algunas referencias ocasionales al nacimiento de Jesús (Rom 1,3-4; Gál 4,4-5), y otras más generales al modo de ese nacimiento (Gál 4, 28-29)» (Brown-Donfried-Fitzmyer-Reumann 1994:21).

Dario López 

Doctor, Pastor, teólogo, escritor, profesor de varias instituciones de Educación teológica. Ha sido miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Bíblica Peruana, y miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) es pastor de la Iglesia Monte Sinaí en Villa María del Triunfo en Lima, Perú.

Mujeres Doing Theology

Encuentro de Mujeres haciendo teología en Abya Yala

Será un bello tiempo para conocernos, compartir y crecer juntas!

Compartirá nuestra hermana Dr. Agustina Luvis Nuñez, Teóloga puertorriqueña. Una aprendiz de por vida, con una maestría en teología y un doctorado en Teología Sistemática de la Escuela Luterana de Teología en Chicago. Actualmente se desempeña como Decana del Seminario Evangélico de Puerto Rico.

Jueves 29 de Julio – Vía zoom

Horarios según ciudades:

5:30pm – 7:00pm New York, Puerto Rico, Bolivia

6:30 – 8:00pm Brasil, Argentina

4:30 – 6:00pm Peru,México

3:30pm-5:00pm Nicaragua,Costa Rica

Para recibir el link de zoom y regístrese AQUI

Emancipación en los Estados Unidos

Por Guesnerth Josue Perea

El año pasado, mientras la pandemia asolaba a las poblaciones vulnerables a nivel mundial, al mismo tiempo muchos alzaron su voz exigiendo justicia por el asesinato sistemático de afroamericanos en manos de la policía. Se comenzó a demandar respeto por la vida de los ciudadanos y ciudadanas afrodescendientes de manera más integral. El llamado de muchas personas en los Estados Unidos, y en algunos otros países, fue de reconocer la historia de Afrodescendientes durante todo el año; No solo resaltar datos importantes de la historia negra durante el mes de la historia afroamericana, sino comprender la negritud de manera más completa. Reconocer, apreciar y entender las contribuciones de afrodescendientes en el país. La atención se centró de inmediato en una celebración que en los Estados Unidos se llama ‘Juneteenth’, 19 de Junio.

La emancipación de los africanos esclavizados en Estados Unidos tuvo lugar el 19 de junio de 1865 en el estado de Texas, dos años y medio después de que el presidente Abraham Lincoln emitiera la Proclamación de Emancipación, la cual vino al final de una guerra civil en los Estados Unidos en 1863.

‘Juneteenth’ acaba de convertirse en un día feriado federal en los Estados Unidos, ratificado por el Senado y el presidente Joe Biden el 17 de junio de 2021. Para Afro descendientes en los Estados Unidos, honrar y observar ‘Juneteenth’ no es algo nuevo. Afrodescendientes en el estado de Texas, y en otros estados, siempre han observado este día porque es un recordatorio importante del fin de la esclavitud. Interesantemente este día llamado el “Día de Los Negros” en algunas comunidades AfroMexicanas, es reconocido y celebrado anualmente en el norte de México por una comunidad de Mascogos, descendientes de poblaciones Negras y Nativas. [1]

Para afroamericanos y todas las personas de ascendencia africana, la conmemoración de esta fecha es fundamental no porque es la celebración de la primera vez que se terminó la esclavitud africana (no la fue, técnicamente los Estados Unidos fue uno de los últimos países en “abolir”[2] la esclavitud, Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804) [3], ni es importante porque sucedió en junio (no hay ninguna intencionalidad específica de la fecha de junio, fue simplemente el tiempo que tardaron las tropas de la Unión en llegar a Texas).

