Mujeres Haciendo Teología Pública en Abya Yala

La teología pública, aunque definida formalmente en el siglo XX, se ha desarrollado históricamente a través de la interacción entre comunidades de fe y vida social. No obstante, la forma dominante en que se ha narrado su historia ha privilegiado voces masculinas, blancas y euroamericanas. En contraste, las mujeres de Abya Yala, en particular las mujeres afrodescendientes y Nativas han producido pensamiento teológico público mucho antes de que dicho campo fuera nombrado como tal. Desde una perspectiva womanist/mujerista podemos visibilizar estas contribuciones, reinterpretar las dinámicas de poder que atraviesan la religión y la esfera pública, y situar en el centro experiencias históricamente excluidas.

La perspectiva womanist/mujerista fundamentos y aportes

El pensamiento womanist/ mujerista surge en el seno de la lucha de las mujeres afrodescendientes en los Estados Unidos por articular una visión teológica que contemple simultáneamente su identidad como mujeres con ancestralidad para de la diáspora africana, que fueron esclavizadas por 400 años y sujetas a una economía de clase y control de las practicas espirituales ancestrales. Autoras claves como Alice Walker, Katie Cannon, Delores Williams y Emilie Townes han desarrollado un marco analítico que denuncia las opresiones interseccionales y reconoce la agencia espiritual y política de las mujeres como sujetos históricos.

La teología womanist/mujerista parte de tres convicciones fundamentales: La experiencia encarnada de las mujeres es fuente legítima de conocimiento teológico. La lucha por la supervivencia, la justicia y la integridad corporal constituye un acto espiritual y político.

Estas convicciones moldean una manera distinta de comprender la teología pública: no como discurso desde la abstracción, sino como reflexión situada y enraizada en prácticas cotidianas de resistencia. Mostrando que expresiones de cuidado y resistencia son posibles en un espacio teológico.

Mientras la teología pública clásica identifica como públicos principales a la sociedad, la academia y la Iglesia, el enfoque womanist/mujerista amplía esta comprensión al destacar contextos que han sido ignorados por la teoría dominante. Desafía la narrativa dominante del “bien común” que a menudo excluye a comunidades afrodescendiente y Nativas; reinterpreta los símbolos públicos desde la memoria de la esclavitud, el colonialismo y denuncia las estructuras de violencia sistémica contra las mujeres como asuntos profundamente teológicos.

De esta manera, las mujeres no solo participan de la teología pública: Ampliando sus límites, su gramática y su propósito ético.

Pensamiento critico, memorias ancestrales y cuidado comunitario

El pensamiento womanist/mujerista reconoce la importancia del pensamiento crítico, y busca incluir los saberes corazonados y encarnados. Para las mujeres el razonamiento público no es solo argumentación intelectual, sino experiencia vivida que interpela estructuras sociales.

Desconfía de los “clásicos” cuando estos excluyen a las voces de las mujeres. En su lugar, amplía el canon para incluir cantos, tradiciones orales, memorias ancestrales, narraciones de resistencia que son trasmitidos entre abuelas a madres a nietas e hijas.

El acto profético, desde el womanist/mujerista, es inseparable del cuidado comunitario y de la lucha contra la violencia interseccional. La protesta, la sanación y la celebración son prácticas proféticas que modelan el bien común.

Aunque no siempre nombradas dentro de la teología pública en Abya Yala , mujeres como Sojourner Truth, Ida B. Wells, Fannie Lou Hamer, Coretta Scott King, Ella Baker y muchas líderes de iglesias han realizado teología pública a través de su activismo, su predicación y su testimonio moral. Estas mujeres encarnan una teología pública en acción: articulan fe y política en defensa de la vida.

En el ámbito académico, figuras como Cannon, Williams, Townes, Isasi-Diaz, Chipana, Tamez and Gebara critican al racismo, al patriarcado y a la colonialidad.

La teología pública womanist/mujerista no se limita a añadir una voz más, sino a transformar la comprensión misma de lo público, de lo teológico y de lo político. Esta perspectiva invita a repensar el testimonio de la Iglesia en y para el mundo desde un compromiso radical con la justicia, la vida y la dignidad de quienes históricamente han sido marginadas.

Abya Yala, el nombre proviene de la lengua Guna, pueblo originario que habita entre Panamá y Colombia. Abya Yala significa “tierra en plena madurez y tierra de sangre vital”. En la década de 1970, activistas, historiadores, políticos, sociólogos,teólogas con un fuerte sentido de identidad y trabajo decolonial adoptaron el término Abya Yala como un nombre unificado para el continente, en lugar de referirse como América Latina, Latinoamérica entre otros nombres que perpetúan las divisiones coloniales (Delgado & Ramírez, 2022).

We Are the Guardians of the Planet: A Spiritual and Moral Call to Care for Creation

COP30, the United Nations climate conference taking place in Belém, Brazil, has a promising agenda. On paper, such declarations lend the conference an air of promise. Yet in practice, global climate gatherings have long been shaped not by the communities most affected, but by nation-states and multinational corporations whose interests often overshadow the voices of those living at the frontlines of ecological collapse.

