La dignidad que se defiende 

Dejamos de llamar “rebeldía” a la dignidad y “obediencia” al abuso

Por Sarinette Caraballo Pacheco 

Hay textos bíblicos que no solo interpretamos; también nos interpretan a nosotras y a nosotros. Son textos que nos colocan frente a nuestras propias prácticas y nos obligan a preguntar qué hemos permitido, qué hemos normalizado y qué hemos llamado “obediencia”, “tradición” o “voluntad de Dios”, cuando en realidad muchas veces ha sido patriarcado, abuso de poder, interpretaciones faltas de hermenéutica y/o miedo religioso presentado como moral.

Uno de esos textos es Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. Esta afirmación no debe leerse como una frase decorativa para repetir en espacios religiosos. Es una declaración profundamente espiritual, comunitaria y social. No elimina las diferencias entre las personas, pero sí niega que las diferencias puedan usarse para establecer jerarquías de valor. En otras palabras, en Cristo no podemos decidir que una persona vale menos por su género, su origen, su clase social, su historia o su lugar dentro de la sociedad.

Desde esta perspectiva, la dignidad humana no se reparte por género. Tampoco se administra desde un gobierno, un tribunal, una iglesia o un partido político. La dignidad viene de Dios. Por eso, cuando una sociedad crea leyes, discursos o estructuras que reducen la vida de las mujeres a obediencia, silencio, sacrificio o control, no está defendiendo el Evangelio. Está alejándose del corazón de Jesús.

Al 2026 todavía necesitamos decir esto con claridad: las mujeres seguimos luchando por igualdad de derechos y por un trato digno. No se trata de una lucha por “imponernos”, como a veces se dice para deslegitimar los reclamos de justicia. Se trata de reconocer que todavía vivimos en sociedades donde el cuerpo de la mujer se legisla, su voz es sospechosa, su dolor es minimizado y su vida muchas veces se protege tarde, mal o nunca.

Habiendo sido víctima de violencia doméstica, hace muchos años, el tema me toca de cerca. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe informó que, en 2023, al menos 3,897 mujeres fueron víctimas de femicidio, o feminicidio, en 27 países y territorios de América Latina y el Caribe. Esa cifra representa, como mínimo, once muertes violentas de mujeres por razón de género cada día en la región (CEPAL, 2024). Este dato nos recuerda que la violencia contra las mujeres no es un asunto privado ni aislado. Es una emergencia social, política y también espiritual. Si una mujer no puede vivir sin miedo, no podemos hablar de justicia como si todo estuviera bien. Cuando una mujer tiene que calcular cómo camina, cómo se viste, a qué hora sale, qué denuncia y qué calla para sobrevivir, entonces todavía tenemos una deuda inmensa con el Evangelio que decimos creer.

En Puerto Rico, además, hemos visto debates y medidas legales recientes que han sido celebradas por algunos sectores como defensa de la vida, pero criticadas por organizaciones de derechos civiles, médicos y profesionales legales por sus posibles consecuencias sobre la autonomía, la salud y la dignidad de las mujeres y personas gestantes. En diciembre de 2025, se firmó el Proyecto del Senado 504, que reconoció el estatus legal del “no nacido”, a pesar de advertencias de profesionales de la salud sobre riesgos para la vida y autonomía de las personas embarazadas (Amnesty International, 2026). Además, en febrero de 2026, la gobernadora de Puerto Rico firmó otra medida que enmendó el Código Penal para reconocer al feto como ser humano; médicos y expertos legales advirtieron que la medida podía crear confusión, afectar decisiones clínicas y abrir espacio a consecuencias legales ambiguas (Associated Press, 2026).

  • ¿Qué decisión deberá tomar un esposo cuando tu esposa llegue embarazada, y con complicaciones al hospital, y deba escoger entre la vida de mamá o la del bebé no nacido? ¿Lo acusarán de asesinato si escoge salvar a mamá? 
  • ¿Qué pasará cuando una mujer embarazada llegue a un hospital con un sangrado y haya abortado naturalmente? ¿Pondrán en duda su historia de los hechos? ¿La podrán acusar de haber matado a su propio hijo no nacido?
  • Una niña de diez años, violada por su padre o hermano mayor ¿tiene, obligatoriamente, que dar a luz a su propio hermano/hijo porque si no la acusan de asesinato?

Aquí necesitamos tener mucho cuidado. Cuando el Estado dice proteger “la vida”, pero no garantiza salud, vivienda, seguridad, justicia rápida, educación, servicios adecuados para víctimas de violencia, protección real contra la violencia doméstica y acompañamiento económico para madres, tenemos derecho a preguntar qué vida se está protegiendo y cuál se está dejando sola. La defensa de la vida no puede reducirse al control del cuerpo de las mujeres. Si la defensa es verdaderamente cristiana, debe incluir justicia, cuidado, pan, techo, salud, protección y dignidad desde que nace hasta que muere cualquier ser humano; esto incluye la vida de mamás gestantes.

Jesús habló con la mujer samaritana cuando la cultura decía que no debía hacerlo. No solo le habló: la tomó en serio. No esperó a que los líderes religiosos aprobaran su dignidad, no le pidió que resolviera primero su reputación para entonces merecer la revelación; la encontró en su sed y le ofreció agua viva.

Jesús también defendió a la mujer acusada de adulterio cuando un grupo de hombres quiso usar la ley para convertirla en espectáculo público de castigo. En ese relato, el hombre implicado en adulterio no aparece. Aparecen los acusadores y sus manos llenas de piedras. Aparece una moral selectiva que cae con todo su peso sobre el cuerpo de una mujer. Pero Jesús se inclina, escribe en tierra y detiene la violencia religiosa con una frase que todavía debe confrontarnos: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Jesús no usó la ley para humillar a una mujer, la usó para revelar la hipocresía de quienes querían castigarla.

