WAR WITH IRAN IS NOT STRENGTH ;  IT IS THE ILLUSION OF POWER

36 days ago Donald Trump decided to bomb Iran in support of Israel, furthering a pattern of expansion in the Middle East. By acting unilaterally and bypassing congressional approval, he has embroiled the nation in a conflict characterized by destruction and control. This approach neglects a fundamental truth: genuine leadership in a democracy is defined not by domination, but by service and the valuing of human life.

The ongoing escalation involving Iran, led by the United States and Israel, raises urgent moral, theological, and political questions. Beyond national security rhetoric, deeper concerns persist, including economic interests, political calculations, and the pursuit of regional influence. Military strength, regardless of its sophistication, does not confer moral legitimacy to endanger entire populations.

When bombs target schools and children, society must confront a painful reality: the erosion of what is sacred. Within the Christian tradition, protecting life, especially that of children, is a core value. When this principle is violated, the failure extends beyond policy; it constitutes a profound failure of conscience.

Each day, global headlines are saturated with fear, threats, and destructive rhetoric. Political figures openly discuss annihilation, treating such language as a strategic tool. However, threatening the eradication of entire nations does not demonstrate strength; it signifies moral collapse. No national interest can justify terror or mass death. Just hearing it should make us tremble!

Meanwhile, those in power remain largely insulated from the consequences of their decisions. Choices about war are made far from the lives they affect, while civilians, families, children, and entire communities bear the burden. In territories like Gaza, Lebanon, and Iran, millions endure uncertainty and struggle to survive. Will the victims get justice for what Israel and the United States are doing?

Simultaneously, unresolved corruption and abuse of power among elites continue to damage public trust. Epstein Files show the monstrous nature of man in power, sexual abuse of minors, among other atrocities, remains covered, and victims are waiting for justice. When truth is obscured and accountability is evaded, a larger moral crisis emerges, influencing foreign policy decisions. A government unable to address injustice domestically cannot credibly advocate for justice internationally.

This situation prompts a necessary question: Are calls to war distracting from deeper issues? If so, the problem is not just political; it is fundamentally ethical. Leadership driven by fear, ego, and deflection conflicts with the democratic values the United States claims to uphold. especially when pastors and evangelical religious leaders like Franklin Graham pray in daylight and on television to support Donald Trump instead of opposing him on his actions. 

Threatening the destruction of Iran and the deaths of millions does not constitute a strategy; it represents the rhetoric of catastrophe. No leader possesses the moral authority to determine the fate of entire populations. Such actions do not exemplify leadership; they reflect a dangerous distortion of power.

From a faith perspective, the message is unequivocal: God does not endorse unjust violence. War cannot be justified as an instrument of control. The destruction of human life is never acceptable.

This perspective also challenges communities within the United States that have supported violence under the guise of religious justification. No sincere interpretation of sacred texts supports terror, suffering, or the elimination of others. Invoking God to defend violence is not an act of faith; it is hypocrisy.

It must be acknowledged that bombing does not bring liberation; it is an exercise of control. When power is used at the expense of human life, it loses legitimacy.

It is time to reject leadership motivated by ego, corruption, and fear. Donald Trump must be scrutinized, questioned, and held accountable for his actions.

Across the country, voices are rising: “No Kings,” “No more endless wars,” and “Not in our name.” These statements do not indicate weakness; they represent expressions of democratic responsibility.

True strength is not measured by military force, but by the courage to protect life, uphold justice, and choose restraint over destruction.

“Espiritualidades y Teologías Políticas desde Abya Yala: Desafíos y perspectivas descoloniales”

Encuentro Continental – Guatemala, 7-9 Noviembre,2025

Las comunidades organizadas en resistencias, articuladas en CODECA, el forum de teología política PUBLICA y la comunidad de diálogo intercultural, ÑAWI, invitamos a teólogos, teólogas, académicos, portavoces de comunidades en resistencias sociopolíticas, sabios y sabias de pueblos originarios, y actores comprometidos con la transformación socio-política, a participar en un espacio de diálogo y aprendizaje que explora las experiencias de resistencias de los movimientos sociales y eclesiales a través de las espiritualidades y esperanzas comunitarias en Abya Yala.