In response, sixty Native/Indigenous organizations from both the southern and northern of Abya Yala* embarked on an extraordinary journey known as the “Yaku Mama Flotilla.” Activist leaders from Ecuador, Peru, Brazil, Colombia, Panama, Guatemala, and Mexico set out from Ecuador, traveling over 1,800 miles down the Amazon River to Belém, Brazil. The name “Yaku Mama,” derived from Quechua language, translates to “Mother of the Waters.” This name reflects a worldview in which every river, forest, and creature is nurtured by a maternal presence. It embodies a vision of creation as not merely an object, but as an integral part of a shared existence with the cosmos.

Their voyage is at once a protest and a plea: an unequivocal call to end fossil-fuel extraction; a demand to safeguard uncontacted peoples; a push for direct, community-led climate financing; and a reaffirmation that any durable climate solution must be rooted in ancestral knowledge. It is not simply a political act—it is a spiritual procession, a living litany on behalf of the wounded Earth.

The disconnect between these frontline communities and international climate forums often reveals itself most acutely in language. For many Indigenous peoples, humanity exists within nature, not beyond it. Their urgency is not an abstract concern but the anguish of losing a loved one, the Amazon, the rivers, the mountains, the trees, the motherland, home.

Remembering the words of Pope Francis, in Laudato Si’ (2015), reminds the world that the Earth “is our common home,” a mother who “cries out because of the harm we have inflicted on her.” His words resonate profoundly with the spirit of the Yaku Mama Flotilla. Both speak of creation not as a commodity to be exploited, but as a sacred gift entrusted to our care. Francis warns that when humans, from an Eurocentric and anthropocentric point of view, imagine themselves as masters and owners, detached from the web of life, the result is the devastation of ecosystems, vulnerable peoples, and the moral fabric that binds us together.

In Laudate Deum (2023), he becomes even more urgent, insisting that the climate crisis is not merely political or scientific but deeply spiritual. In the face of this reality, Pope Francis speaks with prophetic clarity, denouncing both political inaction and the systematic obstruction of negotiations driven by economic interests that place profit above the common good. He calls for the creation of global structures capable of protecting our common home, and he lifts up the vital role of popular movements and local communities, who already bear the weight of environmental destruction. Francis urges a profound cultural revolution, one that frees us from selfishness and leads us to responsibility and care. He insists that science is an essential ally, not an enemy of faith. He invites us to embrace an active hope, a hope that is not naïve, but committed, courageous, and transformative.

The flotilla’s journey thus becomes a living homily. It proclaims what Pope Francis emphasizes repeatedly: that ecological conversion requires listening to those who live closest to the land, who understand creation as a communion of relationships. It is an invitation to repentance for the harms done, a call to defend the sacredness of all life, and a commitment to walk, like the “Yaku Mama Flotilla,” ourageous hope toward a future where humanity and creation may be healed together.

*Abya Yala in the Guna language means “land in full maturity and land of vital blood .” In the 1970s, Native activists, historians, politicians, and theologians with a strong sense of ancestral identity adopted the term Abya Yala as a unified name for the continent, instead of referring to it as Latin America, Hispanoamerica among other names that perpetuate colonial divisions (Delgado & Ramírez, 2022).

Abya Yala Theology: Prophetic, Communal, and Political

From November 7 to 9, 2025, the inaugural continental gathering was held in Mazatenango, Guatemala. Over the course of three days, delegations from ten countries and 375 participants—including leaders from diverse backgrounds such as farmers, educators, theologians, historians, anthropologists, sociologists, political scientists, elders, and spiritual guides from across the continent—came together to affirm the foundations of a communal, political, and prophetic theology that denounces colonial oppression and dictatorial political agendas.

This gathering marked a historical event in the emergence of Abya Yala theology. It served as a continental platform to defend life, harmony, Native spiritualities, ancestral knowledge, and the right to exist of the Native/Original Peoples of Abya Yala.

As Christendom has promoted since colonization, as a linear and singular understanding of history, it has increasingly marginalized alternative narratives, diverse spiritualities, and various paths to connect with the divine, wisdom for the native population. This perspective, influenced by government-imposed control, unilateral education programs, and structured religious practices, has perpetuated policies and systems that dictate behavior, belief, and imitation, aiming to mold individuals in its own image. However, this approach is no longer acceptable. Christianity and the teachings of Jesus illuminate a range of practices, as seen in Abya Yala theology, which moves beyond the image of the crucified man to embrace faith in the Resurrection.

In response to this, an embodied spirituality has emerged; the body of the resurrected manifests that another life is possible. A theology that is next to the everyday struggles, in maintaining the memories of those who dedicated their lives to achieving dignity, freedom, and the pursuit of a good living. For prophets of our time who believe in a cycle of times and preach against colonialism and superiority, that the time for native people

‘s Resurrection is now. In this context, we assert that Abya Yala Theology emerges from the heart of God, the resurrected messenger, rooted in faith, hope, and the proclamation of the Resurrection in the lives of those who suffer most since colonization: Indigenous, Natives, and Original peoples of Abya Yala.