Ese gesto de Jesús tiene implicaciones para nosotras y nosotros hoy:

  • Cada vez que un gobierno crea leyes que afectan directamente a las mujeres sin escuchar seriamente a las mujeres que serán afectadas, algo se daña.
  • Cada vez que se discute el cuerpo de la mujer sin la voz de la mujer, nos acercamos más a los acusadores con piedras que al Cristo que se inclinó en tierra.
  • Cada vez que se legisla desde el castigo, la sospecha o el control, y no desde la justicia, la salud, la misericordia y el bien común, nos alejamos del Jesús de los evangelios.

La mujer no es un recurso del patriarcado. No somos vientres para legislar, cuerpos para controlar, manos para servir sin decidir, voces para cantar, pero no para interpretar, ni presencia para llenar espacios mientras otros ocupan las mesas de poder.

La dignidad de la mujer no puede separarse de las condiciones concretas en las que vive: pobreza, violencia, maternidad, trabajo, salud, raza, migración, colonialismo y desigualdad. 

Entonces la iglesia no puede predicar igualdad espiritual mientras practica desigualdad social. No podemos decir “hermana” (que significa nacidos del mismo vientre; iguales) en el servicio de domingo y luego tratar a la mujer como menor de edad moral en la política, en la casa, en el trabajo o en la iglesia.

Entonces, si Cristo confió en las mujeres para anunciar vida, ¿quiénes somos nosotras y nosotros para legislar, predicar o gobernar como si la vida de las mujeres pudiera reducirse a obediencia, silencio o sacrificio?

Podemos construir comunidades más justas y formar iglesias más fieles cuando dejamos de llamar “rebeldía” a la dignidad y “obediencia” al abuso. Podemos exigir gobiernos más humanos cuando entendemos que la fe no se mide por cuántas restricciones se imponen sobre las mujeres, sino por cuánta justicia, protección, educación, salud, pan, techo y dignidad somos capaces de garantizar.

Sarinette Caraballo Pacheco Es escritora y conferenciante puertorriqueña.. Estudió Investigación con concentración en Justicia Criminal y Teología con concentración en Psicoterapia de Familia en el Seminario Internacional Ministerial de México. Es cofundadora de Unrecognized Church y Unrecognized Women, y fundadora de Pleníntesis. Su escritura nace del amor por la justicia, la poesía, la dignidad humana y una fe que camina hacia la plenitud con los demás.

Haciendo teología política desde Abya Yala

Hoy damos inicio al curso de Formación Popular en Teología Política y Espiritualidades, una iniciativa impulsada por la Red de Teología Política y Espiritualidades desde Abya Yala. Durante las próximas ocho semanas compartiremos un espacio de reflexión crítica, diálogo, espiritualidad y construcción colectiva de saberes desde las luchas, memorias y esperanzas de nuestros pueblos.

Nos alegra profundamente encontrarnos en este proceso comunitario de aprendizaje, donde convergen distintas experiencias académicas, territoriales, pastorales y populares comprometidas con la justicia social, la dignidad humana y la defensa de la vida.

Este curso nace del deseo de fortalecer una teología situada en los territorios, en diálogo con las espiritualidades liberadoras, las resistencias comunitarias y las voces históricamente marginadas por las estructuras coloniales, patriarcales y extractivistas.

Equipo de facilitadoras y facilitadores

La Red de Teología Política y Espiritualidades presenta al equipo de facilitadoras y facilitadores que acompañarán este proceso formativo:

Sofía Chipana

Teóloga boliviana, licenciada por la Universidad Bíblica Latinoamericana. Cuenta con una maestría en temas socio-religiosos, género y diversidades. Es referente de la teología andina e integrante de la comunidad de sabias y teólogas indígenas de Abya Yala.

Fray Julián Cruzalta

Teólogo mexicano, especialista en Teología Moral y Ecofeminista. Miembro de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos en la UNAM y cofundador de Católicas por el Derecho a Decidir.

Claudio Ramírez

Teólogo argentino y doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Jujuy. Profesor de Teología y Doctrina Social en la Universidad Católica de Salta y miembro fundador de la comunidad intercultural Ñawi.

Eliezer Burgos

Teólogo puertorriqueño, doctorando en Teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, pastor y escritor. Trabaja temas de ética, eclesiología y justicia social.

Ameyali Martínez

Pedagoga mexicana y responsable del área de articulación académica e investigación en el Centro Latinoamericano de Formación Teológica y Bíblica a Distancia. Promueve la educación liberadora y comunitaria.

Diego Ramos

Educador y politólogo argentino, militante político y educador popular. Profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas, presidente del Partido Nacional República Modelo y director del Centro de Educación Popular Antonio Gramsci.

Katya Colmenares

Filósofa mexicana, especialista en filosofía de la liberación y doctora en Humanidades con enfoque en filosofía política por la Universidad Autónoma Metropolitana.

Yenny Delgado

Teóloga y psicóloga peruana, doctoranda en Ciencias Sociales de la Religión en la Universidad de Lausana. Convocante de Mujeres Haciendo Teología en Abya Yala, directora de PUBLICA y una de las principales impulsoras de la Teología Abya Yala.

Una teología desde Abya Yala

Cada una y cada uno aportará desde su experiencia, trayectoria y compromiso comunitario para enriquecer este proceso formativo, promoviendo espacios de intercambio, reflexión crítica y aprendizaje colectivo.

El nombre Abya Yala proviene de la lengua Guna y significa “tierra en plena madurez” o “tierra de sangre vital”. Su uso representa simbólicamente la conectividad de nuestros pueblos y territorios, así como la decisión política y espiritual de dejar atrás denominaciones coloniales como América Latina, Hispanoamérica o Las Américas, nombres que históricamente han fragmentado y subordinado las identidades de nuestra madre tierra.

Para seguir conociendo más lea teología Abya Yala

Una relectura desde el Areópago

Por Amós Joel Pagán Ríos

Puerto Rico no parece estar ante la desaparición de la fe, sino ante una transformación profunda de sus formas de expresión. La reseña publicada por El Nuevo Día sobre el estudio de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico plantea un dato que la iglesia no debería mirar con ligereza: existe una alta identidad religiosa entre las personas puertorriqueñas, pero una menor participación en prácticas institucionales formales. El reportaje señala que la investigación estima un alto porcentaje de identificación cristiana y, al mismo tiempo, una brecha creciente entre afiliación religiosa y práctica institucional. También recoge el llamado de los investigadores a que las instituciones eclesiales reconecten con la realidad social y reconozcan expresiones de espiritualidad más allá de sus estructuras tradicionales. 

