Teología Abya Yala: Identidad, descendencia y frontera

Por Yenny Delgado, Williams Flores y Claudio Ramírez*

La Teología Abya Yala es una teología cavilada desde nuestro contexto histórico y cotidiano de los pueblos originarios de Abya Yala. Es una teología profética de una reflexión seria, de diálogos honestos, que permiten hablar de la historia, confrontarla, y hacerla nuestra. La teología Abya Yala se piensa desde las subjetividades de las mujeres y hombres, cuyas bocas ya no pronuncian la lengua de nuestras ancestras, donde nuestros cuerpos ya no se mueven libremente al ritmo de las danzas, donde nuestras oraciones ya no se alzan desde las mismas montañas. Aun así, nuestra memoria ancestral sigue guardando en su profundidad la sabiduría y espiritualidad viviente de nuestras madres y abuelas. 

Se ha de aclarar que Teología Abya Yala responde a un proceso de reflexión y entendimiento con un largo recorrido histórico. No proponemos un retorno a la vida ancestral ya que reconocemos la experiencia histórica colonial vivida y sus consecuencias sufridas durante siglos. La teología Abya Yala valora por sobre todo las practicas indígenas que han logrado resistir, manteniendo vivo los saberes y practica espiritual ancestrales que hasta ahora nos acompañan. Proponemos analizar procesos identitarios descolonizadores, que siguen presentes en la población originaria y su descendencia, en un continente pluricultural y pluriétnico.

De este modo, la propuesta de una teología Abya Yala y desde Abya Yala implica analizar tres categorías interpretativas que estarían interrelacionadas entre sí. La primera categoría es la de identidad, desde esta pista de análisis se estudiará el proceso de identidad étnica y su alcance teológico. La segunda categoría interpretativa, trata del estudio de la descendencia, a través de la historia de invisibilización que han transitado los pueblos originarios y que ahora, los nacidos en Abya Yala sin vivir en los mismos pueblos y sin hablar nuestras lenguas originarias podemos seguir honrando a nuestras ancestras como su descendencia. 

Por último, la categoría de fronteras, como los lugares de encuentro donde las resistencias de los pueblos originarios es latente y que habiendo sido divididos por fronteras mantiene viva el sentido de unidad continental, el despertar de una mirada que pasa muros y ciudadanías. Desde la teología Abya Yala creemos en una iglesia como comunidad que se entiende, y que se reforma, desde el acontecer de un Dios que habla desde Abya Yala, de una promesa de resurrección que libera a Abya Yala y que vemos llegar finalmente, para dejarnos ser, siglos después una Abya Yala con identidad propia. 

Identidad: Resurrección de la madre tierra 

Entender Abya Yala como la tierra de sangre vital implica dos cosas, por un lado, que es una tierra llena de pueblos que todavía mantienen sus culturas, sus lenguas, sus creencias, sus formas de entender el mundo, y que por otro lado implica, que esos pueblos en sus luchas de ser visibilizados se convierten en las voces que pueden amamantar a los que han nacido en Abya Yala, pero que han olvidado a la madre. 

En un discurso de Evo Morales, expresidente del estado Plurinacional de Bolivia, diría: «Antes de la llegada de Cristóbal Colón, nuestro continente existía sin fronteras. Era uno solo: Abya Yala. “Las sangres de nuestros padres, corrida por más de cinco centurias en las tierras de Abya Yala, reclama el retorno del equilibrio”. La necesidad de un retorno a un equilibrio no es otra cosa que la practica del “Buen Vivir”. Morales continúa diciendo “Los aymaras queremos nuevamente volver a ser, que significa volver a ser qamiri, que es Vivir Bien; los quechuas han dicho lo mismo: volver a ser capac, persona que vive bien; los guaraníes han dicho que quieren volver a ser yambae, que entraña vivir bien y sin dueños”.

Por consiguiente, Abya Yala es la madre tierra que integra, no solo a todos los pueblos originarios sino también su descendencia sobreviviente de cinco siglos de colonización. Las implicancias teológicas de esta concepción de Abya Yala, nos lleva a reflexionar desde donde nos encontramos, desde nuestra ubicación geográfica, desde el continente, en el sentido de que se ha de pensar la comunidad desde la madre, es decir, la madre tierra, una madre que siente, que se apasiona y que conecta con sus hijos e hijas presentes , que se encuentran en una etapa de madurez, y que reclaman la palabra y el espacio.

De este modo se ha de entender Abya Yala como la madre tierra, la Pachamama, que a sido victima de un proceso histórico colonialista, hegemónico y patriarcal que violentó y dividió a la madre en colonias, virreinatos y países. Por esta razón, la identidad invisibilizada en Abya Yala implica tomar en serio el proceso liberador de Jesús que sana, que cura toda herida, que restaura y que por sobre todo después de la crucifixión resucita. Y aquí estamos el pueblo originario y su descendencia pidiendo por la resurrección de la madre tierra y de sus hijos e hijos que fueron secuestrados y obligados a negar su propia identidad.

