La masculinidad de Jesús

Estamos poco acostumbrados a pensar y a aceptar en la práctica de vida de Jesús, gestos y acciones consideradas como asuntos exclusivos de las mujeres. Los estereotipos de masculinidad y femineidad predominantes, producto de conceptos patriarcales que se expresan en prácticas machistas visibles o encubiertas, actúan como barreras infranqueables para leer los Evangelios desde una óptica distinta. Desde una óptica liberadora y transformadora en las relaciones mujer-hombre, hombre-mujer.

La masculinidad, según las normas socialmente aceptadas y culturalmente validadas y justificadas, consideran como impropio de lo masculino expresiones naturales de nuestra humanidad como la ternura, derramar lágrimas (y peor aún si es públicamente), ocuparse de los quehaceres domésticos, cuidar y cargar a los niños cotidianamente, y manifestar nuestras emociones de manera visible. “Los hombres no lloran”, “los hombres no son para la cocina”, “los hombres no tienen que ser tiernos”, “los hombres no se rinden”, son frases que se escuchan con frecuencia en distintos espacios privados y públicos. Frases que reafirman, justifican y legitiman el machismo, presente incluso en las iglesias y en las familias evangélicas. 

La ternura de Jesús, particularmente en su trato con los indefensos de la sociedad mujeres, niñas, niños, cobradores de impuestos, enfermos de todo tipo, aparece como un eje transversal en los Evangelios. Una de las escenas más tiernas en los Evangelios es el momento en el que Jesús carga a un niño y ora por ellos. Jesús aparece en esta escena como una persona cuya ternura le conduce a desafiar y a cuestionar los estereotipos sociales, culturales y religiosos, según los cuales un maestro no podía perder el tiempo con personas insignificantes, como los niños o los infantes.

En un mundo en el que las mujeres estaban confinadas al desván de las relaciones sociales, Jesús de Nazaret, con sus palabras y sus gestos de amor y justicia, rompió frontalmente con las categorías sociales, culturales y religiosas de su tiempo, forjando nuevas formas de relaciones hombre-mujer, mujer-hombre, realizando tareas domésticas social y culturalmente asignadas a las mujeres.

Juan en el Evangelio que lleva su nombre es el único que registra un incidente de Jesús resucitado en el cual los discípulos son atendidos por el Maestro luego de una ardua jornada de trabajo en la que no habían pescado nada durante una noche y madrugada. Debió haber sido una experiencia difícil para ellos, pescadores expertos y diestros como estos galileos, no conseguir nada luego de tanto trabajo. Cansados, hambrientos y frustrados, tuvieron que seguir las instrucciones de un desconocido que, desde la orilla del Lago de Galilea, les ordenó que echaran la red al lado derecho, y la pesca que lograron fue abundante: 153 peces grandes (Jn. 21:11).

Llama la atención que Jesús, a diferencia de muchos de los hombres de su tiempo (y también de hoy), realizó acciones inusuales, inapropiadas, fuera de lugar, para el común de los hombres en las sociedades patriarcales y machistas. Jesús cocinó para los discípulos un desayuno reparador y saludable (pescado asado y pan), hizo las veces de anfitrión u hospedador, y sirvió los alimentos a pescadores cansados, hambrientos y frustrados. En todas esas acciones, consideradas como femeninas o propias de las mujeres, para nada menguó su masculinidad, hombría u hombridad. 

Juan en su relato subraya que cuando los discípulos descendieron de la barca «vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan» (Jn. 21:9). ¿Cómo consiguió Jesús el pescado? ¿Lo compró a los pescadores a orillas del Lago de Galilea o el mismo lo pescó? Antes de poner el pez a la brasa, ¿lo lavó, limpio y retiró las partes no comestibles o las vísceras? ¿Cómo consiguió la leña para las brasas? ¿Las recogió el mismo, las compró? Cualquiera sea la respuesta a estas preguntas, no queda duda que Jesús se ensució las manos, trabajó con esmero, con el fin de preparar y servir un desayuno nutritivo para los cansados pescadores galileos. ¡Jesús hizo las veces de cocinero experto!

En el relato se destaca también que Jesús, además de preparar el desayuno, invitó a los discípulos para que se sirvan del pan y del pescado que él tenía listos para comer: «Les dijo Jesús: Venid y comed…» (Jn. 21:12). ¡Hizo las veces de anfitrión u hospedador! Fue amable, bondadoso y gentil. Pero allí no terminaron las acciones de Jesús en favor de sus discípulos cansados, frustrados y hambrientos. Seguidamente, Juan en su relato, registra que Jesús: «…tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado» (Jn. 21:13). ¡Jesús actuó como una ama de casa, como un sirviente, como un criado!

Cuando Jesús realizó todas estas acciones que social y culturalmente estaban asignadas a las mujeres y eran propias de ellas o del mundo femenino del primer siglo (y también de este tiempo), ¿perdió su masculinidad, hombría u hombridad? ¿Se afeminó Jesús por hacer las veces de cocinero, anfitrión y servidor? ¿Puso en riesgo su masculinidad o con sus acciones de servicio afirmó más bien que la masculinidad, la hombría u hombridad, no depende de esas acciones, sino de la capacidad de no hacer diferencias y de servir a todos sin prejuicios de ningún tipo?

Los gestos y las acciones de Jesús enseñan que la masculinidad no depende ni está limitada a lo que, en las sociedades patriarcales, machistas y piramidales, se ha determinado que son los papeles o roles que les competen a los hombres. La masculinidad, según la práctica y el ejemplo de Jesús, se expresa y se vive también en el servicio desinteresado al prójimo. La masculinidad no se mella, disminuye, desfigura o altera, cuando un hombre cocina, atiende y sirve a los demás, o cuando un hombre realiza tareas consideradas femeninas o de mujeres. Estas acciones no son ni deben ser tareas exclusivas de las mujeres. La feminidad no se reduce a estas prácticas socialmente aceptadas y culturalmente justificadas como asunto de mujeres o quehaceres femeninos. La práctica de Jesús nos enseña que no tenemos que aceptar pasivamente que la masculinidad se reduzca a lo que la sociedad y la cultura consideran como masculino.

La masculinidad y la femineidad no es cuestión de papeles o roles asignados socialmente, validados culturalmente y justificados con la Biblia en la mano. La masculinidad y la femineidad no se reducen, limitan o confinan a ser tiernos, derramar lágrimas, ocuparse de los quehaceres domésticos o cuidar y cargar a los niños. La ternura, el dolor y las lágrimas, cocinar o preparar la mesa, ocuparse de los niños, no es asunto exclusivo de mujeres, sino de ser plenamente humanos, verdaderamente humanos, auténticos, vulnerables, solícitos, amables. Tiene que ver con expresar nuestra humanidad en la cotidianidad de las relaciones con el prójimo a quien estamos llamados a amar, servir y acompañar en cada tramo del camino. De lo que se trata es de ser solidarios y generosos en la alegría y en el dolor que compartimos como miembros de la familia humana. Se trata de ser lo que somos por la Gracia de Dios, sin menospreciar o desvalorizar la condición humana del prójimo, su sexualidad y sus emociones, y valorar y respetar la manera como expresa su masculinidad o femineidad en la cotidianidad de su peregrinaje humano.