Ese dato no debe convertirse en una excusa para la nostalgia ni en un argumento para la condena. La pregunta no puede ser únicamente por qué la gente no está llegando al templo. Tal vez la pregunta más honesta sea otra: ¿qué ha ocurrido para que tantas personas conserven una identidad religiosa, una sensibilidad espiritual, pero ya no encuentren en la institución eclesial un lugar para vivirla? No se trata de asumir que toda distancia o permanencia institucional sea madurez espiritual. El asunto es más complejo y  precisamente por eso merece una lectura pastoral, teológica y autocrítica.

Hechos 17 ofrece una escena para pensar este desafío, siempre que evitemos leerla de manera anacrónica. Atenas no es Puerto Rico. El Areópago no es una plaza pública caribeña, ni Pablo es un conferenciante moderno diseñando estrategias de relevancia cultural. El texto nace en el contexto de una ciudad antigua atravesada por símbolos religiosos, tradiciones filosóficas, tensiones culturales y estructuras imperiales. Sin embargo, el pasaje nos permite contemplar una postura que sigue siendo significativa. Pablo no comienza hablando desde el desprecio ni la indiferencia, sino desde la observación.

Según el relato, Pablo se inquieta al ver la ciudad llena de ídolos. Pero esa inquietud no lo lleva a insultar a quienes tiene de frente. Dialoga en la sinagoga, conversa en la plaza y, cuando llega al Areópago, parte del indicador de un altar dedicado “al Dios no conocido”. Pablo no convierte esa observación en burla, sino que la convierte en punto de contacto. Su palabra no nace de la comodidad de quien habla solo para los suyos, sino del riesgo de quien escucha una ciudad antes de anunciarle algo. Su discurso no parece abandonar el corazón del evangelio, pero tampoco lo presenta en un lenguaje desconectado de las búsquedas de quienes le escuchan.

Ahí hay una lección importante para la iglesia en Puerto Rico. Muchas personas no han dejado de buscar a Dios. Algunas oran en silencio, piden bendición, agradecen la vida, encienden una vela, lloran a sus muertos, comparten frases bíblicas, se aferran a una promesa o buscan consuelo en medio de la precariedad. Pero no necesariamente encuentran en la iglesia institucional un espacio donde esa búsqueda pueda madurar con libertad, profundidad y acompañamiento. En algunos casos, la distancia nace del cansancio, heridas o de la percepción de que la iglesia habla mucho de Dios, pero escucha poco la vida real.

La iglesia debe resistir la tentación de responder con expresiones livianas. No basta decir que “la gente se ha enfriado” o que “ya no hay compromiso como antes”. Ese tipo de lecturas puede tranquilizar a quienes siguen dentro, pero no necesariamente revela la verdad completa. También habría que preguntar si nuestras comunidades han confundido tradición con inmovilidad, doctrina con rigidez, santidad con aislamiento, evangelización con insistencia o fidelidad con repetición de formas heredadas. Una institución puede preservar lenguaje religioso y aun así perder capacidad de encuentro en comunidad. 

Lo relevante de la iglesia no consiste en perseguir cada novedad cultural para no sentirse atrasada. No se trata de popularidad, hacer ruido o entretener. Es preguntarse cómo el evangelio se encarna hoy en un país marcado por la ansiedad económica, la migración, el envejecimiento poblacional, la violencia, el deterioro de la confianza pública, la fragmentación familiar y la búsqueda de sentido fuera de las instituciones tradicionales. Una iglesia que no sabe nombrar esas realidades difícilmente podrá acompañarlas. 

En el discurso de Pablo hay una afirmación teológica que incomoda a toda institución religiosa: Dios no habita en templos hechos por manos humanas ni depende de nuestras estructuras para dar vida. Esto no destruye la necesidad de la comunidad de fe, pero sí la libera de la tentación de poseer a Dios. La iglesia no existe para controlar lo sagrado, sino para testimoniar al Dios que da vida, aliento y esperanza. Cuando una institución olvida esto, comienza a defender su lugar social con más fuerza que su vocación de anunciar la buena noticia. 

Puerto Rico también tiene sus areópagos. No son de piedra antigua ni están llenos de filosofía griega, pero existen en las calles, en los hospitales, los hogares, las escuelas, en los espacios digitales y en la vida cotidiana de quienes siguen buscando a Dios. Allí, entre altares visibles e invisibles, la iglesia está llamada a mirar antes de hablar, escuchar antes de responder y discernir antes de juzgar. La pregunta no es solamente si Puerto Rico todavía cree. La pregunta es si la iglesia estará dispuesta a subir de nuevo al Areópago. No como quien va a conquistar una plaza, sino como quien se acerca a una ciudad herida para testimoniar al Dios que da esperanza;

Amós Joel Pagán Ríos es pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, estudiante de Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico, y tanatólogo certificado. Reside en Bayamón, Puerto Rico. Correo electrónico: amospagan12@gmail.com

Voces Jóvenes: Nuevas miradas en la teología Pública

Nos complace presentar Voces Jóvenes, una nueva sección dentro de nuestra página Pública Theology, creada como un espacio de expresión, reflexión y diálogo para las nuevas generaciones.

Este proyecto se desarrolla en colaboración con Frederick Xavier Rodríguez-Castro profesor y teólogo puertorriqueño, junto a un grupo de 9 estudiantes mujeres del curso Sociología para la Vida, quienes han sido seleccionadas por su interés y compromiso con la escritura crítica y la participación social para inaugurar esta nueva columna Voces Jóvenes. A través de esta iniciativa, las estudiantes tendrán la oportunidad de redactar, crear y publicar sus propias reflexiones sobre temas relevantes en la sociedad actual.

La propuesta responde a la expectativa esencial que promueve la redacción y publicación en plataformas digitales para analizar las ventajas de integrar la tecnología en los procesos de investigación, análisis y evaluación sociopolítica. Asimismo, fortalece la competencia de comunicar ideas de manera efectiva a través de redes sociales, fomentando una participación activa y responsable en el entorno digital.