Abya Yala’s theological perspective amplifies Quijano’s decolonial perspective on knowledge and power, emphasizing the need to deconstruct power and knowledge systems imposed by European paradigms, which often present themselves as superior and universal. Abya Yala theology is a decolonial theology with holistic ways of theological decoloniality, encompassing three vital dimensions for thinking and feeling God in Abya Yala: feeling, caring, and repairing.

To feel means to be touched, profoundly affected by the struggles of Native/original peoples who inhabit this “land of vital blood,” united through a shared ancestry. Caring embodies love and a commitment to the community, where feelings are genuine and mutual responsibilities foster a sense of cosmoexistence that brings us together. Finally, restoration signifies the movement towards actions that repair broken relationships, restore dignity, provide well-being, and create new conditions for life for all, within the framework of a cyclical and ancestral worldview.

For this reason, Abya Yala theology is inherently political, emphasizing the importance of engaging with spiritualities and ancestral knowledge that enable us to live in community amid the pluridiverse and pluricultural of Natives/Originals peoples. This approach is not the work of isolated theorists; rather, it underscores the urgent need for a theology arising from the peoples themselves as an affirmation of the living God in Abya Yala.

Abya Yala in the Guna language means “land in full maturity and land of vital blood .” In the 1970s, activists, historians, politicians, and theologians with a strong sense of ancestral identity adopted the term Abya Yala as a unified name for the continent, instead of referring to it as Latin America, among other names that perpetuate colonial divisions (Delgado & Ramírez, 2022).

La Teología Abya Yala un momento histórico donde se corazona en comunidad

Por Yenny Delgado

Del 7 al 9 de noviembre se realizó el primer encuentro continental con la participación de 375 líderes campesinos, teólogas, teólogos, historiadoras, antropólogos, sociólogas, politólogos, líderes de movimientos sociales, sabias, sabios y guías espirituales. Un espacio que afirmó la defensa de la vida, los saberes, las memorias ancestrales, las espiritualidades y la dignidad de los pueblos originarios de Abya Yala.

Este encuentro es profundamente significativo, pues reconoce la necesidad de una teología propia, una Teología Abya Yala. Se enfatiza que esta teología emerge en un momento histórico marcado por una comprensión lineal y singular de la historia, moldeada por la construcción de ciudades de consumo, por políticas republicanas y por supremacías que han controlado los conocimientos y saberes, configurándolos a su imagen y semejanza.

Frente a ello, nace una espiritualidad encarnada que se expresa en las luchas cotidianas de los pueblos, en la memoria de quienes entregaron su vida por alcanzar la dignidad y en la construcción del buen vivir. Son estas historias y resistencias las que constituyen una respuesta viva de un pueblo sabio.

En este sentido, afirmamos que la Teología Abya Yala es comunitaria, se fundamenta en una fuente liberadora de praxis transformadora, arraigada en la fe, la esperanza y la resurrección de los pueblos. Una teología que corazona y se practica desde las comunidades, en clave profética, política, liberadora y decolonial.

La teología Abya Yala nace del corazonar no proviene solo de la mente, sino también —y profundamente— del corazón de los pueblos originarios y su sabiduría. Parte del sentir, del cuidar y del reparar. Estas tres dimensiones expresan una metodología profundamente humana y espiritual. Sentir supone dejarse afectar por el sufrimiento y la esperanza de los pueblos que somos “ tierra de sangre vital” con una ancestralidad que nos une; cuidar implica asumir la responsabilidad mutua entre los seres humanos y con la creación, desde una cosmoexistencia que nos enlaza; reparar, finalmente, remite a la acción transformadora que busca restaurar la dignidad , el buen vivir y construir nuevas condiciones de vida para todas y todos, enmarcadas dentro de este mundo cíclico y ancestral.

Este primer encuentro que contó con la presencia de delegaciones de 10 países del continente, marca un hito en la historia de la teología de Abya Yala, afirma sus fundamentos como una teología comunitaria y profética, que denuncia las opresiones heredadas del colonialismo, y profundamente política, en tanto nos recuerda que pensar las espiritualidades y los saberes no es un ejercicio teórico aislado, sino una necesidad urgente de relacionarnos. Una teología cristiana propia, ancestral y pluridiversa, donde todas las prácticas que emergen de los pueblos son afirmación del Dios Vivo.

Abya Yala, el nombre proviene de la lengua Guna, pueblo originario que habita entre Panamá y Colombia. Abya Yala significa “tierra en plena madurez y tierra de sangre vital”. En la década de 1970, activistas, historiadores, políticos y teólogos con un fuerte sentido de identidad y trabajo descolonial adoptaron el término Abya Yala como un nombre unificado para el continente, en lugar de referirse como América Latina, Latinoamérica entre otros nombres que perpetúan las divisiones coloniales (Delgado & Ramírez, 2022).