La práctica de Jesús nos enseña a romper con los estereotipos y con las categorías sociales y culturales dominantes que cosifican a las personas limitando sus saberes, destrezas y aspiraciones. Cocinar, atender y servir a los demás, al prójimo, no es asunto de mujeres o quehaceres que solo les corresponde a ellas los hombres tambien estan llamados a servir.

Dr. Dario López 

Pastor, teólogo, escritor, profesor de varias instituciones de Educación teológica. Ha sido miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Bíblica Peruana, y miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) es pastor de la Iglesia Monte Sinaí en Villa María del Triunfo en Lima, Perú.

El papel de las mujeres

Por Dario López 

¿Tienen las mujeres un papel protagónico en la misión de Dios o son simples personajes secundarios en la historia de la salvación? A la luz de la propuesta teológica lucana se responderá a esta pregunta. En las cartas paulinas se encuentra referencias claves con respecto a la participación de las mujeres en la misión de Dios, como compañeras y colaboradoras encontramos a Priscila, Febe, Evodia, Síntique, Trifena, Trifosa, Pérsida, María y Junias. En Hechos de los Apóstoles, además de Priscila, destacan también Dorcas, Lidia y las hijas de Felipe.

¿Qué se afirma en el tercer evangelio con respecto al papel de las mujeres en la misión de Dios, tanto como beneficiarias de la buena noticia de salvación, y como embajadoras de la gracia de Dios?

La universalidad de la salvación y la amistad especial de Jesús de Nazaret con los que se encuentran en la periferia del mundo, hebras teológicas lucanas que tejen la alfombra sobre la que se asentó su práctica liberadora, tuvo como correlato la gestación de una comunidad alternativa a la sociedad circundante. La formación de esta comunidad tuvo consecuencias sociales y políticas que, a la larga, afectaron notablemente la estructura, mentalidad y modelo de vida del mundo patriarcal del primer siglo. Fue así, porque Jesús liberó integralmente a todos los que se unieron a su movimiento galileo. Liberó a las personas, hombres y mujeres de distinta condición de vida, de todas las opresiones que las cosificaban y deshumanizaban, convirtiéndolas en desperdicio cultural, social y religioso. El Jesús lucano rompe prejuicios sociales, culturales, religiosos y políticos, tanto de género como de generación, afirmando así la universalidad del amor de Dios. 

Entre estas personas estuvieron las mujeres galileas que, desde el inicio del movimiento de Jesús en la marginal Galilea, formaron parte de la comunidad de discípulos (Lc. 23:55). Jesús de Nazaret, a diferencia de los rabinos judíos y de las escuelas rabínicas de ese tiempo, además de aceptar mujeres como discípulas en clara oposición a las reglas socialmente aceptadas de ese tiempo, caminaba con ellas en lugares públicos y se relacionaba abiertamente con mujeres que tenían poder económico y con mujeres de dudosa reputación (Lc. 8:1-3). Esta fue una práctica contracultural y antisistema, única en su tiempo, y paradigmática para todos los tiempos. No se tiene que olvidar, además, que las mujeres que seguían a Jesús, si bien provenían de distintos estratos sociales asi tenemos a Juana y Susana en contraste con María Magdalena, compartían, sin embargo, la condición de personas excluidas en la sociedad estamental y patriarcal de Palestina.

El autor del tercer evangelio coloca a las mujeres como protagonistas de la historia de la salvación. Ellas no son simples espectadoras, personajes secundarios, accesorios desechables o material de relleno en la historia de Jesús que Lucas registra en su evangelio. En el evangelio lucano las mujeres no son ninguneadas o tratadas como sobrantes, nunca están calladas, y no son amordazadas o invisibilizadas. Hablan con su silencio o con su voz, con gestos y con palabras, con su compromiso firme con la vida. Ellas participan activamente en el movimiento de Jesús, son puestas como ejemplo y modelo de confianza en Dios, estuvieron al pie de la cruz y fueron testigos privilegiadas de la resurrección. Las mujeres galileas destacan por su compromiso público con Jesús (Lc. 8:1-3), su fidelidad hasta las últimas consecuencias (Lc. 23:49, 55-56), los riesgos que tuvieron que enfrentar cuando fueron a la tumba de Jesús (Lc. 24:1) y como pregoneras privilegiadas de la buena noticia de la resurrección de Jesús (Lc. 24:9-11). 

Sobre su protagonismo en la historia de la salvación, Lucas en el evangelio de infancia (Lc. 1-2), subraya que fueron testigos primarios del advenimiento del Mesías, portavoces del amor universal de Dios y sujetos favorecidos de la amistad especial que Dios tiene con los de la periferia del mundo. De esa manera, dos mujeres ancianas (Elisabet y Ana) y una joven campesina galilea (María), dan testimonio de la forma como Dios actúa en la historia, utilizando para su propósito de salvación a quienes para nada se les tenía en cuenta en el discurso oficial o que estaban consideradas como desperdicio social.

Las historias paradigmáticas de la suegra de Pedro (Lc. 4:38-39), la viuda de Naín (Lc. 7:11-17), la mujer que ungió a Jesús con perfume (Lc. 7:37-50), la hija de Jairo (Lc. 8:40-42, 49-56), la mujer que tenía flujo de sangre (Lc. 8:43-48), Marta y María (Lc. 10:38-42), la mujer encorvada (Lc. 13:10-17) y la viuda pobre (Lc. 21:1-4), abonan también en la misma dirección: el trato favorable que Jesús tuvo con las mujeres y su protagonismo central como sujetos del amor y de la justicia del reino de Dios.

Lucas puntualiza entonces, a lo largo de su historia de Jesús, que la buena noticia de salvación fue desmantelando, paso a paso, las estructuras de opresión de la sociedad estamental y patriarcal que tenía a las mujeres como menos importantes, como sobrantes, como ripio social, o como artículos accesorios. Al darles voz y ponerlas como protagonistas en la historia de Jesús, además de resucitarlas socialmente, valoró su dignidad como creación de Dios y reconoció su importancia como sujetos en pie de igualdad con los hombres. Aquí es importante acentuar el esmero que Lucas tiene en su evangelio por visibilizarlas, situándolas en el centro de las historias que registra, dejando que hablen con palabras y con gestos que dan testimonio de que han sido liberadas integralmente de todas las opresiones que las cosificaban y deshumanizaban. 