Aun teniendo este día de conmemoración en Estados Unidos aun se continúa negando la negritud, problematizando y considerando a los cuerpos negros como intrínsicamente diferentes. La discriminación y el racismo es una muestra que aun no vivimos en una sociedad inclusiva, hay personas que aun no creen en la libertad y la igualdad para todos. Es la tarea de las siguientes generaciones luchar por la igualdad y habrá un momento en que esa esperanza se hará realidad. Es un recordatorio de las palabras de la escritora afroamericana Zora Neale Hurston “hay años que hacen preguntas, años que nos hacen preguntar.” ahora nos preguntamos ¿por qué ha tardado tanto?,¿Por qué no estamos donde deberíamos estar todavía?’ ¿Por qué perdimos otro hermoso cuerpo negro? Y, sin embargo todos estos años nos dan respuestas y nos ayudarán a ganar la libertad.

James Baldwin, destacado escritor afroamericano, en su libro The Fire Next Time (el fuego la próxima vez), escribe una carta en 1963, 100 años después de la emancipación de la esclavitud en Estados Unidos, haciendo una gran reflexión que sigue siendo vigente para nosotros en estos momentos “Aquellos inocentes que creen que tu encarcelamiento los puso a salvo, están perdiendo la comprensión de la realidad. Pero estos [estadounidenses blancos] son ​​tus hermanos, tus hermanos menores perdidos. Si la palabra integración significa algo, esto es lo que significa: que nosotros, con amor, obligaremos a nuestros hermanos a verse como son, a dejar de huir de la realidad y empezar a cambiarla. Porque esta es tu casa, amigo mío, no te dejes expulsar de ella; grandes personas han hecho grandes cosas aquí, y lo harán nuevamente, y podemos hacer de los Estados Unidos lo que los Estados Unidos deben llegar a ser. Tú lo sabes, y yo lo sé, que el país está celebrando cien años de libertad, cien años antes de tiempo. No podemos ser libres hasta que ellos sean libres “.

Y así, en la conmemoración número 156 de la emancipación de la esclavitud en los Estados Unidos, al considerar el significado del diecinueve de junio debemos detenernos un momento y pensar en cómo podemos amarnos a nosotros mismos y a los demás de una manera que comience a cambiar la realidad. Al hacer eso estamos cambiando la narrativa del odio o de la injusticia en una de amor y unidad y junto con otros, podemos hacer de América, los Estados Unidos y todo el continente, en lo que América debe convertirse; un lugar donde todas las personas sean libres. Aún no hemos llegado allí, pero tal vez este sea el año en el que podamos comenzar a responder a este llamado.


[1] Para leer más sobre esta población AfroMexicana – https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2020-09-16/renovado-interes-en-esclavos-de-eeuu-que-huyeron-a-mexico

[2] Usamos el término abolir cuando hablamos de la Proclamación de Emancipación de los Estados Unidos. La servidumbre involuntaria no se marcó como ilegal oficialmente hasta 1865, cuando se ratificó la decimotercera enmienda a la constitución de la EE.UU. Sin embargo, se puede argumentar que el lenguaje de la 13ª enmienda permite la servidumbre involuntaria si alguien comete un delito. Es por esta razón qué la población afroamericana y otras poblaciones de ascendencia africana son encarceladas a una tasa más alta que cualquier otra población.

[3] Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804, Dinamarca-Noruega fue la primera nación europea en prohibir el “intercambio” de esclavos africanos en 1807. En América Latina, Chile abolió la esclavitud en 1823, México en 1829, la esclavitud fue abolida en Uruguay en 1842, Colombia abolió la esclavitud en 1851, Argentina en 1853, Perú abolió la esclavitud en 1854.

Guesnerth Josue Perea es pastor docente en Metro Hope Covenant Church y director del foro afrolatin@, una organización sin fines de lucro que crea conciencia sobre los latinos y latinas afrodescendientes en los Estados Unidos.

Juneteenth “Emancipation Day”

By Guesnerth Josue Perea

“There are years that ask questions and years that answer” Zora Neale Hurston

Last year, as the pandemic was ravaging through vulnerable populations and justice was demanded, the many people who died and suffered at the hands of police violence started to question honoring and celebrating Blackness and people of African descent more holistically. The call of many people throughout the United States was to acknowledge Black History throughout the year, not to only highlight important tidbits of African American history during Black History Month but rather to make an effort to understand Blackness more completely. To acknowledge, appreciate and recognize the contributions of People of African Descent, whether from the United States or abroad, throughout the entire calendar year. Attention immediately went to Juneteenth, the commemoration of the emancipation of enslaved Africans, which occurred on June 19, 1865, in the state of Texas, two and a half years after President Lincoln issued the Emancipation Proclamation.