Pronunciamiento del “Primer Encuentro de Espiritualidades y Teología Política desde Abya Yala”

Mazatenango, Suchitepéquez, Guatemala 9 de noviembre, 2025

Reunidos en Mazatenango, Guatemala, del 7 al 9 de noviembre de 2025, representantes de comunidades eclesiales, movimientos sociales, organizaciones populares, teólogas, teólogos y académicos de diversos países de Abya Yala nos congregamos para compartir experiencias, reflexiones y búsquedas comunes en torno a la espiritualidad y la teología política. Este primer encuentro surgió como un espacio de escucha y discernimiento para repensar la fe, la justicia y la esperanza desde nuestras realidades del continente y desde la sabiduría ancestral de nuestros pueblos.

A lo largo de los tres días de diálogo, se fue configurando una comprensión común: la espiritualidad que nace en Abya Yala no puede separarse de la historia, de los cuerpos ni de la tierra. Es una espiritualidad encarnada, que se expresa en las luchas cotidianas de los pueblos, en la memoria de quienes entregaron su vida por la justicia y en el cuidado de la vida en todas sus formas. Frente a la herida abierta del colonialismo, el patriarcado, el racismo y las nuevas formas del capitalismo global, reconocemos la necesidad urgente de una teología que se piense y practique desde las comunidades, en clave política, liberadora y decolonial.

Comprendemos que la espiritualidad de las y los seguidores del Nazareno se caracteriza por el compromiso con la vida y la dignidad de los oprimidos, diferenciándose de las lógicas de poder que a lo largo de la historia han configurado la cristiandad como sistema de dominación. En este sentido, afirmamos que la espiritualidad auténticamente cristiana no puede desligarse de la praxis transformadora ni del horizonte del Reino de Dios, entendido como justicia, equidad y fraternidad universal.

Durante el Encuentro emergió con fuerza la convicción de que toda teología política debe partir del sentir, del cuidar y del reparar. Estas tres dimensiones expresan una metodología profundamente humana y espiritual. Sentir supone dejarse afectar por el sufrimiento y la esperanza de los pueblos; cuidar implica asumir la responsabilidad mutua entre los seres humanos y con la creación; reparar, finalmente, remite a la acción transformadora que busca restaurar la dignidad y construir nuevas condiciones de vida.

Asimismo, se destacó la importancia de habitar críticamente los espacios digitales, reconociendo que las redes pueden ser tanto lugar de dominación como territorio de encuentro y resistencia. Desde la teología política, urge construir narrativas que promuevan el discernimiento, la solidaridad y la comunión en medio de un mundo fragmentado por la desinformación y la indiferencia.

Las reflexiones compartidas también nos llevaron a reconocer el valor de la memoria ancestral como fuente de sabiduría para la acción política. La llamada “mochila ancestral” es símbolo de la herencia espiritual y cultural que los pueblos de Abya Yala portan consigo: una memoria que resiste al olvido, que enseña a caminar con humildad y que inspira a tejer comunidad en medio de la adversidad.

En este contexto, expresamos nuestro reconocimiento a las prácticas de organizaciones comunitarias del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), y a las delegaciones de diversos países que, desde su compromiso con los derechos humanos, el territorio y la dignidad de los pueblos, encarnan el Evangelio como fuerza de vida frente al fascismo, el racismo y las múltiples formas de exclusión y genocidio. Sus acciones son testimonio vivo de una espiritualidad que se hace cuerpo y se convierte en resistencia.

El encuentro nos deja la convicción de que pensar las espiritualidades no es un ejercicio teórico aislado, sino una necesidad urgente para sostener y orientar las luchas políticas de nuestros pueblos. Una teología política sin espiritualidad corre el riesgo de vaciarse de sentido, y una espiritualidad sin compromiso político se vuelve estéril ante el sufrimiento del mundo. Ambas dimensiones deben entrelazarse para que la fe se vuelva praxis transformadora.

Desde Abya Yala, enviamos al mundo un mensaje de esperanza, resistencia y comunión. Invitamos a las comunidades de fe, a las instituciones eclesiales y académicas, y a los movimientos sociales a seguir tejiendo caminos comunes. Convocamos a una espiritualidad que se encarne en la historia, que mire con compasión y que actúe con valentía frente a las injusticias.

Creemos firmemente que sin espiritualidad no hay transformación política duradera, y que sin justicia no puede haber verdadera espiritualidad. Con esta certeza, reafirmamos nuestro compromiso con la vida, con los pueblos y con la construcción de un horizonte de paz, equidad y dignidad para todas y todos.

Con esperanza y determinación,

Equipo organizador del primer encuentro de espiritualidad y teología política desde Abya Yala: CODECA, ÑAWI y PUBLICA

Claudio Ramírez, Yenny Delgado y Ollantay Itzamná

Abya Yala, el nombre proviene de la lengua Guna, una comunidad indígena entre Panamá y Colombia, y significa “tierra en plena madurez y tierra de sangre vital”. En la década de 1970, activistas, historiadores, políticos y teólogos con un fuerte sentido de identidad y trabajo descolonial adoptaron el término Abya Yala como un nombre unificado para el continente, en lugar de referirse como América Latina, Latinoamérica entre otros nombres que perpetúan las divisiones coloniales (Delgado & Ramírez, 2022).