Las mujeres lucanas, como las mujeres galileas, son señales visibles de la presencia del reino de Dios que acoge a todos, transforma todo, y libera para disfrutar de la libertad y de la justicia de Dios en la cotidianidad de todas las relaciones humanas. En otras palabras, según Lucas, la radicalidad de la buena noticia de salvación no está reñida con la universalidad del amor de Dios. Desde la perspectiva lucana, todo es prójimo y de todo somos prójimo, y esta exigencia incluye, por supuesto, a la presencia de las mujeres como embajadoras en primera línea de la Gracia y la Justicia del Dios de la Vida. ¿No fue ésta la comisión encargada a María Magdalena, testigo privilegiada del triunfo de la vida sobre la muerte, y embajadora singular de la resurrección de Jesús?

Jesús con sus palabras y con sus acciones de justicia, va proclamando y visibilizando una liberación integral. Denuncia los pecados personales y sociales, desestructurando prácticas sociales, culturales y religiosas que rebajaban la dignidad humana de mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos y enfermos de todo tipo. Libera a personas como las mujeres de todas las opresiones que desfiguraban su valor como imagen de Dios y devaluaban su dignidad como creación de Dios. Da voz a quienes no tienen voz en la sociedad oficial. Convierte en protagonistas de la historia de la salvación a quienes estaban considerados como insignificantes y sobrantes, como fue el caso de las mujeres. Y forma una comunidad voluntaria de igualados que, con su estilo de vida, se convierten en una crítica abierta a la sociedad estamental y patriarcal del primer siglo.

Dr. Dario López 

Pastor, teólogo, escritor, profesor de varias instituciones de Educación teológica. Ha sido miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Bíblica Peruana, y miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) es pastor de la Iglesia Monte Sinaí en Villa María del Triunfo en Lima, Perú.

La iglesia y la supremacía blanca en América

 

La colonización de América estuvo centrada en el extractivismo y posesión de tierras junto con el desarrollo de una construcción social basada en el color de la piel. Los europeos que invadieron América se colocaron en una pirámide de humanidad, la población nativa era vista como inferior e incivilizada.

La jerarquía creada se desarrolló en la orquestación entre empresas comerciales dirigidas por los reinos de España, Portugal, Francia e Inglaterra y el apoyo teológico de la iglesia cristiana que mantuvo la opresión durante siglos. 

La creencia de que los blancos eran bendecidos por Dios para gobernar el mundo y someterlo, fue sustentada por la doctrina del descubrimiento, promulgada por varias bulas papales durante el siglo XV en Europa, la cual proporcionó un marco legal y eclesiástico a los invasores europeos, primero católicos y luego protestantes, llevaron la espada y la Biblia a una nueva tierra, un continente que Dios les había dado para su conquista.  

La iglesia tomó posesión de grandes extensiones de tierra, sometió a la población nativa de América y hasta participó en la esclavitud de africanos para acumular riquezas. En las iglesias se predicaba la ideología de la supremacía blanca, de como ser un buen amo y señor, de como tratar a los esclavizados, de como castigarlos, etc. 

Este tipo de mensajes teológicos de opresión y sumisión marcó los fundamentos, ya que luego de 500 años, en pleno siglo XXI, vemos muy latente el racismo y discriminación a la población indígena y negra no solo en los Estados Unidos, sino en todo el continente americano. 

La creación y construcción del concepto de raza

La raza es una construcción social, no biológica, que fue usaba para sostener que existía no solo una raza humana, sino varias razas y que la raza blanca era superior y se diferenciaba de los de piel oscura. No existe una base biológica para la superioridad o inferioridad de cualquier ser humano en función de la cantidad de melanina en su piel. 

Esa construcción social creada, donde los europeos blancos eran superiores que los nativos americanos, fue desastroso. El resultado fue que los blancos expropiaron las tierras, cometieron genocidio, acumularon riquezas y un nuevo camino hacia la prosperidad que no se basaba en su supuesta superioridad racial sino en la subyugación y la opresión. Siglos de ejecución y opresión sembró la idea que unos deberían servir y otros eran servidos. 

Esta ideología de la superioridad encontró en la iglesia un espacio de educación masiva para fomentar una teología manipuladora y una lectura de la Biblia mal intencionada. El usó del pasaje de Génesis 9:18-21 donde narra que Dios maldice a Cam, quien se convirtió en el padre de Canaán y representó a la gente más oscura de la tierra. Esta maldición bíblica proporcionó un marco útil para justificar crueldades indescriptibles. Los descendientes de Cam deberían ser esclavizados porque era un castigo que venía de Dios, por lo cual ellos no estaban haciendo nada malo cuando esclavizaban a indígenas y africanos.

En las colonias españolas y portuguesas la esclavitud y el comercio transatlántico de trata de personas africanas empezó en 1520, más tarde en 1619 las colonias inglesas recibían los primeros africanos que serian vendidos y forzados a trabajar para las colonias. La inhumana práctica de esclavismo fue normalizada por la iglesia y los gobiernos de esa época. Desde una perspectiva teológica, los esclavizadores usaron la Biblia para condonar sus acciones, incluso se sentían bendecidos por Dios por tener todo un continente, cinco veces más grande de lo que es Europa, para extraer, violar, someter, enriquecerse, acumular y amasar fortunas nunca inimaginables para reinos como España, Inglaterra, Francia y Portugal que antes de la invasión a América eran pobres, sin educación, barbaros y cristianos. 

Adoración a la riqueza

El auge económico que trajo el esclavismo, amaso riqueza en Europa, así como en la iglesia. Para muchos líderes cristianos, el valor monetario de los pueblos indígenas y africanos esclavizados valía más que cualquier alma potencial que pudiera salvarse siguiendo el evangelio. En su búsqueda de riquezas, las y los esclavizadores blancos separaron a las familias: los hijos de las madres, los maridos de las esposas y el hermano de la hermana, creyendo que los seres humanos eran bienes, de valor similar al ganado. Las acciones de la iglesia y sus líderes fueron contradictorios e hipócritas porque era la misma iglesia quien enseñaba el valor de la familia y la vida de sus blancos feligreses mientras que la población indígena no tenía ningún derecho, las mujeres podían ser violadas por los hombres blancos, los niños y niñas podían ser regalados para que sirvieran a las familias blancas; el dinero era su único valor.   

Tanto la iglesia católica como la iglesia protestante eligieron esencialmente la comodidad en lugar de ver lo lejos que vivían del mensaje genuino de Jesucristo. La comodidad en el mantenimiento de los sistemas de opresión para proporcionar facilidad para la creación de la sociedad basada en la supremacía blanca, que en el transcurso de los años fue dando una construcción social de pensamiento donde los blancos son ricos, inteligentes, bellos, limpios, educados, etc. y las personas de piel oscura son tontas, incivilizadas, pobres, ignorantes, etc.