Publica Theology da la bienvenida a estas nueve estudiantes, reconociéndolas como el presente y el futuro de mujeres líderes, capaces de aportar ideas, cuestionar realidades y generar cambios desde la palabra escrita.

Al mismo tiempo, abrimos este espacio a otros jóvenes que deseen compartir sus reflexiones, contribuyendo a la construcción de una comunidad más consciente, crítica y participativa.

Para más información pueden escribir a ydelgado@publicatheology.org

Llevaron cadenas, pero trazaron rutas

Por Alondra Ortiz Ortiz 

Como joven puertorriqueña siempre he escuchado de mujeres del pasado que marcaron nuestra historia. Por sus acciones las veían como revolucionarias; hoy en cambio las reconocemos como líderes y profundo agradecimiento. Una de ellas fue, Luisa Capetillo mujer negra puertorriqueña, escritora, feminista y líder laboral. Primera mujer puertorriqueña en ponerse pantalón en la isla vecina Cuba (1915) y desafió las normas de género. Luego, de ese evento revolucionario fue encarcelada por “causar un escándalo”. Fue encarcelada su valentía de querer una igualdad que hiciera que estuviera cómoda. Incluso, según los medios, la acusaron de escandalizar con su “excéntrico capricho”. Ser mujer y buscar lo que nos hace feliz no es un capricho, es un deber.

            Otra mujer que sufrió al buscar igualdad y comodidad fue Juana Agripina. Es un excelente referente cuando pensamos en nuestros ancestros cimarrones. Al año de nacer en el pueblo de San Germán fue vendida, prestada y esclavizada. Ella realizó varios intentos por su libertad, no obstante, ella sabía que sin carta de libertad no se reconocería como libre. Es muy lamentable que por un papel se defina tu estatus, religión, comportamiento o vestimenta. Aunque en occidente disfrutamos de cierta libertad y equidad, todavía en algunos trabajos se les paga menos a las mujeres, las menosprecian en canciones de salsa, reggaetón o trap y continúa el estereotipo de que solo están hechas para tareas domésticas y no para trabajar y ser grandes como gobernadores, autores, pilotas, incluso mecánicas automotriz, entre otras gerencias y puestos de liderazgo.

Algunas jóvenes que se están levantando no tienen cadenas en manos y pies, pero si, un cerebro donde el patriarcado lideró en sus casas, escuelas u otras instituciones y que siempre se desprecian o se minorizan así mismas; porque vieron y escucharon desde pequeñas que las mujeres no pueden aspirar a más. En ocasiones no fue un mensaje directo, pero al no destacar mujeres en libros escolares, no crear esa imagen sobre mujeres con grandes aportaciones; en consecuencia, se produce una mente femenina arropada por el patriarcado.

Así como Luisa Capetillo y Juana Agripina se levantaron y desafiaron los límites, así deben continuar las mujeres que van creciendo. Desafiar los límites por un mundo mejor, donde las chicas no tengan miedo a ser inteligentes, donde todas puedan practicar su fe libremente sin ser juzgadas ni señaladas. Que puedan participar de una teologíaia pública a través de un lente de fe, que puede conversar sobre sus problemas sociales, culturales y políticos, par aun mundo justo.  Una mujer muy conocida por ser esclava, pero que sobrepasó los límites fue Harriet Tubman, la valentía arropó su mente y corazón y salió de Maryland a Filadelfia donde encontró su libertad. Se convirtió en abolicionista y luchó incansablemente por el sufragio de la mujer. La conocían como “Moisés” porque creó un ferrocarril subterráneo donde liberó a más de 300 personas y cuando estuvo en la Guerra Civil se convirtió en la primera mujer liderando un asalto armado donde liberaron a más de 700 personas. 

Así como Tubman reconoció que la libertad no era solo para ella y la compartió. Nosotros debemos ser puentes que conecten a otros a su alegría, paz, descanso mental, alimento físico y espiritual. En la Biblia se presenta una mujer llamada Dorcas  quien fue una discípula en Jope, conocida por su servicio abnegado, haciendo ropa para viudas y pobres. Al servir a los marginados reflejaba el carácter de Jesús ganando el cariño de la comunidad y conectándolos con la fe. Una conexión que se da a través del amor y el servicio. Cuando hacemos el trabajo sin amor nos convertimos en esclavos, pero cuando servimos de corazón nuestra alegría no viene por lo que recibimos, sino por lo que damos.

La vida se trata de tomar decisiones constantemente, sin embargo, uno no elige su color de piel, la forma de cabello, y el sexo con el que se nace. No debemos ser juzgados ni criticadas por eso, en estos tiempos todavía es un problema el ser mujer.

Debemos de recordar el dicho de las mujeres originaria “Por más que nos quieran enterrar somos semillas que vamos a florecer”. Nadie debe dictar quién debemos ser, aunque existan tiranos, dictadores o religiones que se apoderen de la voluntad de las mujeres, todas portan una esencia inigualable que ninguna tela podrá cubrir y podemos seguir renaciendo. La poeta puertorriqueña Julia de Burgos decía: “A mí me pinta el sol y me riza el viento”. Deseo que cada mujer pueda brillar y cada rayo de luz sea un recordatorio de su valor. Además, que cada viento que repose en su rostro las haga sentir libres de moverse a su felicidad. Oro para que cada mujer se sienta confiada en quién es y sus raíces estén bien cimentadas para que puedan dar fruto a través del servicio a otros y para que nadie las haga dudar de lo resilientes que pueden llegar a ser.

Hoy nos toca continuar siendo el eco de Luisa Capetillo, la resistencia de Juana Agripina, la valentía de Harriet Tubman y la voz libre de Julia de Burgos. Somos descendientes de mujeres que no pidieron permiso para existir, sino que accionaron para ser.

Si la historia de la humanidad está incompleta a causa de la mujer, entonces aún queda mucha historia por contar. Cada vez que una mujer se levanta y piensa por sí misma rompen las cadenas que durante tantos años intentaron definirla. Aún hay derechos que conseguir, países por presidir, espacios por liderar y mujeres por liberar. Agradezco a las mujeres que aunque llevando cadenas trazaron nuevas rutas para la libertad.