Spiritualities and Political Theology from Abya Yala

Statement at the Conclusion of the First Continental Gathering on “Spiritualities and Political Theology from Abya Yala.” (Over 400 participants, including women, men, and children.)

Mazatenango, Suchitepéquez, Guatemala November 10, 2025

​Gathered in Mazatenango, Guatemala, from November 7–9, 2025, representatives of faith communities, social movements, grassroots organizations, farmers, educators, academics, and theologians from across Abya Yala convened to share experiences and deepen our common search for meaning. This First Encounter of Spiritualities and Political Theology From Abya Yala* arose as a space of attentive listening and collective discernment, inviting us to reimagine faith, justice, and hope in light of our continental realities and the ancestral wisdom of the original peoples of Abya Yala.

​Over the course of three days of dialogue, a shared conviction emerged: our spiritualities, born in Abya Yala, cannot be separated from history, from our bodies, or from our motherland. They are embodied spiritualities, expressed in the daily struggles of our peoples, in the memory of those who gave their lives for justice, and in the care for life in all its forms. Confronted with the open wounds of colonialism, patriarchy, racism, and the new manifestations of global capitalism, we affirm the urgent need for a theology conceived and lived within communities—one that is political, liberating, and decolonial.

We understand that our spiritualities as christians and followers of Jesus of Nazareth is characterized by a commitment to the life and dignity of the oppressed, distinguishing it from the power dynamics that, throughout history, have shaped Christianity as a system of domination. In this sense, we affirm that Christian Native spiritualities cannot be separated from transformative action or from the horizon of the Kingdom of God, understood as justice, equity, and universal solidarity.

During this first encounter, the conviction emerged strongly that Abya Yala theology is ancestral, comunal and political theology and must begin with feeling, caring, and repairing. These three dimensions express a profoundly human and spiritual methodology. Feeling involves allowing oneself to be affected by the suffering and hope of people; caring implies assuming mutual responsibility among human beings and with creation; repairing, finally, refers to transformative action that seeks to restore dignity and build new conditions for life.

Furthermore, the importance of critically engaging with digital spaces was emphasized, recognizing that networks can be both sites of domination and territories of encounter and resistance. From the perspective of political theology, there is an urgent need to construct narratives that promote discernment, solidarity, and communion in a world fragmented by disinformation and indifference.

​These shared reflections also led us to recognize the value of ancestral memories as a source of wisdom for political action. Our ancestral identity is a symbol of spirituality and cultural heritage for the peoples of Abya Yala: a memory that resists oblivion, teaches us to walk with humility, and inspires us to build community in the face of adversity.

In this context, we express our appreciation for the support of CODECA, PUBLICA, ÑAWI, and the delegations from various countries who, through their commitment to human rights, land and territories, and the dignity of peoples, embody the Gospel as a life-giving force in the face of fascism, racism, impoverishment, supremacies, and the many forms of exclusion and genocide committed in Abya Yala. Their decolonial actions stand as a living testament to a spirituality that takes shape and becomes resistance.

​

These days together leaves us with the conviction that reflecting on spiritualities is not an isolated theoretical exercise but an urgent necessity for sustaining and guiding the political struggles of our peoples. A political theology without spirituality risks becoming meaningless, and a spirituality without political commitment becomes sterile in the face of the world’s suffering. Both dimensions must be intertwined so that faith becomes transformative praxis.

From Abya Yala, we invite faith communities, ecclesial and academic institutions, and social movements to continue forging common paths. We call for a spirituality rooted in decolonial history, one that looks with compassion and acts courageously in the face of injustice.

​We firmly believe that without spiritual practices there can be no lasting political transformation, and that without justice there can be no true spirituality. With this conviction, we reaffirm our commitment to life and to building a future of peace, equity, and dignity for all in our motherland.

With hope and determination,
We, the participants of the First Gathering on Spiritualities and Political Theology in Abya Yala.

​

​*Abya Yala in the Guna language means “land in full maturity and land of vital blood.” In the 1970s, activists, historians, politicians, and theologians with a strong sense of ancestral identity adopted the term Abya Yala as a unified name for the continent, instead of referring to it as Latin America, The Americas among other names that perpetuate colonial divisions (Delgado & Ramírez, 2022).

First Encounter: “Spiritualities and Political Theologies from Abya Yala: Decolonial Challenges and Perspectives”

From November 7–9, 2025, more than 350 participants from across Abya Yala will gather in Mazatenango, Guatemala, for the First Encounter on “Spiritualities and Political Theologies from Abya Yala*: Decolonial Challenges and Perspectives.”

This gathering seeks to deepen reflection on the interconnections between spirituality, theology, and politics emerging from the lived experiences where faith meets realities. From the heart of these experiences, the encounter will build on a decolonial and prophetic Abya Yala theology, one that reclaims ancestral memory, Native spiritual practices, nurtures justice, and envisions dignified futures for all.

The encounter is led by theologians Yenny Delgado and Claudio Ramírez, who serve as foundational organizers and key promoters of Abya Yala theology. Alongside them, theologians, educators, community leaders, farmers, activists, and Indigenous elders from Peru, Colombia, Argentina, Puerto Rico, Honduras, Guatemala, El Salvador, Mexico, and the United States will participate, offering their voices, wisdom, and experiences to this collective process of dialogue and transformation in Abya Yala.