El Dios blanco y europeo

Para cuando se dieron las guerras por la independencia y la formación de las Repúblicas reemplazaron al sistema colonial, la idea de quienes eran los dueños y señores de América estaba ya construida. El blanco, hijos e hijas de españoles, ingleses, portugueses, franceses entre otros, tomarían las riendas y poder político en las nuevas Repúblicas. Ningún indígena ni africano descendiente asumiría el liderazgo ni ningún rol importante en los nuevos gobiernos. 

La práctica teológica predicada por la iglesia durante la colonia se pregonó durante el periodo de la creación de los países, la supremacía blanca estaba instalada como base de pensamiento natural en América. 

La iglesia desarrolló la teología necesaria para mantener el culto al Jesús blanco de ojos azules y rubio. La adoración a la blancura dada por Dios hizo que su práctica de superioridad se trasladara afuera de la iglesia los otros seis días de la semana, siendo mucho más cómoda. Como tal, las iglesias eran parte integrante del desarrollo de leyes que conservaban las estructuras de poder y regulaban los cuerpos de hombres y mujeres indígenas que servían en la pirámide de la sociedad, todos los días. Los y las cristianas no veían ninguna contradicción entre su fe y el racismo que practicaban en la sociedad.

Un nuevo tiempo, arrepentimiento y sanación

Situándonos en la historia de los Estados Unidos, la práctica del racismo que vemos día a día en el país ha sido posible gracias a la cooperación y complicidad entre la clase política y religiosa. Hasta ahora seguimos sufriendo y luchando contra los impactos y la práctica de la ideología de la supremacía blanca creada hace más de cinco siglos en el continente. Los grandes movimientos de las últimas décadas contra el racismo y la discriminación liderados por personas de fe como el Reverendo Martin Luther King aún muestran lo necesario que es continuar alzando nuestra voz en estas nuevas generaciones.

Como teóloga y miembra activa de la iglesia, considero que nuestra misión es también denunciar el rol histórico de la iglesia en actuar en complicidad y predicar la ideología de la supremacía blanca por siglos. Es tiempo de generar espacios de diálogo que permita una reflexión liberadora a la vez que empecemos un proceso de sanación en una sociedad profundamente dividida y fragmentada por pensamientos de superioridad, que sabemos fueron creados para justificar la más dolorosa y terrible colonización en el continente.

Yenny Delgado

Psicóloga social y teóloga contextual. Escribe sobre fe, género y política. Puedes seguirme en twitter @Publicayenny

Diversidad en la comunidad latina

La comunidad latino americana no es un grupo homogéneo; en cambio, refleja la diversidad de la colonización del continente y es parte de nuestro pasado y presente. Hoy en los Estados Unidos, la comunidad latina demuestra diversidad racial y herencias distintivas. La población nativa sigue siendo fuerte con sus tradiciones y lengua, los afrodescendientes están reclamando su narrativa y luchas, y los euro descendientes se aprovechan de una sociedad supremacista blanca para salir adelante.

Para comprender la comunidad latina en los Estados Unidos, debemos entender la expansión impulsada por las ideas del Destino Manifiesto en la cual el país pasó de tener trece Estados en la costa este para extenderse e incluir territorios como Puerto Rico, California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, que pasaron de ser colonia española para estar ahora bajo el dominio inglés.

Según la historiadora Dra. Cristina Mora, quien escribió “Haciendo Hispanos“, grupos previamente dispares, incluidos puertorriqueños, mexicanos y cubanos, fueron categorizados bajo grupos raciales como “blancos” o “negros”. Sin embargo, debido a su segmentación, los grupos carecían de representación política como individuos cuyo primer idioma era el español. Un grupo de líderes influyentes de la comunidad se dio cuenta de que combinar los grupos podría conducir a un poder económico y político significativo. Decidieron que el término “hispano”, descendiente de español, podría reflejar el nombre de toda la comunidad. El gobierno de los Estados Unidos utilizó por primera vez el término hispano en la década de 1970 bajo la administración del presidente republicano Richard Nixon.  

La creación del término “hispano” fue un esfuerzo por consolidar una comunidad diversa en una sola etiqueta. Así, se hicieron varios avances para ampliar su base y tener un rápido crecimiento. Después de la década de 1990, el término “latina / latino” se hizo más popular entre los jóvenes que reconocían su lazo con la región latino americana, que va desde México hasta el sur de Chile.

¿Blanco, negro y marrón?

“La gente marrón” o “la raza” se ha convertido en una forma codificada de identificar a la comunidad latina. Sin embargo, como debe quedar muy claro, la comunidad latina no refleja solo un grupo de un solo color.  Cuanto más oscuro seas, más invisible serás. La comunidad latina no es inmune a la supremacía blanca; el color importa.  El colorismo sigue actuando en silencio y beneficia al grupo en el poder. Veamos los principales presentadores de noticias, redes sociales o entretenimiento: son personas blancas, descendientes europeos, a la vez migrantes y bilingües (español – inglés) que se han posicionado como la cara de la comunidad latina. Este grupo de latinos se encuentran en la mayoría de las posiciones de poder y prestigio. Esto porque en las reglas de la sociedad blanca estadounidense, ellos son los “latinos” bienvenidos. 

Pero ¿qué pasa con los indígenas y afro descendientes que también forman parte de la comunidad latina?  a menudo, son los menos visibles cuando se trata de puestos de liderazgo. Sin embargo, los indígenas y afrodescendientes son los primeros en mencionarse cuando se trata de problemas económicos, migratorios y de criminalidad. Esta población sufre una doble discriminación por los anglosajones y los latinos blancos. Los pueblos indígenas se ven obligados a guardar silencio por su sufrimiento a causa de la colonización, el robo de tierras, destrucción de sus comunidades, falta de oportunidades y, por ende, su empobrecimiento. Asimismo, los afro descendientes se ven obligados a guardar silencio sobre el esclavismo de sus antepasados y perpetrado por más de 200 años por los españoles y portugueses en América Latina, así como el racismo persistente y normalizado con la que deben convivir día a día.

¿Inglés, español o náhuatl?

Surge la pregunta ¿qué idioma representa a la comunidad latina?. El reconocimiento de que el español o el inglés son idiomas europeos aclara que hablar uno o ambos no significa que seamos descendientes de europeos. En cambio, las consecuencias de la colonización todavía están presentes en nuestras sociedades hoy. Para muchas y nuevas generaciones, el idioma no es una referencia a la etnia porque las lenguas nativas fueron eliminadas o empujadas a espacios privados. Para entender este contexto es necesario valernos de la experiencia de la población indígena enlos Estados Unidos, ellos han sido forzados a hablar inglés, pero a la vez se tiene claro que no son ingleses. ¿Porqué se considera latinos a los indígenas que hablan español? El término o etiqueta de “latino” es otro mecanismo para poner a todos en una caja sin entender quiénes somos. 