Juneteenth just became a Federal holiday, ratified into law by the Senate and the President on June 17, 2021. For AfroLatin@s in the United States, honoring and observing Juneteenth is not new. AfroLatin@s in Texas and throughout the United States have always observed Juneteenth because it is an important reminder of the freedom of slavery. Interestingly, Juneteenth, called Dia de Los Negros in some Black Mexican communities, is recognized and celebrated annually in northern Mexico by a community of Mascogos, Black Seminoles.[1] 

For African Americans, and all people of African Descent, the commemoration of this date is essential. Not because it was the first of its kind (it was not, technically the U.S. was one of the last countries to “abolish”[2] slavery, Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804)[3], nor is it important because it happened in June (there isn’t any specific intentionality of the June date, it was simply the time it took for the Union troops to arrive to Texas); it is important because it symbolizes what many people hope that the United States, and all other nations, can become. Juneteenth is important for all people of African descent because in a world that continues to deny Blackness and problematize and otherize Black bodies, it is a reminder that there are people who believe in freedom and equality for all. It symbolizes that even if it takes years for us to see a glimmer of hope in the struggle for equality, there will be a time when that hope will be realized. It is a reminder of the words of Zora Neale Hurston that there are years that ask questions, years that make us ask, ‘why has it taken this long?’ ‘why are we not where we should be yet?’ ‘Why did we lose another beautiful Black body?’. And yet some years will give us answers, years that will provide us with justice, years that will help us gain freedom even after years that did not. 

James Baldwin specifically highlighted this problem of having to hold the present nature of the U.S. while waiting for it to be better.  In The Fire Next Time, which begins with a letter he sent to his nephew 100 years after the emancipation of slavery in the U.S.:

“Those innocents who believe that your imprisonment made them safe are losing their grasp of reality. But these [white Americans] are your [siblings], your lost, younger [siblings]. And if the word integration means anything, this is what it means: that we, with love, shall force our [siblings] to see themselves as they are, to cease fleeing from reality and begin to change it. For this is your home, my friend, do not be driven from it; great [people] have done great things here, and will again, and we can make America what America must become. You know, and I know, that the country is celebrating one hundred years of freedom one hundred years too soon. We cannot be free until they are free.”

And so, on this 156th commemoration of the emancipation, as we consider the meaning of Juneteenth and what it signifies, we should pause for a moment. We should think of how we can love ourselves and others in a way that starts to change reality, changing the narrative of hate, injustice, or othering into one of love and unity.  Together with others, we can make America, the United States and the entire continent, what America must become, a place where all people are free. We are not there yet, but maybe this is the year that can begin to answer that call.


[1]  For more information, read: https://www.texasmonthly.com/being-texan/mexican-village-juneteenth-celebration/

[2] We use the term abolish when discussing the Emancipation Proclamation with care. Involuntary servitude was not officially made illegal until 1865, when the 13th amendment was ratified. However, one can argue that the language of the 13th amendment allows for involuntary servitude if someone commits a crime. Hence why African Americans, and other people of African Descent are imprisoned at a higher rate than any other population.

[3] Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804, Denmark-Norway was the first European nation to ban the African slave trade in 1807. In Latin America, Chile abolished slavery in 1823, Mexico in 1829, Slavery was abolished in Uruguay in 1842, Colombia abolished slavery in 1851, Argentina in 1853, Peru abolished slavery in 1854.

Guesnerth Josue Perea is a teaching Pastor at Metro Hope Covenant Church, and Director of the afrolatin@ forum, a non-profit that raises awareness of Latin@s of African descent in the United States.   

