Por Frederick Xavier Rodríguez-Castro
Cada mes de enero, Estados Unidos y Puerto Rico conmemoran el legado de Martin Luther King Jr., una figura cuya lucha no estaba representada exclusivamente por la justicia racial, que, sin duda alguna, continúa interpelando a nuestras sociedades. Su lucha, en términos de religión, fue inter-confesional e interreligiosa. Inter-confesional a causa de la opinión de obispos que levantaron su voz en contra de su quehacer profético. Inter-religiosa, porque en su trayecto encontró mayores ejemplos de justicia y amor al prójimo en diálogo con otras fes. Consecuencia propia de cuando el sufijo “–ismo” de toda religión (cristian-ismo), abandona la ética y la fe hacia el prójimo para convertirse en un movimiento. Antes de sus luchas, como parte de su formación académica, mostraba interés por las influencias de las religiones sobre el cristianismo. A esto se suma, la reconocida influencia que tuvo el hinduismo, a través de la figura de Mahatma Gandhi, el budismo zen en la figura del moje Thich Nhat Hanh y del judaísmo, con su colega Abraham Joshua Heschel. King habitaba en un contexto marcado por la persecución de migrantes, color de piel y personas no cristianas. Su relación con personas de otras religiones, de quienes adoptó enseñanzas, modeló profundamente su comprensión de la justicia, la no violencia y del prójimo. Sin duda alguna, podemos afirmar que, en su teología, existían diálogos interreligiosos.
Influencias interreligiosas
Aunque fue un pastor cristiano, su ética pública trascendió los límites confesionales. Como bien destaca el Centro King en Atlanta, Georgia, existe una sección dedicada a Mahatma Gandhi. Lo que evidencia una influencia relevante no solo en su teoría de la no violencia contra la violencia, también en la práctica de marchar, boicotear y afrontar cárcel sin derramar sangre. A pesar de que comentaristas políticos usan el contexto para afirmar una influencia de inspiración política, los estudios vigentes sobre la vida de Kings, afirman que fue un guía espiritual para su vida con réplicas muy prácticas en su caminar pastoral.
En 2008, la revista The Buddhist Review: Tricycle publicó un artículo de Charles Johnson. Explica cómo King adoptó el satyagraha (la fuerza de la verdad y la resistencia no violenta) como fundamento táctico de su lucha. El propio King lo expresó con claridad durante el boicot a los autobuses de Montgomery: “Cristo nos dio los objetivos y Mahatma Gandhi las tácticas.”
Asimismo, King compartía con el monje budista Thich Nhat Hanh, la convicción de que la no violencia no es solo una estrategia política, sino una disciplina espiritual. Estas influencias muestran que integró principios éticos provenientes de otras religiones, no para sustituir su fe cristiana, sino para encarnarla de manera radical.
Con relación a Abraham Joshua Heschel, recibió del judaísmo una comprensión del profetismo. No es un profetismo espiritual, es un profetismo encarnado histórico y práctico. Por lo que King comprendía que la lucha por los derechos civiles no solo era local y política, era teológica, dado que el silencio de los pastores ante la injusticia o la toma de posesión neutral era una blasfemia. En King, la lucha contra el racismo es una lucha contra el satanismo, equivalente a la humillación pública. Por lo que el racismo y la discriminación religiosa cobra un lenguaje de sinónimo de pecado y negación de la imagen de Dios.
King en sus estudios realizados en la Universidad de Stanford, identifica, a partir de diversas lecturas, la presencia de mitos paganos que sugieren una posible influencia pagana en el pensamiento de los primeros cristianos. Entre estos paralelismos se encuentran los cultos a Cibeles y Attis en Roma (concepción virginal, resurrección); al dios Adonis en Antioquía y Belén (descenso al inframundo y resurrección); a Osiris, Isis y Horus en Egipto (triada divina, ascensión y maternidad divina); y al dios Mitra en Persia, actual Irán (domingo como día sagrado, natividad, inmortalidad, mediador).