En este sentido Jon Sobrino al hablar de Jesús da cuenta de que la resurrección trae entonces esperanza para los crucificados, es decir para la población y a la madre tierra que ha sido despojada y sometida.  “Si se toma en serio lo dicho hasta ahora, se deduce, no por una lectura fundamentalista de los textos, sino por una profunda honradez hacia ellos, que la resurrección de Jesús es esperanza en primer lugar para los crucificados. Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los crucificados de la historia”

De esta manera habrá que entender que Dios en Abya Yala es el que resucita a la Madre tierra, la crucificada y que se muestra en los cuerpos y rostros diversos de las hijas e hijos que nos identificamos con ella. 

Descendencia una posibilidad de liberación

Es necesario enfatizar que la teología Abya Yala busca honrar a nuestros ancestros y ancestras. Como descendencia reconocemos su legado y su práctica que proporcionó entendimiento entre la cosmología naturalista y una espiritualidad profunda.

La colonización de Abya Yala generó un desorden con el afán de acaparar, en una intensa competencia, la tierra y todo lo que habitaba en ella se creo el caos. Este proceso de colonización afectó la vida de la población y su descendencia; convirtieron a la madre tierra en propiedad privada y subordinada al extraño. Los cristianos europeos recrearon una nueva narrativa apropiándose de la historia de la Biblia Hebrea y concibió a Abya Yala como una “nueva tierra prometida”; no sólo comenzaron a verse a sí mismos como el pueblo elegido por Dios, sino que se crearon una pirámide de la humanidad colocándose como superiores frente a la población originaria de Abya Yala.

La invención de las “razas” y sobre todo de la “raza Blanca” fue desarrollada y explotada por los europeos para gobernar a nuestros ancestros que en su entender no estaba aun completo. Esta ideología encontró en el mensaje cristiano de superioridad sobre otras religiones su base teológica. La Iglesia trabajó para promover, y hacer proselitismo de la supremacía blanca a través de la colonización. La división a través de virreinatos, haciendas, misiones, reducciones y reservas no quedo solo en la repartición de la tierra, sino que llevo a dividir y someter a la población que en ella habitaba.

El genocidio perpetrado hacia la población originaria fue sistemático, la clasificación de quienes eran parte de este “nuevo mundo” estaba a merced de los que tomaron el poder. Para la descendencia que iba naciendo en esta nueva sociedad, olvidar sus practicas ancestrales, su lengua, y luego asimilar practicas del cristianismo blanco normativo era una forma de sobrevivencia.  

Aunque los intentos de olvidar las atrocidades cometidas en Abya Yala han hecho que guardemos silencio, no quiere decir que el espíritu no nos haya acompañado todo este tiempo, la descendencia sigue siendo una posibilidad de liberación.  

Fronteras y el despertar del “nosotras”

Las fronteras territoriales de las nuevas repúblicas son incomprensibles para los pueblos originarios, que han recorrido Abya Yala de norte a sur por miles de años.  La Madre Tierra es una, plena e integral ¿Cómo podemos dividir a nuestra madre?  

Las fronteras no se reducen simplemente a dividir, establecen también jerarquías. Dentro de los territorios de los nuevos estado – nación, se relegó a los pueblos originarios a las periferias. De tal forma que esas fronteras, construyendo divisiones internas muy dolorosas. 

Las fronteras separaron comunidades entre campesinos y citadinos, entre indígenas y cristianos. Vimos una descendencia ajena a la madre la cual quedaron desarticulados, en definitiva, las fronteras externas e internas degradaron el principio epistémico del “nosotras”, que comparte la sangre vital, que vive y convive en la tierra madura y fructífera. Y que a través de la lucha y visibilización de los pueblos originarios, la sangre vital hará resucitar a la madre. 

En este sentido, no final sino continuo, cantamos con las voces de nuestros ancestros y ancestras, ese canto kaiová que es entonado en ocasión de prender fuego al monte, Pa’i Tambeju, diciendo: “Haz que mire hacia mí tu modo de ser. Haz que mire hacia mí el fuego creado para alegrar a la gente. Haz que mire hacia mí el verdadero fuego que se creó para alegrar a las gentes, así como él te dirige hacia mí, en virtud de estas palabras. Haz que mire hacia mí la antorcha destinada a alegrar a la gente, en virtud de estas palabras. Mi hermano mayor, Pa’i Tambeju Grande, haz que vea hacia mí su antorcha originaria, incline para mí su antorcha originaria”

*Este artículo es parte de la ponencia presentada por los autores en la Sociedad teológica Argentina el 21 de octubre, 2021.


Yenny Delgado – Psicóloga y teóloga. Estudiante doctoral en Ciencias Sociales de la Religión en la Universidad de Lausana. Escribe sobre las intersecciones entre memoria ancestral, etnicidad, descolonización y fe pública.

Williams Flores – Filósofo, historiador y Teólogo, escribe sobre movimientos populares, pastorales sociales, inclusión social y educación popular.