La teología de la liberación frente a las desigualdades

Durante los últimos 15 meses, la mayor parte del mundo ha sido transformado radicalmente por la COVID-19, que ha matado a más de 3,7 millones de personas en todo el mundo. La pandemia ha descubierto las desigualdades inherentes a los sistemas actuales en todo el mundo. Al reflexionar sobre estas situaciones, como personas de fe, estamos viendo qué teologías están disponibles para ayudarnos a procesar el marco que exacerbó gran parte del sufrimiento resultante de la pandemia. Considero que una severa reflexión y revisión de las Teologías de la Liberación puede proporcionarnos herramientas para crear una iglesia más empática y comprometida.      

En 1971, el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez escribió la “Teología de la Liberación.” Esta teología ayudó a muchos a reavivar el mensaje original de Jesucristo a través de su enfoque hacia los empobrecidos. Gutiérrez desarrolló su teología en respuesta al sufrimiento y el empobrecimiento en el continente. La teología propone una forma concreta de desmantelar los sistemas de opresión e injusticia impuestos por siglos.

Gutiérrez descubre el papel de la iglesia en los sistemas de opresión, cómplice tanto de los colonizadores como de la era de las repúblicas independientes donde la iglesia siguió teniendo dominio y control de grandes propiedades expropiadas a la población originaria. Su atención se centra en cómo la opresión sistemática y la injusticia funcionan para mantener a millones de personas en la pobreza. Para hacer una conexión teológica y política, Gutiérrez expone una reflexión crítica sobre la praxis cristiana, al señalar: “Sólo la auténtica solidaridad con los pobres y una auténtica protesta contra la pobreza de nuestro tiempo pueden proporcionar el contexto concreto y vital necesario para una discusión teológica sobre la pobreza. La ausencia de un compromiso suficiente con los pobres, los marginados y los explotados es quizás la razón fundamental por la que no tenemos una sólida reflexión contemporánea sobre el testimonio de la pobreza.”

El trabajo de Gutiérrez proporciona definiciones precisas de las palabras que usa para asegurar que no haya ambigüedad. Escribió: “la pobreza es una condición escandalosa contraria a la dignidad humana.” Es escandalosa porque muestra los problemas y valores sistemáticos de la sociedad. Gutiérrez brinda una opción para el individuo y la sociedad, un compromiso real de solidaridad con la población empobrecida. En su teología llama a la opción preferencial por los pobres frente a un sistema que brinda a la iglesia de privilegios, dinero, oportunidades y supremacía. En cambio, enfatiza “tenemos la opción de estar del lado que le preocupa a Dios.”  

A pesar de un llamado firme la Teología de la Liberación, tiene aun deficiencias. Específicamente, Gutiérrez no se dirige ni reflexiona sobre quienes y que rostro tienen son las personas que viven en las mayores condiciones de pobreza: mujeres y niñas. Gutiérrez es un producto de su tiempo, y esa falta de claridad en describir quien son los empobrecidos sigue siendo un descuido importante. 

Durante la actual pandemia la desigualdad entre los empobrecidos y los enriquecidos es más visible. Porque las personas que trabajan muchas horas apenas pueden sobrevivir y difícilmente acceden a los servicios más básicos, mientras que, los ricos ganan más dinero aprovechando la desesperación de las personas. ¿Podemos decir que el sistema está funcionando solo para una minoría y dejando de lado la mayoría que vive en carencia? 

Es escandaloso saber que millones de personas, incluso trabajando más de 48 horas a la semana, reciben un salario que no alcanza para llevar una vida digna, que cientos de mujeres son asesinadas a causa del machismo, que miles de niños y niñas crecen con desnutrición y abandono. La reflexión teológica de Gutiérrez trata sobre las condiciones escandalosas en América hace 50 años, pero aun hoy sigue siendo relevante. La iglesia y los ricos están en el poder mientras que los pobres son marginados. Esto contrasta con el mensaje de Jesús en el que los marginados y los empobrecidos están en el centro de su mensaje esperanzador y de justicia.