CONVOCATORIA DE PONENCIAS

Se invita a presentar ponencias que aborden, desde una perspectiva teológica política, los desafíos y oportunidades en las comunidades en resistencias, como promotoras del “Buen vivir” en los siguientes ejes temáticos:

  1. Acción eclesial en la política pública: Estrategias para la incidencia en políticas sociales y públicas en defensa de los derechos humanos.
  2. Educar para las resistencias transformadoras: Metodologías de educación popular para la formación en teología política.
  3. Salud y restauración de los equilibrios: Organización comunitaria para el acceso equitativo a la salud y justicia.
  4. Ecología integral desde Abya Yala: Cuidado de la madre tierra desde una perspectiva indígena y teológica.
  5. Teología política y migración: Reflexionar sobre los procesos migratorios en Abya Yala, y cómo estos exponen las políticas fronterizas, la exclusión y discriminación de los y las migrantes
  6. Identidades nativas y afro-descendencia: Reflexionar desde las perspectivas de la teología y espiritualidades nativas, indígenas, africana o teología negra, los desafíos actuales de las comunidades nativas y afro descendientes en Abya Yala.
  7. Mujer y derechos: Visibilizar las luchas de las mujeres en los diferentes contextos sociales y políticos desde una perspectiva mujerista y feminista comunitaria.

APOYO A LA PARTICIPACIÓN: Las y los seleccionados para presentar sus ponencias o talleres, se les ofrecerá: alojamiento, alimentación y traslado terrestre en el territorio de Guatemala.

Idiomas del Encuentro: Para garantizar la inclusión de voces diversas, contaremos con traducción durante las presentaciones en los siguientes idiomas:

●  Idiomas originarios de Abya Yala

●  Español

●  Portugués

●  Inglés

ENVÍO DE PROPUESTAS

Formato:
Resumen de máximo 300 palabras. Breve biografía del autor/a o autores/as. Institución. Nacionalidad. Identidad ancestral. Idioma de presentación.

Las propuestas deben enviarse con fecha extendida hasta el 15 de Julio al correo electrónico teologiaabyayala@publicatheology.org

Este encuentro es una invitación a construir colectivamente un pensamiento teológico-político desde la perspectiva de Abya Yala, capaz de responder de manera inclusiva, justa y sostenible a los desafíos contemporáneos.

¡Esperamos contar con tu participación!

Los cuerpos femeninos crucificados a causa del conflicto armado en Colombia

Por Claudia Chaurra

En el continente se viven realidades de pobreza, migración, violencia, desempleo corrupción, abusos, precariedad en ámbitos de salud, educación y en todo aquello que debe asegurar unas condiciones de vida digna. Los cuerpos en este contexto han sufrido las consecuencias de la injustica social en su mayor extensión, en especial los pueblos indígenas, campesinos y afro han vivido el mayor impacto de este mal encarnado.

En el caso particular de Colombia, en el año 2022, la comisión de la verdad presentó el informe final sobre el conflicto armado del País, en medio del discurso a cargo de Francisco de Roux se resaltó lo siguiente: “ Si hiciéramos un minuto de silencio por cada una de las víctimas del conflicto armado, el país tendría que estar en silencio durante 17 años”, es decir es una historia manchada de sangre, de impunidad e indiferencia, porque viendo lo que pasaba, se permitió que continuara la barbarie.

Más que cifras de las víctimas del conflicto, fueron rostros concretos, de campesinos, indígenas, de hombres, de mujeres, de niños, de jóvenes, que pagaron con su propia vida un precio muy alto. Una de las publicaciones entregadas por la comisión, tiene como protagonistas las experiencias de mujeres en el contexto del conflicto armado. Al pasar las páginas se leen los testimonios de mujeres que más allá del sufrimiento, hablan de sus esperanzas y sus anhelos de cambio para poder vivir en paz. La verbalización de estos hechos, tienen como función, romper el silencio, para redimirlos y luchar por su resurrección.

Estas mujeres fueron doblemente heridas: por el conflicto armado y por la sociedad que, aun viendo su dolor y sufrimiento, las condenó al olvido y a la impunidad, a esto se refiere el documento. Y… ¿Quiénes fueron estas mujeres? Como allí lo expresan: fueron mujeres de diferente edades, etnias, de distintas regiones del país, trabajadoras, amas de casa, lideresas, que experimentaron un profundo sufrimiento y enorme perdidas (cfr,. Comisión de Verdad y Memoria de Mujeres Colombianas, 2022,  p13), por ello, se habla de un doble circulo de confirmación de la violencia: La minusvalorización de las mujeres que permite la agresión con la que se ejerce el control sobre sus vidas y del funcionamiento social en que se da un normalización de la violencia y un silenciamiento de la misma ya sea porque no se visualiza o que se debe se teme a denunciarlo debido a que se estigmatiza y culpabiliza a las mujeres víctimas de la violencia. (cfr, p 20).