Claudio Ramírez – Teólogo con maestría en Teología Dogmática por la Universidad Católica de Córdoba. Miembro fundador de la comunidad en diálogo intercultural ÑAWI. Escribe sobre espiritualidad indígena y eco-teología.

La teología de la prosperidad y su impacto en la espiritualidad de las personas

Por Sharo Rosales

“La peor droga es la que narcotiza el corazón y la conciencia. El peor tráfico es el tráfico con la fe y con la Palabra de Dios. Hay también ‘narcotraficantes religiosos’ que tendrán que dar respuesta al Dios de la justicia y de la vida” . Con estas palabras lapidarias, el teólogo Juan Stam cerraba sus reflexiones sobre la manipulación de la fe para conseguir fines egoístas alejados de la Escritura.

Y es que, por larga data, hemos sido testigos de otro tipo de manipulaciones de la fe a favor del dios dinero. ¿Quién no recuerda aquel corillo entre personas cristianas en muchas iglesias evangélicas en Costa Rica, a mediados de los ochenta, que rezaba a modo de saludo o de respuesta a un “¿cómo está?”: “¡Prosperado, bendecido y en victoria!”? La frase reflejaba el estado ideal de una buena persona cristiana, pero, además, se esperaba que fuera una confesión de fe, aunque el sujeto en cuestión anduviera con un ánimo de arrastre y las finanzas en números rojos.

Sin embargo, esa no era la peor parte. La peor parte era que si la persona “andaba arrancada”, “hecha leña” o deprimida y con la billetera más que vacía, posiblemente, aquello significaba que estaba en pecado o, por lo menos, le faltaba fe.

Pues bien, esto se trata solo de una sombra de lo que hoy en día se da en llamar teología de la prosperidad. La teología de la prosperidad es una enseñanza religiosa basada en un supuesto pacto con Dios, donde las personas deben darse de manera económica y tener una fe ciega en sus líderes religiosos que les han prometido que Dios les prosperará materialmente por haberse dado.

Incluso, ya el teólogo Arturo Piedra, en sus cavilaciones para la revista Espiga, no deja de referirse a la teología de la prosperidad definiéndola de dos maneras: “(…) una corriente religiosa neoprotestante que establece que una buena relación con Dios conduce a una condición de prosperidad material (…) (y) una interpretación de la fe cristiana que percibe las situaciones humanas  de enfermedad y pobreza material como resultado de una relación deficiente  con  Dios” .

Lo cierto es que este paradigma teológico es asumido por cada vez más pastores neopentecostales. Osías Segura hace un recuento histórico y dice: “El pentecostalismo se debe distinguir en tres olas o movimientos históricos. Primero, el pentecostalismo clásico llega a nuestra región desde inicios a mediados del siglo XX. La segunda ola, durante los años 70, nos trae el movimiento carismático. Este movimiento afectó a toda denominación protestante, y hasta la iglesia Católico Romana. Finalmente, el último movimiento es el neopentecostal, o de la tercera ola, que se desarrolló a inicios de los años 90, y hoy se encuentra en su plenitud como parte de los nuevos movimientos religiosos latinoamericanos. Una aclaración es válida: no toda iglesia evangélica o pentecostal debe ser confundida con estos grupos neopentecostales (…). Los líderes neopentecostales, una vez fueron parte de los movimientos pentecostales, pero se separaron de sus denominaciones para ‘ser fieles al mover del Espíritu Santo’”.

No en vano y muy a propósito, Martin Hoffman explicaba, en un foro de la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL) que “la teología de la prosperidad es la versión actual de la teología de la gloria a la que se opusieron los reformadores protestantes. La teología de la gloria construye una imagen de Dios según las ideas humanas de la sabiduría, del poder y de la justicia. Resulta que Dios es el ser más sabio, más poderoso y más justo. Y él actúa igual que la lógica humana: mediante castigo y premio. La prosperidad se considera, entonces, como el premio por la fe y la obediencia”.

Esto no deja de hacernos reflexionar en cómo, en alguna época, se exaltaba la pobreza como fin o propósito divino. De ahí, se pasó a una teología de la liberación que daba cabida y dignificaba a los más desposeídos. Y, ahora, en ciertos círculos, a una teología de la prosperidad donde se hacen promesas mágicas de abundancia económica en nombre de Dios al servicio de unos pocos que están en el poder.

 Hay dos clases sociales en la iglesia: los de arriba y el resto de los y las mortales:

¿Quiénes son los de arriba? Quienes idean y gozan de los poderíos económicos eclesiales, incluyendo sus cercanos y parientes. ¿Quiénes son los de abajo? Las personas que se someten a ellas engañadas con promesas de fe.

En otras palabras, la teología de la prosperidad no es más que una forma de violencia psicológica, de abuso económico y patrimonial. El deseo egoísta y avaricia de algunos líderes discurren y mueven crecientes negocios dentro de la iglesia en nombre de la voluntad de Dios en detrimento de la sana doctrina y del bienestar de las personas.