Teólogas en el cristianismo global

Como teóloga que ha estudiado en varios países y continentes, siempre me ha interesado conocer y compartir el trabajo de las mujeres en el quehacer teológico. Con el tiempo, he descubierto una amplia diversidad de voces que a menudo son invisibilizadas, pero que tienen un gran impacto en el pensamiento teológico en todo el mundo. Las mujeres teólogas están interpretando la fe en sus propios contextos, cuestionando estructuras patriarcales, probando nuevos enfoques y encontrando nuevas formas para que la teología responda a las preguntas mas vitales de la vida de las mujeres desde aspectos y contextos locales, continentales y globales. 

Como teóloga que ha estudiado en varios países y continentes, siempre me ha interesado conocer y compartir el trabajo de las mujeres en el quehacer teológico. Con el tiempo, he descubierto una amplia diversidad de voces que a menudo son invisibilizadas, pero que tienen un gran impacto en el pensamiento teológico en todo el mundo. Las mujeres teólogas están interpretando la fe en sus propios contextos, cuestionando estructuras patriarcales, probando nuevos enfoques y encontrando nuevas formas para que la teología responda a las preguntas mas vitales de la vida de las mujeres desde aspectos y contextos locales, continentales y globales. 

Este conjunto de artículos, escritos durante los últimos cinco años, resalta el trabajo de 50 teólogas más relevantes del quehacer teológico en diversos continentes. Cada teóloga tiene su propia historia, desafíos y esperanzas, pero todos están unidas por un compromiso por sus comunidades de fe, por construir en justicia y liberación.
​Te invito a descubrir, valorar y celebrar el importante trabajo de las mujeres teólogas desde sus territorios.

Mujeres haciendo teología en Abya Yala: las teólogas comparten perspectivas influenciadas por la teología de la liberación, los saberes ancestrales de los pueblos originarios, y fomentan una reflexion desde las perspectivas comunitarias y feministas. Las teólogas cuestionan la opresión y promueven la dignidad, la teología está estrechamente vinculada a la lucha por la justicia, la descolonización, la memoria y la resistencia.

Mujeres haciendo teología en África: las teólogas se centran en la comunidad, la tradición, la identidad después del colonialismo y la fe en la vida cotidiana. A menudo utilizan historias, tradiciones orales y experiencias locales para abordar la justicia de género, la pobreza y el papel de las mujeres en el liderazgo de la iglesia. La teología de las mujeres africanas es dinámica, contextual y profundamente conectada con la vida diaria.

Mujeres haciendo teología en Asia: las teólogas analizan la fe a través del diálogo interreligioso, la diversidad cultural y el cambio social. Con frecuencia abordan temas como la exclusión, la migración y la relación entre la fe, la política y la economía. La teología de las mujeres asiáticas suele destacar la armonía, la fortaleza y la búsqueda de sentido en sociedades diversas.

Mujeres haciendo teología en Europa: las teólogas cuestionan las tradiciones teológicas patriarcales y proponen nuevas formas de abordar los temas actuales como la secularización, la igualdad de género y el futuro de la iglesia. Su trabajo a menudo conecta la teología académica con los debates públicos sobre identidad, ética y creencias en la actualidad.

Mujeres haciendo teología en Estados Unidos: las teólogas han contribuido a dar forma a la teología feminista, la teología mujerista y otros enfoques contextuales. Su trabajo muestra cómo se entrelazan la ancestralidad, el género, la clase y la religión, ofreciendo críticas sólidas y nuevas propuestas para un cristianismo más inclusivo y justo.
Todas estas voces muestran que la teología no se limita a una sola perspectiva o lugar. Es una conversación dinámica y global, moldeada por las experiencias e ideas de mujeres de diversos contextos. Su trabajo continúa transformando el cristianismo global y nos invita a escuchar, aprender y comprometernos más profundamente.

¡Siéntete libre de explorarlos y compartirlos!

Mujeres haciendo teología en África
Mujeres haciendo teología en Asia
Mujeres haciendo teología en Abya Yala
Mujeres haciendo teología en Europa
Mujeres haciendo teología en Estados Unidos


Yenny Delgado
Teóloga y psicóloga peruana. Durante más de una década, ha trabajado con comunidades de fe, movimientos sociales y gobiernos locales para promover una educación descolonial. Es parte del Comité Asesor de Políticas Sociales de la Iglesia Presbiteriana. También forma parte del Comité Directivo del estatus de las Mujeres y Género de la Academia de la Religión Americana. Yenny es fundadora y directora de Publica Theology y convocante de Mujeres haciendo teología en Abya Yala, una comunidad ecuménica, feminista e intergeneracional.

El cuerpo es territorio sagrado: reflexión teológica desde la experiencia de las mujeres

Por Lisette Genao Duran 

Durante siglos, buena parte de la reflexión teológica ha girado en torno al alma, la salvación y la vida espiritual, dejando en segundo plano una dimensión fundamental de la existencia humana: el cuerpo.

Y, de manera particular, del cuerpo de las mujeres.

En muchos espacios religiosos, el cuerpo femenino ha sido objeto de control y vigilancia. A las mujeres se les ha enseñado a disciplinarlo o a desconectarse de él como parte de una supuesta vida espiritual “más elevada”. Sin embargo, esta mirada contrasta con la tradición bíblica, que afirma que la creación —toda la creación— es buena.

Recuperar una teología del cuerpo desde la experiencia de las mujeres no es un ejercicio ideológico; es, más bien, un acto de fidelidad a una fe que afirma la dignidad integral del ser humano.

El cuerpo en la historia de la fe

El relato del Génesis ofrece un punto de partida: el ser humano es creado como una unidad. No hay una división jerárquica entre alma y cuerpo; ambos forman parte de la misma realidad querida por Dios.

Con el tiempo, algunas corrientes teológicas privilegiaron lo espiritual por encima de lo corporal. Ese dualismo marcó la manera de entender el cuerpo y, con particular fuerza, el cuerpo de las mujeres.