En el documento: “Guía para la pedagogía del volumen mi cuerpo es la verdad.” sección mujeres (2022), se exponen las siguientes cifras que reflejan este flagelo:  

  • Víctimas de desplazamiento forzado 7.760.771, 4.031.539 Mujeres.
  • Las mujeres indígenas que contaron su historia a la Comisión reportaron desplazamiento forzado en el 31,6 %  de los eventos de violencia; amenazas, en el 18,8%; violencias sexuales, en el 7,2%; y despojo, en el 3,21%.
  •  El 68,53% del total de mujeres víctimas que dieron su testimonio a la Comisión de la Verdad son campesinas.
  • De acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV), en Colombia al menos 32.446 personas han sido víctimas de actos en contra de la libertad y la integridad sexual. Las mujeres y niñas son el 92 % del total de víctimas.
  • Las violencias sexuales y reproductivas se exacerbaron en el período de mayor degradación de la guerra entre 1996 y 2007. La mayor parte de las violencias reproductivas se cometieron al interior de los grupos armados. Las FARC en algunos de sus bloques impusieron la planificación y el aborto para las combatientes.
  • La Comisión identificó 173 violaciones de DDHH a mujeres que, en el momento de los hechos, ocupaban algún cargo político o eran funcionarias públicas. Fueron blanco de amenazas, persecuciones y homicidios.

Estos cuerpos en medio del conflicto, vivieron la inclemencia de la violencia, ya fuera física, sexual o psicológica, llevándolas a sentirse sin valor, sin rumbo y sin esperanzas; fueron  niñas, jóvenes, adultas y ancianas que sintieron que su cuerpo era un campo de guerra, sintieron cómo la muerte las rondaba, se sintieron señaladas, perseguidas, con miedo, pensaron quizá merecían esa realidad y que eran culpables de lo que les ocurría. Sufrieron en silencio, lloraron sin consuelo, enterraron sus muertos, perdieron sus tierras y dañaron sus sueños.

Algunas narrativas que permiten ampliar nuestra visión al respecto, son las siguientes:

  • “Había mucha corrupción, robos, infidelidades, estropeo de mujeres, robos de gallinas,  violaciones;  en ese tiempo una mujer no podía salir a hacer una diligencia,  mejor dicho  solo por fuerza mayor,  porque si alguien salía se reunían 10 o 20 hombres para abusar de ella. Nosotros le llamamos a esto “vaca muerta”. ¿A dónde se iba a quejar la pobre mujer? a ninguna parte, todo lo aguantaba” –Entrevista 140 VI-00095 mujer mestiza, ama de casa.
  • “Las mujeres tenían que estar en sus casas a cierta hora, ellos no querían ver mujeres en los billares, en discotecas. Una mujer infiel, podía ser asesinada en ese momento (…) todas bajo este tipo de regulación de la vida de las mujeres, eran castigadas” Entrevista 203 PR00198, mujer investigadora psicóloga.
  • “Yo quiero terminar con esta historia que me hace tanto daño. Primero que todo fui abusada a los seis años por un pariente de mi mamá. Era la más pequeña y siempre abusaban de mí. A los 15 años tomé la peor decisión de mi vida: Me fui de la casa y conocí al padre de mis hijos… A los 18 quedé en embarazo de mi primer hijo y todo ese tiempo fue maltrato, intentos de homicidio hacia mi y hacia mis hijos. Sufrí mucho.” – Entrevista 070- VI-00041 Mujer indígena nasa, empleada doméstica.

Esta dura realidad y otras narrativas que no se alcanzan a compartir en este escrito, representan las heridas de este mal encarnado en la historia, que muestra una vez más como los cuerpos femeninos han estado a merced de estructuras de poder, que oprimen y condenan a la soledad y muerte. Sin embargo, es muy significativo ver cómo la esperanza repunta, y cómo aquellas que se exiliaron de sí mismas y caminaron a oscuras sin tener a donde ir o a quién llamar, encontraron en otros cuerpos femeninos miradas y brazos sororos que las sostuvieron y animaron a continuar. El sufrimiento en común, hizo posible su encuentro, constituyéndose así, como portadoras y protectoras de vida, que acogen y defienden la misma, sea cual sea la circunstancia. En este sentido es muy coherente Margot Bremer, al afirmar que “un pueblo que sufre la pasión de muerte, despierta en la mujer la pasión por la vida”.

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Claudia Lorena Chaurra Romero. Teóloga colombiana. Vive y escribe desde  Cali- Colombia. Es licenciada en filosofía y ciencias religiosas, con maestría en teología latinoamericana por la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA) .