¿Te sorprende la historia sobre la comunidad latina? Todos necesitamos leer más sobre el periodo de colonización deAmérica para desempacar lo que algunas etiquetas pretenden ocultar.

Yenny Delgado

Psicóloga social y teóloga contextual. Escribe sobre las intersecciones entre política y fe.  

 

La opción por la hermandad

Por Marissa Galván

La historia de Sara y Agar ha sido descrita en algunas ocasiones como una simple pelea entre dos mujeres celosas. Es posible que hayas escuchado que Abraham y su esposa Sara recibieron una promesa de Dios: la pareja tendría un bebé. Sin embargo, pasó mucho tiempo para que la promesa se cumpliera y Sara se impaciento. Por eso, ella le ofrece a Abraham una solución. Le pide que se acueste con su esclava, Agar, para que esta le pueda dar el hijo que ella no puede darle. Suena a uno de esos casos que se presentan en Caso Cerrado. Y casi podemos imaginar que esto no va a tener un final feliz.

Sara y Agar fueron mujeres durante un momento histórico en que ambas están en peligro por ser mujeres. El ser mujer en esos tiempos era estar en una posición vulnerable en donde no se tenía control sobre su vida, su dinero o su destino. Sara sabía esto de primera mano. Ella era una mujer infértil, en un momento en donde la cosa más importante que podía hacer una mujer era preservar la herencia y el legado familiar por medio de tener hijos varones. Además de eso, la Biblia nos dice que es una mujer de suma belleza. Por eso, es utilizada por Abraham como una pieza de negociación para conseguir el favor de los jefes de tribu y hasta del faraón en un momento en que el grupo familiar pasa por Egipto. Sara es presentada a estos hombres para conseguir protección y riquezas para su familia, y es obligada a hacerlo sin tener ningún poder para remediar la embarazosa y peligrosa situación.

Por eso es irónico que una mujer que conoce el dolor, la fragilidad y la incertidumbre, escoja utilizar el poco poder que tiene para oprimir a otra mujer que tiene menos poder que ella.

Agar, la esclava egipcia, entra en la historia de Abraham y Sara en Génesis 16. Su presencia trata de explicar la relación familiar contenciosa entre el pueblo de Israel y los ismaelitas. Sin embargo, aunque Sara es la matriarca de su familia, Agar es una esclava. Aunque Sara pertenece a su familia, Agar es una extranjera. Aunque Sara disfruta de la prosperidad de su casa, Agar depende totalmente de Sara para poder vivir. Aunque Sara es infértil, tiene control sobre la fertilidad de Agar. La historia hace tanto énfasis en las diferencias entre estas dos mujeres que aún su nombre, «HaGar» nos demuestra cuán invisible e impotente es. Es un nombre de hombre que significa «forastero» o «desconocido». Y cuando la vemos mirando a su ama con desprecio, la tildamos de criada malcriada, en vez de darle la razón.

En Génesis 21, 8-10, vemos cómo Dios cumple su promesa. Isaac nace y el día en que fue destetado, Abraham hace una gran fiesta. De repente, Sara ve a Ismael. Aquí, es interesante como funcionan las traducciones bíblicas: En la Palabra de Dios para todos, dice que Ismael estaba jugando con Isaac. En otras versiones se dice que Ismael se burlaba, pero no dice de quién. En las únicas dos versiones que dice que Ismael se estaba burlando de Isaac son en la Reina Valera del 60 y en la Dios Habla Hoy. Sin embargo, aunque Ismael, un niño, estuviese haciendo niñerías… la reacción de Sara es sorprendente y desmedida. Ella, aprovechó la circunstancia para ejercer su poder e hizo algo totalmente inmerecido e incorrecto: «Echa a esta sierva y a su hijo, pues el hijo de esta sierva no ha de heredar junto con mi hijo, con Isaac».

Wilda C. Gafney, en su Womanist Midrash, nota que Sara tiene otra opción en ese momento. Ella dice que la historia de Sara es una advertencia, que da testimonio de la tentación de ejercitar cualquier privilegio que tengamos sobre otra persona, en vez de defenderla de un peligro compartido. Sara usa su privilegio para oprimir a Agar y a Ismael y para dejarles en el total desamparo. Aquí, le podemos dar gracias a Dios, porque tiene un plan y una promesa, no sólo para Abraham… sino también para Agar.

Gafney comparte esto, reflexionando sobre las palabras de Renita Weems sobre la historia de Sara y Agar en su libro Just a Sister Away. En él, ella nos desafía diciendo que todas somos hijas de Agar… todas necesitamos a una mujer, no para que abuse de nosotras y que nos oprima, sino para que sea nuestra hermana.

Ella lo dice mejor de lo que yo puedo decirlo… y esta es mi traducción de sus palabras. Hay momentos de la vida en que lo único que nos separa de la posibilidad de sufrir y que nos acerca a la sanidad es tener una hermana. Necesitamos a una mujer, a una hermana, que pueda ver en nuestra miseria una imagen escabrosa de lo que un día podría ser nuestra historia. Necesitamos una hermana que nos responda con misericordia. Necesitamos una hermana cuya misericordia genuina—que no debe confundirse con la lástima que es episódica, aleatoria, y de carácter cambiante—es firme, consistente y sin condiciones y dada a manos llenas.

Yo creo que como seres humanos tenemos una opción. Creo que como pueblo tenemos un opción. Creo que como naciones tenemos una opción. Quienes tenemos algún tipo de privilegio, sea mucho o sea poco tenemos una opción. Quienes tenemos educación, un techo… quienes sabemos más de un idioma, que tenemos un poquito de dinero, que vivimos con estabilidad, que tenemos acceso al Internet, a teléfonos inteligentes, que tenemos la posibilidad de poner comida en la mesa tres veces al día, tenemos una opción.

Esa opción es la hermandad. Cada vez que tengamos la oportunidad, necesitamos optar por el hermanamiento, por ver a la otra y al otro como la familia que Dios quiere que tengamos. Necesitamos apartarnos de la tentación de las nimiedades, de la naturaleza humana de oprimir porque sentimos que nos han oprimido o de reprimir porque pensamos que otras personas merecen ser oprimidas, o básicamente de agobiar a alguien porque nos cae mal o porque no piensa lo mismo y eso nos da miedo. Necesitamos poner un alto a esta locura de pensar que todos somos como Sara… personas sin conciencia que no se dan cuenta de que toda persona es parte de estos sistemas de opresión y racismo que afectan a todo el mundo y que toman cualquier oportunidad para agobiar, desamparar, abusar y reprimir con nuestro egoísmo, nuestro prejuicio y nuestro racismo. Como dice 1 Corintios: «De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él».