Es importante añadir que mucho de esta creencia de los de arriba y los de abajo tiene algo que ver con el ego inflado de muchos que dicen seguir las enseñanzas de Jesús, el hijo de un carpintero, pero que, en el fondo, prefieren ser hijos de un Rey pudiente. 

Sharo Rosales

Gestora en desarrollo organizacional y Consultora de Género. Comunicadora de formación, con estudios en Defensa internacional de Derechos Humanos y en Derechos Humanos de las Mujeres. Desde 1992 participa en organizaciones basadas en la fe y en diversas iglesias del continente.Es activista por los Derechos Humanos de las Mujeres. Presidenta de la ASBL, Universidad Bíblica Latino Americana. Miembro del Observatorio centroamericano de medios de comunicación y género, GEMA.

As mentiras que circulam em ambientes religiosos no Brasil

Por Magali Cunha

O título deste artigo é tema da live que foi realizada em 28 de outubro, e esta gravada no Canal do Youtube do Coletivo Bereia – Informação e Checagem de Notícias. O projeto celebra dois anos de atuação, por isso convida leitores e leitoras e pessoas interessadas no tema das religiões para refletir, com dois especialistas, sobre as principais mentiras identificadas no período. Para verificar o conteúdo em circulação, Bereia, única iniciativa de fact-cheking especializada em religiões, monitora sites gospel e mídias sociais de personagens com identidade religiosa consideradas influenciadoras digitais. Recebe também indicação de postagens suspeitas enviadas pelo público, por meio de seus canais de comunicação, incluindo um número de aplicativo de mensagens instantâneas exclusivo para receber as sugestões.

Nos dois anos de atuação do projeto, entre as centenas de conteúdos verificados, nas mais diferentes fontes, cinco temas se destacaram e serão debatidos na live de 28 de outubro. O primeiro deles é a pandemia de Covid-19, que foi alvo de mentiras questionadoras das medidas de isolamento social, disseminadoras de tratamentos preventivos e curativos, acusatórias à China e à Organização Mundial de Saúde e opositoras à campanha de vacinação. A Comissão Parlamentar de Inquérito (CPI) da Covid-19 também foi tema de checagens, uma vez que os senadores Luiz Carlos Heinze (PP/RS, evangélico luterano), Marcos Rogério (DEM/RO, evangélico da Assembleia de Deus) e Eduardo Girão (Podemos/CE, espírita), foram expressivos veiculadores de desinformação dentro da própria comissão. A CPI foi também palco de personagem religiosa, o Reverendo Amilton Gomes de Paula, evangélico sem vinculação com uma igreja específica, depoente envolvido nas irregularidades em torno de negociação de vacinas pelo governo federal. Bereia identificou controvérsias no perfil do pastor que passaram despercebidas pela cobertura da imprensa.

O segundo tema destacado na checagem de desinformação em ambientes religiosos foi o da “ideologia de gênero”, esta que pode ser classificada como a mais bem-sucedida concepção falsa criada no âmbito religioso. Surgido no ambiente católico e abraçado por distintos grupos evangélicos, que reagem negativamente aos avanços políticos no campo dos direitos sexuais e reprodutivos, o termo trata de forma pejorativa a categoria científica “gênero” e as ações diversas por justiça de gênero, atrelando-as ao termo “ideologia”, no sentido banalizado de “ideia que manipula, que cria ilusão”. A “ideologia de gênero”, nesta lógica, é falsamente apresentada como uma técnica “marxista”, utilizada por grupos de esquerda, com vistas à destruição da “família tradicional”, gerando pânico moral e terrorismo verbal entre grupos religiosos.

A terceira mentira mais veiculada em ambientes religiosos, segundo as checagens do Coletivo Bereia é a da cristofobia, ou da perseguição religiosa a cristãos no Brasil. O termo “cristofobia” não se aplica, por conta da predominância cristã no país, onde há plena liberdade de prática da fé para este grupo. Manipula-se, neste caso, a noção de combate a inimigos para alimentar disputas no cenário religioso e político. Além disso, se configura uma estratégia de políticos e religiosos extremistas que pedem mais liberdade e usam a palavra para falarem e agirem como quiserem contra os direitos daqueles que consideram “inimigos da fé”. Ou seja, contra ativistas de direitos humanos, partidos de esquerda, movimentos por direitos sexuais e reprodutivos, religiosos não cristãos e, até cristãos progressistas – nem os da mesma família da fé são poupados. 

A quarta mentira propaga que há uma ameaça comunista em curso no mundo, liderada pela China. O imaginário do “perigo comunista”, da “ameaça vermelha”, está presente historicamente na cultura brasileira há muitas décadas e foi reavivado nos discursos da extrema-direita desde 2013. Na nova abordagem, comunistas, longe do que, de fato, significa esta tendência política, se tornam sinônimo de todos os que propagam justiça econômica (defesa de programas de distribuição de renda, por exemplo), advogam os direitos humanos, em particular os das minorias, e reivindicam e atuam na superação de violência racial, cultural, de gênero, de classe.