La crítica profética a las iglesias cristianas
En su célebre Carta desde la cárcel de Birmingham, dirigida a religiosos de Alabama, King lamenta que muchos pastores se opusieran a la lucha por los derechos civiles, quienes argumentaban que no era el momento. Fue señalado por “extremismos”, pero tal como haría Jesús, reconfiguró la acusación en la pregunta ¿qué tipo de extremismo seremos? Si del odio o del amor. En la carta se atribuye a las congregaciones estar a favor de la opinión pública, pues se comprende que puede ser manipulada e incluso no tener la razón o la verdad con ella.
La fe, de acuerdo con King, transforma las injusticias de la sociedad. Es por ello que pensando en principios tomistas, ilustra a los pastores en que las leyes por responder a marcos legales, no necesariamente son justas si menoscaban al prójimo. Esta postura revelaba una incapacidad de leer los “signos de los tiempos” y de comprender la historia como un lugar teológico donde Dios actúa. La respuesta cristiana debía ser combatir la violencia con no violencia, las leyes injustas con desobediencia civil, y el odio con amor.
El Buen Samaritano como descolonización teológica
En su libro La fuerza de amar, King ofrece un comentario sobre Lc 10,29 y la parábola del Buen Samaritano. En su sermón “Ser un buen prójimo”, King descoloniza el pensamiento social y teológico cristiano. Afirma que el prójimo no es un concepto exclusivo del cristianismo, sino un principio de altruismo (1999, pp.32- 35). Para King, el samaritano no representa simplemente a un hermano de otra raza; representa a alguien de otra religión y otra nacionalidad. Esta lectura rompe con cualquier intento de reducir el amor al prójimo a un círculo identitario nacional o confesional. No hay nada peor que la segregación y la discriminación, estas trascienden el plano social.
Al igual que en los tiempos de Jesús, la religión; la del centurión romano (culto al césar y politeísmo), de la mujer sirofenicia (divinidades semíticas) y de los samaritanos (yahvismo), no fue un obstáculo para negar el amor al prójimo. El odio entre religiones no tiene justificación moral. La moralidad, dice King, no puede dibujarse en forma de ley, porque su raíz es más profunda: es la dignidad humana.
Para King el mandamiento “no matarás” implicaba no matar a blancos, pero sí a negros. Él tenía plena conciencia de su contexto étnico, social, teológico y religioso: “si el blanco solo se preocupa por su propio color y no por el negro, el empresario por su empresa y no por los trabajadores y… no por los pobres, significa que existe un provincialismo” (1999, p.33). La pregunta que surge es inevitable: Si un cristiano solo se preocupa por los cristianos, ¿no traiciona el corazón mismo del Evangelio? Para King, la respuesta es clara: el amor al prójimo no conoce fronteras religiosas, raciales ni nacionales.
Conclusión
La vida y el pensamiento de King revelan que la justicia no puede construirse desde la superioridad moral religiosa. Su apertura hacia otras tradiciones espirituales demuestra que la verdad ética es más amplia que cualquier confesión particular. Tanto su identidad cristiana, como el diálogo interreligioso y sus lecturas sobre las religiones, no representaron un obstáculo, ya que no entendía dichas tradiciones como desviaciones de una revelación única, sino como expresiones históricas y culturales de la búsqueda de lo divino. De hecho, afirma que si no fuera por las religiones que precedieron al cristianismo, difícilmente el cristianismo pudiera haber existido tal como lo conocemos hoy.
El aprendizaje interreligioso se convirtió en una vía de discernimiento teológico, particularmente en diálogo con comunidades marginales. Es fruto de su praxis pastoral y de su comprensión teológica y existencial de las Escrituras. Con criterio ético del amor y la justicia, no de doctrinas. Dios, desde esta comprensión, no ama de manera exclusiva ni selectiva; no se limita a una etnia, cultura o confesión religiosa. Trasciende los límites visibles del cristianismo y se manifiesta en la doctrina imago Dei: todo ser humano, independientemente de su pertenencia religiosa, participa de la imagen y semejanza de Dios.
En efecto existe en nuestros tiempos una religión mucho más avanzada que el “cristian-ismo”, es una religión que se pronuncia con la práctica de la ética, contiene un solo dogma y doctrina, un solo lugar teológico, y un solo contenido; amar al prójimo, como a ti mismo.
Frederick Xavier Rodríguez-Castro es investigador, historiador y teólogo puertorriqueño. Candidato a doctorado en Teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.