This gathering is supported by various ecumenical institutions committed to critical, decolonial and prophetic, including PUBLICA – Theology in Public Life, ÑAWI – Intercultural Dialogue, CODECA, Rodolfo Kusch Institute, AMERINDIA, among others community organizations.

*Abya Yala is a word in the Guna language, it means “land in full maturity and the land of vital blood.” this name holds deep significance for the Native peoples and descendants, as it represents the unity and vitality of our continent and spiritual practices before the European’s arrival. Adopted in the 70’s by activists, historians, educators, and theologians, the term challenges colonial and eurocentric divisions in the continent. (Delgado & Ramirez, 2023)

Eva y María: Caída y Redención desde la Perspectiva Femenina

Por Rosaly Guzmán

Desde los albores de la creación hasta la plenitud de los tiempos, la figura femenina ha ocupado un lugar clave en la historia de la salvación. En este ensayo reflexionaremos sobre dos mujeres fundamentales: Eva, símbolo de la fragilidad humana y del inicio del drama del pecado; y María, la madre de Jesús, cuyo “sí” a Dios se convierte en el punto de inflexión redentora para toda la humanidad. A través de un análisis teológico y tipológico, examinaremos cómo estas dos figuras no son meramente contrastes, sino profundamente complementarias. Eva y María representan la tensión entre caída y redención, desobediencia y obediencia, oscuridad y luz. Ambas reflejan aspectos de la experiencia humana en su dimensión femenina, y nos invitan a contemplar el papel vital que la mujer desempeña en el plan divino. Este ensayo busca no solo profundizar en estas figuras bíblicas, sino también provocar una reflexión más amplia sobre la dignidad, vocación y misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo.

La narrativa bíblica no es neutral en cuanto a género: está tejida con voces masculinas y femeninas que juntas revelan el corazón de Dios. En este contexto, Eva y María destacan como figuras clave dentro de una visión teológica de la humanidad. Aunque separadas por siglos de historia, estas dos mujeres representan polos teológicos entre los cuales se mueve el drama de la redención. La caída del ser humano, en la que Eva juega un papel activo, no es el final. En María, la nueva Eva, la historia encuentra su reverso redentor. Este ensayo propone una lectura tipológica y teológica de ambas figuras, no para confrontarlas como culpable y salvadora, sino para descubrir en ellas una pedagogía divina que exalta lo femenino como lugar de encuentro entre Dios y la humanidad.

Eva: La humanidad en caída

La primera mujer, Eva, aparece en el relato de Génesis como compañera del hombre y coimagen de Dios:“Y creó Dios al hombre a su imagen… varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Eva, cuyo nombre significa “madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20), se convierte en símbolo de la humanidad que busca el conocimiento fuera de la obediencia. Su acto de comer del fruto prohibido no debe interpretarse simplemente como un error individual, sino como la representación arquetípica del deseo humano de autonomía absoluta, sin Dios.

San Ireneo de Lyon, en su obra Contra las herejías, observa que Eva desata el nudo de la desobediencia que será anudado nuevamente por la obediencia de María. Él escribe:“Así como por la desobediencia de una mujer el hombre fue condenado, así también por la obediencia de una mujer el hombre fue salvado” (Ireneo, Adversus Haereses 3.22.4).

Eva no es condenada a ser una figura eternamente culpable, sino que representa a la humanidad en su búsqueda, caída y necesidad de redención. Su historia es la nuestra: una historia de fragilidad, deseo, error y, sin embargo, nunca fuera del alcance de la gracia divina.

María: La nueva Eva y el amanecer de la redención

En la plenitud de los tiempos, María aparece como la mujer por medio de la cual entra al mundo el Salvador. Su respuesta al anuncio del ángel Gabriel es un acto de fe radical:“He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38, RVR1960).

En este momento, María se convierte en el reverso redentor de Eva. Donde Eva escuchó a la serpiente, María escucha al mensajero de Dios. Donde Eva dudó del mandato divino, María confía plenamente. La tradición patrística vio en esta oposición una clave teológica para entender la redención.

Hans Urs von Balthasar expresa este paralelismo con claridad: “Eva se afirma en su voluntad sobre la de Dios, María se entrega. Donde Eva dijo ‘no’, María dice ‘sí’. Y ese sí es el canal por donde entra la gracia al mundo” (von Balthasar, María, Primera Iglesia, 1980).

La obediencia de María no es pasividad, sino un acto de libertad iluminada por la fe. Su maternidad es física, pero también espiritual: ella es madre de Jesús y, por extensión, madre de todos los redimidos (Juan 19:26–27).

Tipología: De la desobediencia al fiat

La lectura tipológica permite ver en Eva y María dos mujeres entrelazadas en la historia sagrada, no como rivales, sino como imágenes opuestas de la misma humanidad. Según San Justino Mártir:

“Cristo fue hecho hombre por medio de la Virgen para que la desobediencia provocada por la serpiente comenzara por medio de Eva y terminara por medio de María” (Diálogo con Trifón, 100).