La práctica de una teología liberadora no es fácil, requiere de verdadero compromiso y sobre todo entendimiento por parte de la iglesia vigilante,  que  denuncia injusticia y se moviliza. ¿Esta la iglesia asumiendo ese compromiso?

Reflecting on Liberation Theology during a Global Pandemic

Over the past 15 months, most of the world has been radically transformed by COVID-19, which has killed more than 3.7 million people worldwide.  The pandemic has uncovered the inequalities inherent in current systems in the United States and throughout the world.  As we reflect on these situations, as people of faith, we are looking at what theologies are available to us to help process the framework that exacerbated so much of the suffering resulting from the pandemic.  I think severe reflection and revising of Liberation Theologies like the one developed by Gustavo Gutierrez can provide us key hallmarks for creating a more empathic and responsive church.

In 1971 Peruvian Catholic Scholar and Priest Gustavo Gutiérrez wrote “A Theology of Liberation.”  This groundbreaking work helped many rekindle the original message of Jesus Christ in America through its focus on the impoverished. Gutiérrez developed his theology as an option for the poor in response to the rampant suffering and poverty.  Theology proposes a concrete way to dismantle systems of oppression and injustice. He challenged the concepts brought by European invaders who led the Catholic Church to convert the “pagans” or to kill them. Gutiérrez wrote, “the salvation of the pagans was raised at the time of ‘discovery of peoples’ belonging to other religions and living in areas far from those where the Church has been traditionally rooted.” 

Gutiérrez uncovers the church’s role as a regular part of the levers of oppression, complicit with both colonizers and the era of independent republics throughout the Continent. This analysis focuses his attention on how systematic oppression and injustice work to keep the native population and their descendants in poverty.

To make this theological and logical connection, Gutiérrez exposes a critical theological reflection on Christian praxis. “Only authentic solidarity with the poor and a genuine protest against the poverty of our time can provide the concrete, vital context necessary for a theological discussion of poverty.”

To understand his theological discussion and the option for the poor, we must consider the solidarity and protest he urges. In Gutiérrez’s work, he provides precise definitions of the words he uses to ensure no ambiguity. He wrote, “poverty is a scandalous condition inimical to human dignity; therefore, contrary to the will of God,” spiritual poverty is an attitude of openness to God and spiritual childhood; moreover, “poverty as a commitment of solidarity and protest.” 

For Gutiérrez, poverty is a scandalous condition because it shows society’s systematic problems and values. Through exclusionary laws, individuals are not permitted to leave the state of poverty, and that is injustice; this system should be antithetical to followers of Christ. However, Gutiérrez provides an option for the individual and society, a real commitment to solidarity with the impoverished population. Gutiérrez calls the preferential option for the poor as the decision for us to respond to the system that provides us with privileges, money, opportunities, and supremacy.  Instead, we have the choice to be on the side that God is concerned for. 

As groundbreaking as his text was in 1971, unfortunately, theology does have shortcomings. Specifically, Gutiérrez does not address or reflects on the primary individuals who live impoverished conditions – women and children. He fails to indicate that most oppressed and most vulnerable individuals seem to find no voice in his work. This oversight is likely due to him being a product of his time but is still a significant oversight. 

It is scandalous to know that millions of individuals, even working more than 40 hours a week, get a salary that is not enough to live a decent life. Gutiérrez’s writings are about scandalous conditions in America continental territories (Abya Yala) and in all societies where the church and the rich are in power while the poor are marginalized. This contrasts with Jesus’ message in which the marginalized and the poor are at the center. 

During the current global COVID-19 pandemic, the impoverished and those living on the margins of society are more profoundly seen. Individuals who work long hours can barely survive, while on the other hand, rich people make more money today by taking advantage of people’s desperation. Can we say that the system is working for those in need? Suppose we continue to accept systems that maintain the status of a few due to the oppression of others. If we opt for the comfort of the few and at the expense of all we know we are doing wrong, it shows we are far from understanding liberation. Working for equality and inclusion needs to be one of our priorities. 

Is the church ready to believe and practice liberation theology?