Todas necesitamos hermanas en algún momento… y todas necesitamos ser hermanas en todo momento. Por eso debemos escoger siempre la hermandad y la solidaridad sobre toda opción posible. Creo firmemente en que esto es lo que Dios desea para la humanidad. Quiere que vivamos demostrando misericordia genuina y demandando misericordia genuina. Que vivamos haciendo justicia verdadera y demandando justicia verdadera ante toda acción cruel, vengativa, racista y funesta. Seamos hermanas. Seamos hermanos. Seamos hermanes… con fidelidad, consistencia y sin condiciones. Eso es lo que Dios promete y quiere.

Marissa Galván. Editora de recursos en español de la Corporación Presbiteriana de publicaciones y pastora de la Iglesia Presbiteriana Beechmont, una iglesia intercultural en Louisville.

La mentira de la “bendición blanca”

Por Yenny Delgado

Como resultado de las protestas pacíficas en todo el mundo, tras el violento asesinato de George Floyd, los líderes cristianos se ven obligados a abordar los problemas del racismo y la ideología de la supremacía blanca desde la iglesia. Para muchas congregaciones, la respuesta ha sido realizar una o todas de las siguientes acciones:

  1. Colocar una pancarta de “Black Lives Matter” frente al santuario;
  2. Promover la lectura de libros que revelen la historia del privilegio blanco y sus consecuencias en la sociedad, leyendo autores como Robin D’Angelo, Ibram X. Kendi y Michelle Alexander.
  3. Desarrollar espacios, aunque sea virtualmente, para discutir honestamente la historia, los eventos actuales y, con suerte, un futuro camino a seguir.

En una discusión, el pastor europeo-descendiente Louie Giglio de la mega iglesia Passion City de Atlanta tuvo una conversación con el rapero afroamericano Lecrae Moor y el director ejecutivo de Chick-fil-A, Dan Cathy. En esta discusión, dijo las siguientes palabras:  

“Pero quiero darle la vuelta porque creo que el otro lado es cierto con la historia de nuestra nación. Entendemos la maldición que fue la esclavitud, los blancos lo hacen, y decimos, ‘eso fue malo’, pero extrañamos la bendición de la esclavitud que construyó el marco para el mundo en el que viven los blancos”.

En esta frase, la teología del pastor es clara. Conectó la deshumanización de los demás a través de la esclavitud como una bendición. El pastor Giglio le recordó a su audiencia la verdadera atención de muchas iglesias y líderes cristianos cuando se trata de lidiar con los pecados del pasado. Además, su encuadre de la esclavitud como una “bendición” no es un concepto nuevo, sino que hace referencia a las opiniones originales de los europeos que llegaron a este continente. Al llegar, vieron la tierra como un nuevo comienzo y una oportunidad para vivir su fe y su pureza blanca. A principios de los años 1500, la mayoría de las personas que vivían en Europa eran agricultores pobres, sin educación, y que vivían bajo temor; para ellos las colonias en América representaban una oportunidad para reiniciarse en “tierra virgen”. En el libro “Destino manifiesto” Anders Stephanson dice:

“Cada actividad, personal y comunitaria, era irreductiblemente parte de la guerra santa contra Satanás y los infieles. La aristocracia de los santos tuvo que trabajar sin cesar en este momento crítico para hacer que el mundo actual fuera tan solemne y gloriosamente cristiano como podría ser. Un resultado era poner gran énfasis en la pureza de la comunidad, en determinar siempre quién estaba adentro y afuera, en eliminar la desviación “.  

Los cristianos habían construido una imagen de Dios, quien los bendijo para mantener la pureza y no mezclarse con los demás era obedecer. Después de eliminar a las poblaciones nativas a través de un genocidio orquestado, los europeos comenzaron a esclavizar a los africanos para trabajar la tierra. Los esclavos formaron principalmente la columna vertebral económica de la colonia y condujeron al desarrollo del capitalismo moderno y la riqueza en torno al comercio del algodón. Como explicó Sven Beckert: ¨este negocio aumentó la riqueza y los recursos. Debido al crecimiento económico, las iglesias comenzaron a florecer, y llegaron nuevas denominaciones y crecieron junto con el crecimiento de la esclavitud¨.

Las denominaciones eclesiales crecientes en todo el país estaban vinculadas con la objetivación de los africanos a través de la esclavitud. Como se informó en una auditoría del Seminario Teológico de Princeton y su interacción con la esclavitud en 2019: “varios de sus fundadores y líderes prominentes participaron en la esclavitud e incluso emplearon mano de obra esclavizada”. 

La esclavitud de personas con piel oscura era una regulación codificada por la ley y apoyada por un texto teológico de las maldiciones del Antiguo Testamento donde se practicaba la esclavitud. Después de la independencia, algunas denominaciones, como los cuáqueros, hablaron en contra de la esclavitud, pero la mayoría de las iglesias eligieron abordar solo “asuntos espirituales” y se concentraron en mantener el sistema. 

La Dra. Yolanda Pierce, decana de la Escuela de Divinidad de la Universidad de Howard, afirma: “Gran parte de la identidad cristiana estadounidense primitiva se basa en una teología de la esclavitud. Desde el nombramiento de los barcos de comercio de personas esclavizadas hasta quién patrocinó algunos de estos viajes, algunas de las iglesias están incluidas”. 

Ahora, en junio del 2020, un pastor “cristiano” una vez más propone formular esa idea de la esclavitud, como un beneficio general para la “gente blanca”. De hecho, tiene razón en que, mediante la deshumanización y el asesinato, uno puede llegar a ser extremadamente rico y construir una sociedad desigual. Esta es la historia de los descendientes europeos en los Estados Unidos. Sin embargo, como cristianos, no debemos jugar con palabras como bendición o privilegio. 

La forma en que la iglesia apoyó a construir un país supremacista blanco basado en el racismo anti-negro es el PECADO BLANCO. ¿Cuándo cambió y se arrepintió la iglesia cristiana en los Estados Unidos por este pecado? En la imaginación de la iglesia, todos son bienvenidos, pero en el papel, la teología está atrapada en el pasado. Tal como dice el pastor Giglio: “no es un privilegio blanco, sino una bendición blanca”.

Si las iglesias y congregaciones realmente esperan tener una conversación real sobre la protesta en curso en la calle, se necesitarán más que unos pocos libros, manifestaciones y el encuadre de la esclavitud como un beneficio blanco. Como primer paso, la iglesia necesita reprender verdaderamente las acciones pecaminosas de este país y los antepasados ​​en acciones que están en completa oposición al Evangelio.