A quinta mentira que tem circulado em ambientes religiosos, como pode ser verificado no site Bereia, é a imagem do presidente Jair Bolsonaro como evangélico convertido e a apresentação do seu governo, por blogueiros, youtubers e políticos apoiadores, como um sucesso. Os registros de discursos e atitudes do presidente nos próprios canais oficiais de mídias, somados ao quadro de crise em diversas áreas de ação governamental, facilitam a tarefa de verificação e de confrontação objetiva destes conteúdos.

A marca de dois anos do Coletivo Bereia ocorre no 31 de outubro, Dia da Reforma Protestante. A data ficou conhecida como aquela em que, há 502 anos, o monge alemão Martin Luther [Martinho Lutero] teria pregado suas 95 teses na porta da igreja do castelo da cidade alemã de Wittenberg. Elas representavam uma tomada de posição contra o que Lutero considerava práticas abusivas da sua própria igreja, a Católica Romana, como a venda de indulgências (uma forma de perdão dos pecados), e posições doutrinárias que desviavam dos valores primeiros da fé cristã.

Na segunda década do século 21, o princípio protestante segue inspirando pessoas, como as voluntárias que atuam pelo Coletivo Bereia, para a busca de novas reformas, não só para evangélicos, mas também para cristãos de um modo geral e até mesmo para quem não professa uma religião. Um dos lemas dos reformadores do século 16 era “Igreja reformada sempre se reformando”. Eis aí um chamado à vocação de protestar, de transformar e atuar pela justiça na forma de comunicar nos espaços digitais religiosos, em compromisso com a verdade.

Magali Cunha

Jornalista e doutora em Ciências da Comunicação. É pesquisadora do Instituto de Estudos da Religião (ISER) e colaboradora do Conselho Mundial de Igrejas.

El caldo de cultivo para el abuso sexual por parte de pastores y líderes religiosos

Por Sharo Rosales

El abuso sexual por algunos hombres líderes religiosos tiene una dinámica que se explica bajo ciertas condiciones de prácticas religiosas abusivas, y quiero citar 4 razones que, desde mi parecer y experiencia, sirven como caldo de cultivo para tolerar, preservar y callar los abusos sexuales en algunas iglesias y sectas, en nuestro país y en el mundo. 

De acuerdo con observaciones de Carolyn Holderread, autora del libro Abuso sexual en los hogares cristianos y en la iglesia, existe una innegable relación entre la sumisión y el silencio que se imponen a través del adoctrinamiento a las mujeres, que redunda en abusos sexuales que se callan y se ocultan y en una gran impunidad para esos delincuentes, resume Holderread esta dolorosa historia. 

1. La socialización en roles rígidos de género para los hombres y las mujeres, favorece el abuso sexual dentro de sectas e iglesias conservadoras.

Atributos y designaciones sociales diferenciadas para los hombres y las mujeres se dan la mano con los imaginarios religiosos de género, esperando de los Hombres: poder, dominio, control, sobre imposición, mando y de las Mujeres: docilidad, silencio en nombre de la paz, sometimiento, renuncia, aguante, y obediencia

Se “naturalizan” (en nombre de mandatos divinos) los privilegios para los hombres y los servilismos para las mujeres. Es por esta razón que, muchas veces, los hombres religiosos se sienten con derecho a apropiarse de las mujeres, sus recursos y sus cuerpos.

Algunos atributos subjetivos atribuidos a los hombres y a las mujeres que favorecen los abusos:

Asignaciones femeninas 

Comportamiento sacrificial. Desplazadas de sí mismas. Ser para otros y educadas para servir. Perdonadora. Sexualidad reprimida. Incitadora al pecado. 

Asignaciones masculinas

Agresividad. Dueños de la pareja y de los cuerpos de las mujeres. Independencia. Iniciativa sexual y de “conquista”. Sexualidad permisiva. Seducido por las “Jezabeles”. 

Los valores masculinos son dominantes: poder, control y dominio sobre la vida de otros/as y obtener su productividad a través de la sujeción u obediencia. Mientras que los asignados a lo femenino son subordinados: perdonar, ceder, callar, complacer, cuidar, obedecer.

2. Sumisión de las mujeres y culpa por “los cuerpos pecaminosos de las mujeres” Muchos creyentes legitiman la violencia espiritual al apoyar la idea de que es normal forzar a las mujeres y niñas a tapar sus cuerpos, hipersexualizarlas como tentadoras de hombres adultos.

Las cifras en Costa Rica y Latinoamérica, nos muestran que el abuso sexual es cometido principalmente por hombres heterosexuales que abusan principalmente de mujeres y niñas.

Mujeres y niñas que se fiaban de este tipo de pastores o líderes y en quienes confiaban como depositarios de una autoridad espiritual especial, hacen que este delito sea más grave y aborrecible.