En este sentido, María no borra a Eva, sino que la redime desde dentro. La tipología no anula el pasado, sino que lo resignifica. La historia de la salvación no avanza destruyendo lo antiguo, sino cumpliéndolo.

Ambas mujeres tienen una relación directa con el Árbol: Eva con el árbol del conocimiento, María con el madero de la cruz. Al pie de ese nuevo árbol, María se mantiene firme, convirtiéndose en testigo del nuevo pacto:“Mujer, he ahí tu hijo… He ahí tu madre” (Juan 19:26–27).

Implicaciones actuales: La mujer en la historia sagrada y en la Iglesia

La visión teológica de Eva y María tiene profundas implicaciones pastorales y eclesiales. Si la historia de la redención comienza con una mujer y culmina con otra, entonces la mujer ocupa un lugar indispensable en la economía de la salvación. Lejos de ser secundaria, la figura femenina es mediadora, portadora de vida y de fe.

El Papa Juan Pablo II, en su carta apostólica Mulieris Dignitatem (1988), escribió: “La mujer es introducida en la historia de la salvación de un modo insustituible: es la primera en recibir al Redentor y en cooperar con Él en el misterio de la redención.”

En una época en que la dignidad femenina sigue siendo amenazada por estructuras patriarcales, estereotipos culturales o incluso por silencios eclesiales, estas figuras bíblicas invitan a una recuperación profunda del valor de la mujer. La Iglesia necesita redescubrir la voz profética de María y aprender a mirar con nuevos ojos a Eva, no como culpable eterna, sino como parte de una humanidad redimida.

Conclusión

Eva y María, más que símbolos opuestos, representan las posibilidades y tensiones del corazón humano. Eva nos recuerda nuestra fragilidad, pero también nuestro anhelo de plenitud. María nos muestra que la redención no es una idea abstracta, sino una realidad encarnada en la fe y obediencia de una mujer común. En ambas, la historia sagrada nos invita a mirar la vida con esperanza: la caída no tiene la última palabra, la gracia sí. Y es en lo femenino donde esta gracia encuentra tierra fértil para dar fruto eterno.

Preguntas para la reflexión y aplicación pastoral:

  1. ¿Cómo podemos redescubrir a Eva como símbolo de la humanidad en búsqueda y no solo como figura de culpa?
  2. ¿Qué significa para ti que María haya dicho “sí” a Dios desde su condición de mujer joven, humilde y anónima?
  3. ¿De qué manera el ejemplo de María puede inspirar a las mujeres de hoy en su vida de fe, liderazgo y servicio?
  4. ¿Cómo puede la Iglesia valorar mejor la dimensión femenina en su misión pastoral y teológica?
  5. ¿Qué aspectos de tu vida personal podrían transformarse si pasas de un “no” temeroso a un “sí” confiado como el de María?

Sobre la autora:

Rosaly Guzmán Torres es puertorriqueña con una maestría en Divinidad y estudios doctorales en Consejería. Rosaly es profesora universitaria, maestra bíblica y líder activa en la iglesia Bautista del Sur. Además de sus múltiples roles profesionales, es madre y mentora, con un compromiso firme de guiar a otras mujeres hacia el crecimiento espiritual, emocional y personal.

Comunidad de Teólogas de Abya Yala

Bienvenidas!

Hemos abierto un formulario en línea con el objetivo de crear una base de datos de las teólogas que viven, reflexionan y escriben desde Abya Yala. Este es un espacio dedicado a amplificar las voces de las mujeres teólogas en la iglesia, la sociedad y los centros de estudios teológicos de nuestro continente.

Desde 2020, nos venimos reuniendo como comunidad de “mujeres haciendo teología en Abya Yala”, construyendo un valioso archivo/ registro con las presentaciones de las teólogas más influyentes y relevantes del continente. Puedes escucharlas en nuestro canal de Youtube PUBLICA.

Te invitamos a sumarte para que puedas recibir los boletines mensuales, participar de las actividades que promovemos y ser parte del directorio y archivo histórico que estamos construyendo de las Teólogas de Abya Yala.

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El nombre de Abya Yala proviene de la lengua Guna y significa “tierra en plena madurez y tierra de sangre vital”. El pueblo Guna habitan entre los actuales territorios de Panamá y Colombia. Abya Yala representa simbólicamente la conectividad del continente. En la década de 70′, el término Abya Yala fue adoptado por muchos activistas nativos, historiadores, políticos y teólogas como el nombre unificado de nuestra madre tierra. Decimos Abya Yala en lugar de decir “América Latina, Latinoamerica, Hispanoamérica, Las Americas,” entre otros nombres que perpetúan la mirada eurocéntrica y las divisiones coloniales sobre nuestro continente.