Esto se hace a través de un arduo trabajo de leer la historia y luego buscar el diálogo y el arrepentimiento genuino para con aquellas comunidades que han sido afectadas negativamente por las políticas y leyes para beneficiar a los blancos. Para la iglesia y los cristianos, estas verdades duras deberían conducir a un cambio sistémico. Y, si no, entonces quizás estos lugares no sean iglesias realmente sino clubes sociales donde los blancos disfrutan reuniéndose el domingo por la mañana.

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Yenny Delgado

Psicóloga social, teóloga y analista político. Ella escribe sobre la interseccionalidad entre política, fe y resistencia. Puedes seguirle en twitter @yennydc

¿Se ha implementado la ideología de la supremacía blanca en América “Latina”?

Por: Yenny Delgado 

Comenzando con la llegada de Colón en 1492, los reinos europeos aterrorizaron al continente americano, reduciendo y controlando a la población original a través del asesinato y la propagación de enfermedades nuevas en el continente. América fue dividida por unos pocos reinos: España, Portugal, Francia e Inglaterra. Como si fuera un pastel.

El terror, la expropiación y la colonización de América se dieron en base a una ideología de supremacía blanca y deseos de tener no sólo tierra sino riqueza. A pesar de que la gran mayoría de los migrantes europeos escapaban de la pobreza y la opresión de un sistema feudal al llegar a América, asumieron un manto de superioridad y ejecutaron las peores maldades, las cuales Dios ha sido testigo a cabalidad a lo largo de la historia de la humanidad. 

Esta ideología de la supremacía blanca se construyó en base de que el robo, el genocidio y el esclavismo era totalmente justificado. Los individuos no blancos debían ser sujetados por un grupo superior, afectando drásticamente toda relación humana.

En todo el continente, los europeos secuestraron y esclavizaron no sólo a la población nativa americana, sino que también esclavizaron africanos que fueron transportados por el Atlántico de manera inhumana para luego ser vendidos en diferentes puertos del continente.

Durante siglos se saqueó una cantidad de riqueza sin precedentes que transformó a Europa en una de las regiones más avanzadas y prósperas del mundo, mientras que al mismo tiempo con la independencia de América se construyen nuevos gobiernos que decidieron mantenerse en el poder con la misma ideología de superioridad, así tenemos a Estados Unidos, Canadá, República Dominicana, Cuba, México, Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina, Perú, entre otros países. La población nativa americana quedó despojada de su tierra y la población africana sin justicia tras cientos de años de trabajo forzado y sin remuneración. Otros fueron lo que se beneficiaron de su trabajo.

Durante los últimos años, los descendientes de la población africana han buscado mantener viva su historia, su lucha por la abolición de la esclavitud y por ser aceptados en las nuevas repúblicas ha sido constante. Por otro lado, la población nativa americana y sus descendientes en lugar de unir fuerzas y levantarse contra la opresión, muchos han aceptado el término “latino” y han decidido voltear la cara cuando ocurre la discriminación por el color de su piel, demostrando que el blanco tiene un lugar privilegiado en el país por ser los libertadores, forjadores de la republica y dejando sepultada la maldad con la que ejercieron su supremacía.

Debemos reconocer honestamente que nuestras comunidades han sido impactadas por la ideología supremacista blanca. En las formas en que nos han enseñado a buscar nuestras raíces europeas y sepultar las raíces de nuestros ancestros, con las cuales muchos hemos crecido, siempre prefiriendo tener una piel más clara y unos rasgos perfilados, anhelando siempre parecernos más al colonizador europeo.

En Estados Unidos, los blancos que hablan español o portugués aún reciben beneficios estructurales de la misma ideología supremacista blanca. Específicamente, reciben protección policial, mejores escuelas y mejores trabajos, al igual que los blancos que hablan inglés.

El hecho de que el primer idioma de alguien sea el español o el portugués, no significa que el individuo no practique ni se beneficie de la ideología supremacista blanca. Vivimos bajo el mismo sistema y tenemos un trabajo pendiente por hacer.Conocer nuestra historia nos debe ayudar a comprender que:

-La ideología de la supremacía blanca se impuso e implementó en todas las colonias europeas. A pesar de la independencia, las nuevas repúblicas continuaron regulando la vida basada en el color de piel.

-La lucha de la población afrodescendiente desde que fueron raptados en África y luego vendidos como una propiedad en las colonias americanas siguen clamando por justicia.

-La población originaria de América y sus descendientes aún luchan por ser tratados como ciudadanos, con los mismos derechos y oportunidades. La colonización todavía causa dolor.

-Los descendientes de europeos que emigraron al continente americano, sea que hablen español, portugués, francés o inglés siguen creyéndose superiores en comparación a la población nativa y afrodescendiente. La población considerada blanca en América tienen en común el mismo “pecado original” heredado de sus ancestros colonizadores por 527 años.

Es hora de quitar la estatua de la “conquista” y desmantelar la ideología supremacista blanca de raíz. A medida que el mundo se despierta de la época de la colonia, también debemos usar este momento de reflexión para completar nuestra liberación y reclamar la opresión sistémica y la discriminación basada en el color de la piel. Esta lucha debe ser continental.

Reconocer ésta dolorosa historia permitirá construir un futuro diferente, por lo cual los errores del pasado deben corregirse y permitir un cambio estructural de las leyes que la sostienen. El primer paso está ahora en las calles con miles de jóvenes pidiendo justicia.

COVID-19 visibiliza la desigualdad en Estados Unidos


Por Yenny Delgado

Para enfrentar COVID-19, los gobiernos de todo el mundo comenzaron a cerrar fronteras, detener vuelos y colocar a los militares en la calle para obligar a las personas a guardar cuarentena. Estos esfuerzos no fueron suficientes en Estados Unidos porque el virus ya había llegado; ninguna cantidad de fuerza militar detendría su propagación. El coronavirus ya había llegado al continente, cruzado los vastos océanos, y no provenía de inmigrantes o refugiados empobrecidos, sino de individuos que habían viajado a Europa y Asia de vacaciones o por negocios en aviones y cruceros.

Actualmente, en los Estados Unidos, más personas han muerto a causa de la pandemia que en las guerras de los últimos 50 años. Hasta el martes 9 de Junio, se registra  que el virus ha cobrado la vida de más de 111,620 personas y 1 millón 971, 302  personas han sido infectadas de COVID- 19 según el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins.

COVID-19 expone la desigualdad en el país

Al inicio, hace sólo seis meses, la narrativa en los medios era nos enfrentábamos a un virus que no discrimina. Toda la humanidad era susceptible a la infección, independientemente de su género o etnia. Un sentimiento de que estábamos todos por primera vez frente a un “gran equalizador”. Sin embargo, las personas en pobreza, con enfermedades respiratorias, ancianos comenzaron a notar que no todo era igual. Aunque todos estábamos en el mismo barco, no todos estaban en el mismo nivel. Las comunidades empobrecidas, así como las afroamericanas, nativas americanas y migrantes, estaban comenzando a ver los impactos de la muerte cara a cara.