Cuando un hombre-pastor se cree que controlar es un derecho que Dios le dio, se encuentra fácilmente justificado para hacer lo que quiera, sobre todo con el cuerpo y voluntad de las mujeres que deben ser obedientes a sus deseos (mismos que hasta justifican con pasajes bíblicos), pero que además tienen la culpa por “seducirlos, con sus cuerpos carnales, curveados y pecaminosos que seducen a los hombres santos”.

3. La cultura del silencio ante los abusos sexuales en casa y en la iglesia. Culturas religiosas que hacen eco del mandato “los trapos sucios se lavan en casa” con nuevos mandatos, tales como: 

– “Acusar es ser traidora”

– “Romper el silencio pone en peligro a la familia y a la iglesia como obra de Dios”.

– “Los hombres están luchando con su carne” 

– “Los ungidos saben lo que hacen y si algo no está bien, serán ellos quienes den cuentas a Dios”.

– “El matrimonio debe preservarse a toda costa, pero no solamente el matrimonio propio, sino el ajeno, en este caso del pastor o líder abusador”.

Parte de los requisitos tácitos de la membresía es la demanda de lealtad a los miembros de la iglesia o a la “familia espiritual”.

Ante estos casos, muy dolorosa es también la negación institucional, cuestionando la veracidad de las denuncias de las víctimas, la congregación, entra en negación o desplazan la culpa a las víctimas o esconden los rumores y denuncias.

Algunas sufren de amenazas y persecuciones por personas de la misma congregación. Estas mujeres y niñas, son víctimas atrapadas en un doble o triple conflicto: con ellas mismas, con Dios y con la comunidad religiosa… incapaces de contar acerca del abuso que están sufriendo y no pueden recibir apoyo externo que les ayude con la violencia que están experimentando.

4. El mandato del perdón y olvido.

Cuando finalmente abusos y violaciones salen a luz, por ejemplo, por un embarazo o una denuncia formal, muchas feligresías tratan de “restaurar a las víctimas” más para callarlas y evitar el escándalo y el consejo alcahuete, simplista y revictimazante, será “perdonar y olvidar”.

En otras ocasiones, son acusadas de ser incitadoras, “Jezabeles o Dalilas” porque desacreditándolas a ellas, desestiman sus testimonios. Son acusadas de haber tenido aventuras con el líder o pastor, cuando no se trata de un adulterio de dos adultos que estaban de acuerdo, sino de un abuso de poder bajo la investidura espiritual de quién dice “representa a Dios”, incapaz de hacer algo incorrecto… caldo de cultivo ideal para ser presa fácil de un depredador sexual religioso.

Artículo publicado originalmente en Informa-Tico

Sharo Rosales

Gestora en desarrollo organizacional y Consultora de Género. Comunicadora de formación, con estudios en Defensa internacional de Derechos Humanos y en Derechos Humanos de las Mujeres. Desde 1992 participa en organizaciones basadas en la fe y en diversas iglesias del continente.Es activista por los Derechos Humanos de la Mujeres. Directora de Rosarce Consultoría Empresarial. Presidenta de la ASBL, Universidad Bíblica Latinoamericana. Miembro del Observatorio centroamericano de medios de comunicación y género, GEMA.

MUJERES, SOCIEDAD Y POLÍTICA

María de Galilea como paradigma de espiritualidad integral

Por Dario López

Poco se ha escrito desde una perspectiva evangélica sobre la mujer, las mujeres, como personajes públicos y, consecuentemente, como artesanas de una nueva manera de comprender y expresar la experiencia humana en sus múltiples dimensiones. Este vacío, con toda seguridad, se debe a la mentalidad patriarcal predominante en nuestras sociedades machistas que son replicadas en la iglesia, cuya resultante ha sido la invisibilización de las mujeres. Sin embargo, las mujeres, con sus voces y silencios, gestos y palabras, fueron forjando historias de vida y modelos de presencia pública, lamentablemente no siempre registrados, pero que quedaron en la memoria colectiva y en historia oral u escrita.

Una de estas mujeres es María de Galilea. A pesar de la escasa y dispersa información que se tiene sobre ella, los datos del Nuevo Testamento hacen posible reconstruir -así sea al paso o entre líneas- su papel como paradigma de espiritualidad cristiana integral. Las palabras y los gestos de María, registrados en los Evangelios de Mateo y Lucas, son de mucha ayuda para pensar en el papel de la mujer, las mujeres, en la sociedad y en la política, incluso en sociedades como la judía y la greco-romana del primer siglo en las que ser mujer implicaba no tener derechos ni ser considerada y tratada como ciudadana. María, desafiando al mundo patriarcal de su tiempo, fue capaz de sembrar novedad de vida y expresar con sus palabras y sus gestos quién era Dios para ella: Dios de la historia, de la vida y la justicia.