Políticas anti-migratorias: Una muestra de un patriarcado colonizador

El crecimiento de políticas anti-migratorias a lo largo del continente sigue creciendo. En los últimos años diversos países han demostrado poco o nada de entendimiento sobre las diversas migraciones que existen. En el caso sobre todo de las mujeres, la migración puede ser la muestra más grande de sobrevivencia, la cual se le denomina “migración forzada.” Las mujeres con sus familias deben salir de sus casas o pueblos de origen por la violencia, las guerras, la hambruna. Muchas mujeres lo hacen tomando el riesgo de viajar solas o hasta con sus bebes en brazos, esta difícil situación nos muestra no solo la fragilidad de las mujeres, sino la dureza de las fronteras entre países que comparten territorios. Estas situaciones parecen ser desconocidas por los políticos de turno, que asumen el poder con políticas discriminatorias, supremacistas y opresoras que nos muestra el legado colonial al que hemos sido sujetas por varios siglos.

A lo largo del continente no solo estamos viendo fronteras tan duras entre Estados Unidos y México, sino que las políticas fronterizas se han extendido entre Guatemala y México, Venezuela y Colombia. Bolivia y Chile. Argentina y Brasil, Perú y Ecuador por mencionar algunos, estas políticas son diseñadas y compartidas cada vez con más dureza, como es el caso de una pequeña isla en el caribe, las políticas anti-migratorias entre República Dominicana y Haití. 

Hace unos días el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, ha anunciado medidas contra la migración haitiana, con el argumento de “proteger la República Dominicana y asegurar el respeto a las leyes del país”. Pero ¿acaso deportar mujeres recién paridas con sus bebés en brazos, o mujeres en estado de gestación, es una forma legítima y humana de protección nacional? 

La historia de Haití y República Dominicana está entrelazada desde los inicios del proceso colonial y esclavista ejecutadas por los europeos, específicamente del reinado español y francés. Ambos se establecieron a un extremo de la misma isla, y sus poblaciones afro-descendientes de esa época y que hasta ahora habitan lo que es hoy, Dominicana y Haití provienen de una historia común de esclavismo, lucha, resistencia y deseo de emancipación. Entonces, ¿por qué se actúa como si Dominicana quiere proteger su territorio de una forma exclusiva? que seguridad nacional está cuidando?- Sigue perpetuándose las rivalidades español/francés en las actualidades repúblicas? ¿siguen sosteniéndose el colorismo, la blanquitud entre ambos pueblos? – Si no se comprende esta historia compartida de colonialismo, esclavismo y supremacías en una misma isla, ya nos podemos imaginar lo que ocurre en el resto del continente, lleno de países inventados durante las independencias republicanas, nos siguen atontando con historias de protección de fronteras, que ya con cuento viejo. Las famosas fronteras son cuestión natural de poder, control, división, reparto y despojo sobre la madre tierra.

Las actuales deportaciones masivas plantean preguntas fundamentales: ¿a quienes beneficia estas leyes? ¿a quiénes se está deportando? ¿A quiénes está enriqueciendo estas leyes anti-migratorias? ¿Hacia dónde y hasta cuándo? Una y otra vez se repite el mismo patrón colonial. Un continente repartido en fragmentos “republicanos”, donde aún gobernantes con mentalidad colonial, descendientes de europeos o con cuerpos racializados por un contexto clasista sigue escondiéndose tras máscaras de blanquitud, ejercen el poder y control. 

Se trata de élites patriarcales, con cortes coloniales, que se imponen sobre los cuerpos de los más vulnerables, las mujeres, las niñas, los hombres empobrecidos. Ya sean que se deporten desde Estados Unidos a El Salvador hombres tatuados, despojándoles de derecho a un proceso penal, despojándoles de sus nombres, de historia, de familia.En Dominicana en el primer día del plan anti-migratorio, 87 mujeres y 48 niños fueron arrestados en los hospitales, la mitad de ellas embarazadas y otras que recién habían dado a luz. La verdad es que detrás de estas dolorosas noticias que nos llegan casi de inmediato gracias a las redes sociales y la cobertura de noticias, la población recibe estas noticias con mas dolor y miedo, las iglesias tratando de entender estos tiempos violentos en silencio, los partidos políticos más cómplices, y así nos vamos sumergiendo en un continente más aislado y complice. 

Esta situación anti-migratoria, si les prestamos mayor atención, se dan a más grande escala, solo para mencionar el caso de Bolivia que firmó un acuerdo con Chile para recibir de regreso a bolivianos y hasta venezolanos que se encuentran en Chile indocumentados. Cada uno de estos ejemplos muestran la cara de preocupación nacional, pero en el fondo es la cara de un modelo colonial fronterizo, de un supremacismo álgido, descarado e histórico que muchos se niegan a denunciar en la tan presumida “Latino América” donde seguimos negando el colorismo, los derechos a los pueblos originarios, y existe una nebulosa idea de “mestizaje” sin identidad. Mientras tanto van tomando ventaja, los de siempre, los blancos descendientes europeos que siguen al mando de las decisiones políticas y siguen perpetuando un patriarcado colonizador. 

Sin duda este tema da para seguir reflexionando, entre nuevas políticas, firma de acuerdos, construcción de muros, control de mega cárceles, entre otras medidas inhumanas. Se repite de una manera de “defensa nacional” el control sobre la población históricamente empobrecida y oprimida en Abya Yala.