Los reportes de las muertes comenzaron a mostrar la disparidad, los primeros datos que surgieron del epicentro del virus en la ciudad de Nueva York, expusieron que los internamientos y necesidad de ventiladores eran mayoritariamente para afro-americanos, según lo informado por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades. COVID-19 exacerbó las situaciones críticas en las poblaciones minoritarias y las comunidades que aún sufren los impactos de la política discriminatoria  del gobierno de Estados Unidos.

COVID-19 mostró su rostro de muerte, enfocándose principalmente en los ancianos y en las comunidades que se consideraban “trabajadores esenciales”. Al instante, los médicos y enfermeras que trataron a los pacientes fueron aclamados como héroes, mientras que, lentamente, el país comenzó a ver que todas las personas obligadas a trabajar no eran necesariamente héroes, sino que se sacrificaban para que el país pudiera continuar “abierto”. Los conductores de autobuses, los trabajadores de las tiendas de comestibles, los empleados de gas, los trabajadores agrícolas, los procesadores de carne, los trabajadores de fábricas y los empleados de comidas rápidas conforman algunas de las personas menos remuneradas en la economía del país. Sin embargo, los individuos en estas profesiones estaban en primera línea en términos de exposición al virus y riesgo. En una sociedad capitalista como es Estados Unidos, las mismas personas que trabajaron de 12 a 14 horas son las mismas que viven cheque por cheque; ganan menos de lo que necesitan para pagar el alquiler, la comida, los suministros, etc.

Priorizar la riqueza sobre la salud

Con el número de personas infectadas creciendo diariamente en el país, la tensión en la infraestructura y personal médico es realmente escasa. La falta de equipos de protección personal, ventiladores y materiales necesarios ha puesto de relieve directamente la grave falta de fondos y la naturaleza privada de la cobertura de salud en el país. Sin embargo, lo que no está claro es si las personas entienden que no hay un sistema público de salud en Estados Unidos. A diferencia de los países más pobres del mundo que tienen cobertura básica de salud pública, la mayoría de las personas en los Estados Unidos tienen planes privados.

Los y las ciudadanas de este país pagan primas mensuales a empresas privadas y organizaciones de gestión de la salud para proporcionar su cobertura. La incapacidad de proporcionar cobertura básica pública tiene una larga historia de discusiones entre apoyo y rechazo. Entre tanto el libre mercado se benefició de los temores al socialismo, populismo y otros programas que claramente mostraban sus bases racista de dar asistencia a una población históricamente discriminada en el país que es a la vez la más empobrecida y la que no puede acceder al seguro privado.

A medida que la pandemia crece en su número de infectados, los informes del gobierno mostraron una falta de preparación para la crisis que se avecina, la desesperación por la pérdida de vidas quedo a segundo plano, para mostrar realmente preocupación por las caída de la economía que significaba el alza en desempleo, desde principios de marzo se pasó del 5% de desempleo al 20%. Las pérdidas económicas de un país que produce servicios quedo paralizada con una cuarentena que poco a poca va perdiendo razón dentro del corazón de un país capitalista.

La respuesta de lo gobernadores de Estados no se hizo esperar, un claro ejemplo ha sido el teniente gobernador de Texas a declarar: “Aquellos de nosotros que tenemos más de 70 años, nos ocuparemos de nosotros mismos. Pero no sacrifiquemos el país “.La súplica apasionada de reiniciar la economía, a riesgo de aquellos que son mayores o médicamente vulnerables, muestra de primera mano cómo la clase gobernante del país ve a los gobernados, objetos que se utilizarán para el crecimiento y el beneficio de la economía.

Entonces, en forma de salvar la economía, se comenzaron a firmar el más grande ¨Bill¨ que seria la vacuna rápida que necesita la economía para salvarse, la inyección de dinero a grandes empresas, negocios y universidades ha recibido nuevamente con aplausos. Mientras tanto, cada 12 minutos en la ciudad de Nueva York, muere una persona de COVID-19.

El racismo emerge una vez más

Si bien la mayoría de los países del mundo tiene órdenes de refugiarse cuarentenas obligatorias para controlar el virus, pequeños segmentos en Estados mayoritariamente blancos creían que las medidas afectaban sus libertades y derechos. Alentados por los discursos de Trump de abrir la economía, o que COVID – 19 realmente no era tan grave, los manifestantes principalmente blancos, adornados con la parafernalia ¨Make America Great Again¨ (un sello distintivo de la Campaña Presidencial 2016 de Donald Trump) protestaron contra las órdenes que fueron diseñadas principalmente para garantizar su seguridad y la de los demás. Las protestas fueron una mezcla de simpatizantes del presidente, entusiastas de los derechos de armas y activista del Tea Party. En Michigan, los manifestantes armados violaron las normas de distanciamiento social para protestar en una clara yuxtaposición de cómo los hombres blancos pueden portar armas en contradicción con lo que sucede en el país en otras protestas, donde los agentes de policía arrestan a personas negras por protestar pacíficamente.

Para retratar el control y la autoridad, el presidente Trump comenzó a tener sesiones informativas diarias de prensa COVID-19 pero a menudo se convirtieron en discursos racistas y ofensivos contra china, con una notable falta de comprensión de la pandemia y del virus, a un insensible desprecio por la vida:

-“No podemos permitir que la cura sea peor que el problema mismo”

-“La inyección de Clorox es posible para ayudar a combatir el virus”

-“Hicimos lo correcto. Todo lo que hicimos estuvo bien”

La realidad es que millones de hogares no pueden teletrabajar, y no trabajar es equivalente al hambre debido a la imposibilidad de pagar las facturas, el alquiler o la cobertura médica. Algunas personas pueden pensar que es porque el sistema está roto o manipulado. Sin embargo, el sistema funciona bien para unos pocos privilegiados, mientras que el resto de la sociedad se sacrifica por la economía. De hecho, los ricos se vuelven más prósperos como resultado de esta pandemia, mientras que los pobres se vuelven más pobres.

La desigualdad en los Estados Unidos no es nueva; de hecho, está arraigado en la fundación del país y a lo largo de más de 400 años de historia. Sin embargo, en momentos de crisis y pandemias, las sociedades tienen la oportunidad de reorientar y priorizar los valores, y la re-visualización de la desigualdad aquí puede conducir a un cambio real. Para que esto ocurra, debemos analizar honestamente no solo la respuesta actual del virus, sino también la estructuración de la sociedad. Durante décadas, el sistema económico del país ha seguido ampliando la brecha entre ricos y pobres. En esta situación ¿Qué esperanza podemos tener? El gobierno de Trump ha fallado y continuará haciéndolo mientras solo apoye corporaciones y líderes conservadores que apoyen su campaña de reelección en Noviembre, 2020.