Bajo el paraguas de la historia de vida de María de Galilea, reflexiono entonces en el papel de la mujer, las mujeres, en la sociedad y en política; especialmente, en su papel como paradigma de espiritualidad integral. Una espiritualidad que, partiendo de la afirmación que el Evangelio es una verdad pública, exige confesar y vivir esa verdad en todas las dimensiones de la experiencia humana y, entre ellas, la vida social y política. A la luz de las palabras y los gestos de María de Galilea, se puede construir una vereda teológica sólida sobre la que afirme la presencia de los creyentes en el espacio público o, expresado de otra manera, en la sociedad y en la política. 

María de Galilea

De María, la joven campesina Galilea que aceptó ser la madre del Mesías, se tiene poca información en el Nuevo Testamento. A María se le menciona directamente en los Evangelios y en Hechos de los Apóstoles e, indirectamente, en dos de las cartas Paulinas[1]. Sin embargo, a pesar del papel protagónico de esta campesina Galilea en la historia de la salvación, llama la atención la información breve y dispersa sobre su vida personal y familiar, su militancia en la comunidad de Jesús y su compromiso con el anuncio de la buena noticia de salvación. 

La práctica creyente de María, su calidad de discípula fiel, su condición de testigo y mensajera insobornable, interpela y desacomoda. Interpela porque su ejemplo exige que seamos coherentes y consecuentes en todo tiempo. Desacomoda porque invita a un Seguimiento que ante nada y nadie se detiene, y que es capaz de encarar las situaciones más difíciles con una fe inquebrantable que jamás se vende o se subasta ante ningún señor temporal. María de Galilea: ¡Creyente, madre y discípula!

María la creyente, dispuesta siempre a la obediencia, traza un modelo de confianza sin reservas y de entrega absoluta de la vida al servicio del propósito salvífico de Dios. Ella estuvo dispuesta a ofrecerle a Dios uno de los bienes más preciados y sagrados que tiene una mujer: su vientre. Estuvo dispuesta a sufrir la vergüenza pública de ser madre soltera en la sociedad patriarcal de su tiempo y de ser sospechosa de adulterio o de una conducta moral indeseable. Este fue un problema que, aparentemente, le acompañó buena parte de la vida, tal como se desprende de la acusación y reproche que le hicieron públicamente a Jesús: «…Nosotros no somos nacidos de fornicación» (Jn. 8:41). Las mujeres de hoy, creyentes coherentes, integras y fieles, tienen en María un modelo y ejemplo a seguir, sean o no madres solteras, o mujeres que sufren diversas formas de violencia al interior o fuera del círculo familiar y religioso. 

Teniendo en cuenta la información escasa y dispersa que se tiene sobre ella en el Nuevo Testamento, una pregunta que brota directamente, relacionada con la invisibilidad de María de Galilea, es la siguiente: ¿Se puede reconstruir su papel como creyente, madre, discípula, testigo de la buena noticia de salvación y paradigma de espiritualidad integral, con en esta información escasa y dispersa que se tiene sobre ella? Para responder a esta pregunta se tiene que considerar que la disposición, entrega, compromiso y militancia de María de Galilea, tiene lecciones valiosas para las iglesias y para los creyentes de todos los tiempos, siendo esta una razón suficiente para indagar sobre ella en los documentos del Nuevo Testamento que registran aspectos significativos de su historia de vida.

A los evangélicos nos haría bien reflexionar sobre el papel de María como creyente, madre y discípula, particularmente, porque debido a la polémica histórica con la Iglesia Católica Romana sobre su doctrina acerca de María y, especialmente sobre la Mariolatría tan arraigada en América Latina, hemos dejado a un lado el testimonio del Nuevo Testamento sobre ella, limitándonos a citarla solamente como un personaje central en las historias del nacimiento del Mesías registradas por Mateo y Lucas, o referirnos a María simplemente como una mujer extraordinaria o virtuosa. 

Haríamos bien entonces en examinar lo que se afirma sobre María en los Evangelios y en Hechos de los Apóstoles y en pensar en las lecciones teológicas, pastorales y misionales que se derivan de esta información sobre la joven campesina Galilea que, en obediencia y en entrega sin reservas a la voluntad de Dios, traza un camino de compromiso, integridad y coherencia que se expresa en un discipulado que se va afinando y galvanizando en la cotidianidad de la vida. De María se puede afirmar que es «bendita entre las mujeres» (Lc. 1:42), ni como diria Martin en su libro “la canción de Maria” por «su embarazo ni por una santidad intrínseca o mérito alguno, sino porque a través de ella el propósito salvífico de Dios se fue cumpliendo.» 

Como María en el Magnificat pueden proclamar con gratitud y alegría la salvación de Dios. Dios que libera y que provoca un canto liberador que nadie puede silenciar, amordazar o secuestrar. Ellas pueden decir con María: «…He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Lc. 1:38). 

Esto puede explicar en palabras de Gustavo Gutiérrez, que subraya que el Magnificat es uno de los textos de mayor contenido liberador y político del Nuevo Testamento. Y es así, entre razones, porque el Magnificat en su contenido y alcance liberador, visibiliza no sólo la fe de María, sino además su comprensión de una espiritualidad integral que no separa en compartimientos lo privado de lo público, la religión de la vida cotidiana, la espiritual de lo material.