Así, el cuerpo dejó de percibirse como espacio de revelación y pasó a ser territorio de sospecha; en las mujeres, esto se tradujo en normas y silencios que limitaron su autonomía, su voz y el valor de su propia experiencia.

El cuerpo como lugar de experiencia

Desde la psicología, sabemos que el cuerpo no es solo una estructura biológica: es también un lugar donde se inscriben las emociones, la historia personal y las experiencias de vida.

El cuerpo recuerda: el dolor y el cuidado, la violencia y la ternura. En muchas mujeres, es el lugar donde se ha vivido tanto la vida como la herida.

Recuerda el dolor, pero también el cuidado; recuerda la violencia, pero también la ternura. En el caso de muchas mujeres, el cuerpo ha sido el lugar donde se ha vivido tanto la vida como la herida.

Por eso, hablar del cuerpo desde la teología no puede hacerse de manera abstracta: exige reconocer realidades concretas y, ante todo, escuchar.

Jesús y los cuerpos invisibilizados

En los evangelios encontramos a un Jesús profundamente conectado con la realidad corporal de las personas.

  • Toca cuerpos considerados impuros.
  • Sana cuerpos enfermos.
  • Se deja tocar por una mujer que llevaba años sangrando.
  • Defiende el cuerpo de una mujer que iba a ser apedreada.

Estos gestos rompen con normas sociales y religiosas de su tiempo y muestran que Jesús no evita el cuerpo: lo dignifica; no lo controla: lo libera.

En una sociedad donde muchos cuerpos eran marginados, Jesús los coloca en el centro de su acción. Por eso, el cuerpo no es un obstáculo para la experiencia de Dios, sino uno de sus principales lugares de encuentro.

El cuerpo de las mujeres: entre silencio y resistencia

A lo largo de la historia, el cuerpo de las mujeres ha sido interpretado desde miradas externas —religiosas, culturales y políticas—, y pocas veces se ha escuchado su propia voz sobre la experiencia corporal.

En las últimas décadas, muchas mujeres han comenzado a nombrar lo vivido: la herida, pero también el deseo, la autonomía y una espiritualidad encarnada.

Ese acto de nombrar ha sido también un proceso de recuperación.

  • Recuperar el cuerpo como propio.
  • Recuperar la capacidad de decidir.
  • Recuperar la relación entre cuerpo y espiritualidad.

Lejos de ser una amenaza para la fe, este proceso puede enriquecer de manera profunda la comprensión teológica.

Una espiritualidad encarnada

La encarnación es uno de los pilares de la fe cristiana: Dios se hace cuerpo.

Este hecho afirma que lo humano, lo material y lo corporal no están separados de lo divino; pero a menudo queda en el plano doctrinal y no transforma la manera en que habitamos nuestros cuerpos.

Una espiritualidad encarnada reconoce que:

  • El cuerpo es parte de la experiencia de fe.
  • El cuidado del cuerpo es una práctica espiritual.
  • La dignidad corporal es un valor teológico.

Esto implica también cuestionar aquellas prácticas religiosas que generan culpa, miedo o vergüenza en relación con el cuerpo.

El cuerpo como territorio sagrado

Hablar del cuerpo como territorio sagrado implica reconocer que no es un objeto disponible para el control de otros, sino un espacio donde habita la dignidad.

En contextos donde los cuerpos de las mujeres han sido vulnerados —por la violencia, la pobreza, la desigualdad o la falta de acceso a derechos básicos—, afirmar la sacralidad del cuerpo es también una postura ética.

  • Afirmar que la vida de las mujeres importa.
  • Afirmar que sus experiencias importan.
  • Afirmar que su integridad no puede ser negociada.

Desde esta perspectiva, la defensa de los derechos que afectan el cuerpo —como la salud, la autonomía y la integridad física— no es ajena a la fe: es una expresión concreta de ella.

Hacia una teología que escuche

La teología tiene hoy el desafío de escuchar con mayor atención.

  • Escuchar las voces de las mujeres.
  • Escuchar sus experiencias corporales.
  • Escuchar las realidades que han sido ignoradas o minimizadas.

No se trata de abandonar la tradición, sino de releerla a la luz de la vida. Las preguntas que emergen desde el cuerpo —dolor, placer, salud, violencia, dignidad— también son preguntas teológicas y merecen ser atendidas con seriedad.

Un llamado a reconciliarnos con el cuerpo

Tal vez uno de los desafíos más urgentes para muchas personas de fe sea reconciliarse con su propio cuerpo.

  • Dejar de verlo como enemigo.
  • Dejar de vivirlo con culpa.
  • Dejar de desconectarnos de él.

Reconocer el cuerpo como parte de la vida creada por Dios abre la posibilidad de una espiritualidad más plena, humana y honesta. En las mujeres, este proceso puede ser profundamente liberador.

Recuperar el cuerpo como territorio sagrado es un acto personal y colectivo que transforma cómo entendemos la fe, la dignidad y la vida.

Lisette Genao Durán es psicóloga y teóloga, presidenta de Alianza Cristiana Dominicana (ACD) y de Católicas por el Derecho a Decidir República Dominicana (CDD-RD). Trabaja en la intersección entre fe, justicia social y derechos humanos, con énfasis en la dignidad, la autonomía y la vida de las mujeres.

Women Theologians in World Christianity

As a female theologian who has studied in several countries and continents, I have always been interested in learning about and sharing the work of women doing theology. Over time, I have discovered a wide range of voices that are often overlooked but have a big impact on theological thinking around the world. Women theologians are interpreting faith in their own settings, questioning old structures, trying new approaches, and finding new ways for theology to address social, cultural, and spiritual issues.

This set of articles shares some of that work, showing how women are practicing theology in different parts of the world. Each place has its own history, challenges, and hopes, but all are united by a commitment to faith, justice, and community.

In Africa, women theologians focus on community, tradition, identity after colonialism, and real-life faith. They often use stories, oral traditions, and local experiences to talk about gender justice, poverty, and women’s roles in church leadership. African women’s theology is lively, rooted in context, and connected to daily life.

