Cuánta lucha, cuántos esfuerzos y cuánta valentía en la vida de Dolores Huerta activista y líder comunitaria estadounidense. Conocí su historia a través del movimiento campesino de Estados Unidos, de sus luchas por los derechos, la dignidad y el reconocimiento de su identidad. Su vida ha sido un testimonio de resistencia y compromiso con quienes históricamente han sido invisibilizados.
Más tarde conocí su última confesión pública, el abuso sexual que sufrió por parte de César Chávez, una historia que guardó durante muchos años. Me sentí cerca de ella. Es una historia que me conmovió, me movilizó y también me llenó de rabia. Duele saber que una mujer que dedicó su vida a luchar por los derechos de otras personas también tuvo que cargar durante tanto tiempo con su propio dolor.
Pero, al escucharla hablar de ello, también sentí calma. Sentí que, después de tantos años, había encontrado el momento para hablar, recuperar su voz y comenzar a vivir esa parte de su historia con mayor libertad. Sentí que merecía ese espacio para sí misma, después de una vida entregada a las luchas colectivas.
Dolores Huerta vivió 96 años, los mismos que habría vivido mi abuela Candelaria, campesina de los Andes del Perú. Nacieron el mismo año, en mundos distintos, pero hay algo que las acerca profundamente que es la historia de las mujeres campesinas, su fortaleza, sus silencios, sus luchas y esa valentía que muchas veces no recibe el reconocimiento que merece.
Hoy Dolores se convierte en una estrella en el cielo, pero su historia permanece entre nosotras. Nos deja un legado de lucha, dignidad y valentía, y también nos recuerda que quienes dedican su vida a transformar el mundo merecen ser escuchadas, cuidadas y reconocidas en toda su humanidad.
Gracias, Dolores, por tu lucha y por tu voz!