In Asia, women theologians look at theology through interreligious dialogue, cultural diversity, and social change. They often talk about issues like exclusion, migration, and how faith connects with politics and the economy. Asian women’s theology often highlights harmony, strength, and the search for meaning in diverse societies.

In Europe, women theologians question old theological traditions and offer new ideas. They address current issues like secularization, gender equality, and the future of the church. Their work often connects academic theology with public discussions about identity, ethics, and belief today.

In Abya Yala, women theologians share views shaped by liberation theology, indigenous beliefs, and feminist and womanist ideas. They challenge oppression and support dignity, community, and the value of life. Here, theology is closely tied to the fight for justice, decolonization, memory, and resistance.

In the United States, women theologians have helped shape feminist theology, womanist theology, and other approaches based on context. Their work shows how ethnicity, gender, sex, education, and religion connect, offering strong critiques and new ideas for a more inclusive and fair Christianity.

All these voices show that theology is not limited to one view or place. It is a lively, worldwide conversation shaped by women’s experiences and ideas from many backgrounds. Their work keeps changing World Christianity and invites us to listen, learn, and get more involved.

These articles invite you to discover, appreciate, and celebrate the important work of women theologians in shaping Christianity today and in the future.

Feel free to explore and share them!

📍 Women Doing Theology in Africa

📍 Women Doing Theology in Asia

📍 Women Doing Theology in Abya Yala

📍 Women Doing Theology in Europe

📍 Women Doing Theology in the United States

Yenny Delgado is a Peruvian theologian and psychologist. For more than a decade, she has engaged with faith communities, social movements, and local governments to advocate for decolonial education. She is a member of the Advisory Committee on Social Witness Policy within the Presbyterian Church. Yenny serves on the Steering Committee of AAR’s Status of Women and Gender in the Professions Committee. She is the director of Publica Theology and the convener of Women Doing Theology in Abya Yala, an ecumenical, womanist, and intergenerational theological community. She is recognized as a leading and foundational voice of Abya Yala Theology.

WOMEN DOING THEOLOGY IN EUROPE

European women theologians have played an important role in Christian theology from the start. Like men, they have been deeply involved in theological work. However, their contributions were often overlooked, especially in the Catholic tradition, where women were not given recognition or a voice until recently. Women in Protestant churches have faced similar obstacles.

With the rise of women’s movements and feminist ideas, European women theologians have helped shape feminist theology and encouraged critical thinking in academic circles. The list below introduces some of the most important figures, outlining their backgrounds and main achievements.

Here are ten of the most influential European women theologians you should know:

1. Elisabeth Schüssler Fiorenza (Germany)
Elisabeth is known as a pioneer in feminist biblical interpretation. She studied theology at the University of Würzburg and the University of Münster, earning a doctorate in Sacred Theology. Her work brings attention to women’s roles in early Christianity and supports gender equality in theology. She has inspired many theologians and left a strong mark on feminist theology.

Notable book:
In Memory of Her: A Feminist Theological Reconstruction of Christian Origins


2. Sarah Coakley (United Kingdom)
Sarah is a British theologian and philosopher. She studied at the University of Cambridge and later earned a doctorate in theology and a Master of Divinity from Harvard Divinity School. As a systematic theologian, she is known for her work on Trinitarian theology and how it relates to gender and sexuality.

Her work encourages a more inclusive view of theology and has influenced feminist theology by questioning traditional ideas.

Notable book:
Powers and Submissions: Spirituality, Philosophy and Gender


3. Halyna Teslyuk (Ukraine)
Halyna studied theology and philosophy at the Lviv Theological Academy. She earned a degree in Sacred Scripture from the Pontifical Biblical Institute in Rome and holds a doctorate recognized by Ukraine’s Ministry of Education.

As an Associate Professor of Old Testament at the Ukrainian Catholic University in Lviv, she has advanced biblical studies, cultural memory, and women’s studies related to the ancient Near East.


4. Maggi Dawn (United Kingdom)
Maggi is an ordained Anglican theologian. She studied Samuel Taylor Coleridge’s theology at Selwyn College, Cambridge, and has been Director of St Mary’s College at Durham University.

She is also a musician and composer, bringing a unique view to theology by connecting it with the arts, poetry, liturgy, and worship.

Notable book:
The Writing on the Wall: High Art, Popular Culture and the Bible


5. Tina Beattie (United Kingdom)
Tina graduated with honors in Theology and Religious Studies from the University of Bristol and later earned a doctorate focused on Marian theology and Christian symbolism. As a Catholic theologian, she specializes in Marian theology, medieval mysticism, and environmental theology.

She has contributed to ecological theology, especially in response to Pope Francis’s Laudato Si’, and brings together literature, art, music, poetry, gender theory, and sacramentality in her work. She is known for supporting gender justice and rethinking Catholic doctrine from a feminist point of view.

Notable book:
New Catholic Feminism: Theology and Theory


6. Anne-Marie Pelletier (France)
Anne-Marie is a French Catholic exegete and theologian and a member of the Pontifical Academy for Life. She studied at the Catholic Institute of Paris and earned a doctorate in Religious Sciences.

Her work helps deepen understanding of women’s roles in the Bible. She is currently on the commission studying the female diaconate, set up by Pope Francis.

Notable books:
The Sign of the Woman
Figures of Women in the Bible


7. Teresa Forcades (Spain)
Teresa is a Benedictine nun, physician, and theologian. She studied medicine at the University of Barcelona, specialized in internal medicine in the United States, and later earned a Master’s degree in Protestant theology from Harvard University.

She supports greater justice and equality in the Church and society and is known for her critical views on capitalism and the pharmaceutical industry.

Notable books:
Feminist Theology in History
The Trinity Today


8. Elisabeth Moltmann-Wendel (Germany)
Elisabeth (1926–2016) was a German feminist theologian who founded the European Society of Women in Theological Research (ESWTR) in 1986. She earned her doctorate at the University of Göttingen.

As a pioneer in feminist theology, she focused on the theology of the body, embodied spirituality, and the value of human relationships and friendship.

Notable books:
I Am My Body: New Forms of Embodiment
Rediscovering Friendship


9. Serena Noceti (Italy)
Serena studied theology at the Pontifical Gregorian University in Rome, where she earned her doctorate. She is known for her work in ecclesiology and liturgical theology.

She supports a new understanding of the Church’s role today, including more inclusion of women in church structures.

Notable book:
Ecclesiology in Dialogue: The Church as Community and Communion


10. Anne-Marie Reijnen (Netherlands)
Anne-Marie is a Protestant theologian and educator from the Netherlands, known for her academic work and involvement with current theological issues. She is now a professor at the Catholic University of Paris and has taught dogmatics in Brussels.

She earned her doctorate in Systematic Theology from the University of Strasbourg and was ordained in 1986. Her work centers on eco-theology, Christology, and interreligious dialogue, with a strong feminist view and dedication to ecological responsibility.

Notable book:
The Stranger and the Other: Hospitality and Identity in Dialogue


These ten theologians have each made important contributions to European theology from different perspectives. Their work and dedication to both scholarship and society make them essential reading for anyone interested in theology today.

When a President Opens the Bible

By Eliezer Burgos-Rosado

On April 21, 2026, it has been announced that Donald Trump, from the Oval Office, plans to read a passage from 2 Chronicles before his nation and the world. The scene is striking: the presidential desk, the flag, the seal of the United States in the background, and the president with an open Bible, speaking in a solemn tone. For many Christians, that image stirs hope: “at last a leader who acknowledges God.” But the decisive question is not which text Donald Trump will read, but whether we are willing to let that text judge him… and judge us.

The passage he has chosen, 2 Chronicles 7:11–22, was not written to adorn presidential speeches but to examine the relationship between the house of God, the people of God, and political power. The passage begins by establishing that Solomon finished two houses: the house of the Lord and the king’s house. Temple and palace. God’s presence and royal power, side by side but not confused. From the very first verse, an uncomfortable question rises: who serves whom? Will the king be submissive to the God of the temple, or will he try to use the temple to legitimize his own power?

That is the mirror in which we must look when we see Donald Trump seated in the Oval Office reading a portion of 2 Chronicles. It is not enough to get excited because “a president is quoting Scripture.” The king’s house is never above God’s house, and the God of the Bible is not institutional scenery for any national project. The risk is that the Word will lose its prophetic edge and end up reduced to religious props for an act of power.

God’s response to Solomon is both comfort and confrontation: “I have heard your prayer… I have chosen this house… my eyes and my heart will always be there.” God comes near, listens, watches, feels. Today as well, God sees our institutions, our borders, our prisons, our economic systems, and our public rhetoric. But that presence is not an automatic seal of approval. “My eyes and my heart will be there” means that God scrutinizes what takes place: how people govern, how they treat foreigners, the poor, and opponents; what they do with truth, with justice, and with the lives of the vulnerable.

Trump reading a verse from the Oval Office does not mean that God endorses his style of leadership. The God of 2 Chronicles is not available for hire to deliver a national agenda. God is not impressed by a televised appearance with a Bible on hand. God looks at the fruit behind the appearance. God looks at immigration policies that separate families and criminalize refugees. God looks at language that demeans women, minorities, and political opponents. God looks at the declared love of weapons, the normalization of lying, and the nostalgia for brute force as a solution.

In that context, the famous verse 14—“If my people humble themselves, pray, seek my face, and turn from their wicked ways… I will heal their land”—runs the risk of becoming a sort of empty “national prayer.” Read from behind the presidential desk, it can sound like this: “if the nation listens to me while I read this, God will heal the country.” But the text does not say that. It does not mention a “strong leader,” or the right party, or victory at the polls. It speaks of the people of God, not of the state. It speaks of conversion, not protocol.

The order is revealing. First: “my people humble themselves.” They do not exalt themselves, do not consider themselves superior, do not raise their flag above all others, but acknowledge their sin and their complicity in injustice. Then: “pray and seek my face.” They do not merely seek “our side” winning, but the will of God, even if that calls their political alliances into question. Finally: “turn from their wicked ways.” Those ways include racism, contempt for migrants, verbal violence, abuse of power, and the excessive love of money and weapons, even when all of this is dressed in “Christian” language.

This is where the issue of violence and war also comes in. God does not say: “if my people arm themselves to the teeth, if they wage preemptive wars, if they crush their enemies, then I will heal their land.” The land is not healed with “blessed” bombs. It is healed when God’s people stop blessing violence and turn away from those evil paths. A Christianity that asks for “national healing” while applauding aggressive policies, unjust military interventions, or hate-filled speech is asking God to sign off on exactly what this text denounces.

Later, God places the throne under conditions: “if you walk in my ways, I will establish your kingdom.” The king is on probation. The same holds true for Trump and for any president or ruler. The question is not simply whether he “defends Christians,” but whether his decisions resemble the justice, truth, and mercy of the biblical God. If a government lies systematically, despises foreigners, stirs up resentment, normalizes cruelty, and glorifies force, no verse read on television can turn it into “the Lord’s anointed.”

The passage ends with a severe warning. It warns that if the people go after other gods, the house will be uprooted and become a mockery. Today, those “other gods” have very clear names: the nation turned into an absolute (“our country first, no matter the cost”), the leader elevated to messiah (“only Trump can save the faith”), money and economic success sacralized, war presented as a path to salvation. The greatest danger is not that the world has idols, but that the church turns a president into an idol and grants him an obedience that belongs only to Christ.

When we see Donald Trump open 2 Chronicles 7 from the Oval Office, we can listen to the text with respect. But biblical faithfulness does not allow us to turn off discernment. This is not about hating a man, but about refusing to call “gospel” what contradicts the character of Jesus Christ. This is not about despising politics, but about remembering that no human throne deserves our primary loyalty.

Perhaps the most honest question this passage leaves us with is not “Is Donald Trump on God’s side?” but “Are we on the side of the God who speaks in 2 Chronicles 7?” If we answer seriously, we will discover that the true healing of the land does not come through a solemn message from the Oval Office, but through a church that humbles itself, prays, seeks the Lord’s face, and turns away from the ways of lies, hatred, violence, and nationalism that it has blessed in God’s name for far too long.