María de Galilea es discípula que, en comunión con otros discípulos, aprende a esperar y confía que Dios cumplirá finalmente su promesa de empoderar a los crucificados del mundo para que sean testigos-mártires de la buena noticia de salvación en todas las esquinas y avenidas de la ciudad (polis), dentro y fuera de la frontera religiosa, y especialmente en la plaza pública tan necesitada de personas ejemplares como María de Galilea. María es un paradigma de espiritualidad integral que desafía a ser creyentes comprometidos con la vida y la justicia, creyentes que no separan la ciudadanía celestial de la ciudadanía terrenal, creyentes que viven su fe en el Dios de la Vida en todas las esquinas del peregrinaje humano común y en la cotidianidad de sus relaciones, especialmente, con las y los pobres de la tierra.


[1] Al respecto, se precisa que «El apóstol Pablo no nombra a María en carta alguna, pero hace algunas referencias ocasionales al nacimiento de Jesús (Rom 1,3-4; Gál 4,4-5), y otras más generales al modo de ese nacimiento (Gál 4, 28-29)» (Brown-Donfried-Fitzmyer-Reumann 1994:21).

Dario López 

Doctor, Pastor, teólogo, escritor, profesor de varias instituciones de Educación teológica. Ha sido miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Bíblica Peruana, y miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) es pastor de la Iglesia Monte Sinaí en Villa María del Triunfo en Lima, Perú.

Anti-racism through Holistic Healing


By Joshua Long

I remember turning to the news on August 12, 2017, tiki torches, and white militias paraded the streets of Charlottesville, Virginia. I watched as ministers from a wide range of faiths and denominations put their bodies on the line to stand against the deadly white supremacist rally that was taking place. Just eight months into the presidency of Donald Trump gave many men of European descent the permission they needed to outwardly March again the equality of black and brown bodies.


Four years later, we have a semblance of justice. Derrick Chauvin is found guilty of the murder of George Floyd. His sentence does not meet the crime as he will get out in 22 years, but the conviction gives a small shroud of hope that things may eventually change. While I believe our continued analysis of systemic racism in our legal structures is essential, I’ve spent the past year reflecting on the ways racism is found in our bodies. Resmaa Menakem’s bestselling book My Grandmother’s Hands has led me into this work of self-reflection and holistic activism.


When I heard they had announced the verdict for the trial of Derek Chauvin, my body became warm and tingly. I felt my nerves electrify, and blood began to rush as adrenaline spread throughout my body. I was physically bracing for the trauma of “not guilty.” Before reading Menakem, I would have only paid attention to what I was thinking. My thoughts about the not guilty probability and the coming protest. Will I protest as well? However, having just done one of the meditations Menakem instructs in his book a few hours earlier that day, I had become more aware of what my body was doing in its moment of anxiety. My body was also creating trauma as a response to protect itself.


I appreciated Menakem’s book “My Grandmother’s Hands: Racialized Trauma and the Pathway to Mending Our Hearts and Bodies” where he approach to racial justice as he speaks from his profession as a licensed clinical therapist. His expertise connects a large portion of what is missing in our conversations around dismantling racism. So much of western (European descended) discourse is solely linked to the cognitive. Post-enlightenment ideologies dominate American Culture. My denomination, Unitarian Universalism, comes out of a deep appreciation for a reason, science, and human ingenuity. However, we struggle to dismantle white supremacy because of our inclination to ignore the body and only talk about the mind. Menakem writes, “We will not change this situation through training, traditional education, or other appeals to the cognitive brain. We need to begin with the body and its relation to trauma.”


Before I began my recent mental health trauma therapy journey two years ago, I believed I didn’t carry any trauma with me. I thought trauma was this weighted thing that only “damaged people” or “rape victims” have. My therapist would define trauma similar to Menakem’s. “Trauma is not a flaw or a weakness. It is a highly effective tool of safety and survival. Trauma is also not an event. Trauma is the body’s protective response to an event or series of events that it perceives as potentially dangerous.” Trauma is a natural part of the human or even living experience. The body, the lizard brain, and the soul nerve all work together to protect us without consideration, morals, ethics, who, what, where, why!


This is an argument against the doctrine of Original sin. If trauma is the natural response for protecting our entire being, and if Genesis 1 repetitively states that God’s creation is Good, and if Jesus has liberated us through the resurrection and invites us to redeem as well, then what about the human being is so depraved? White supremacy has taught that the body is the place of sin and shame. Paul’s letter to the Romans can become problematic if it is taken out of its context of redemption through Jesus Christ. Romans 7:6 reads, “To set the mind on the flesh is death, but to set the mind on the Spirit is life and peace.” Paul’s words are appropriated in European theology and permit Europeans to destroy white bodies.


There were many ways to butcher, torment, and murder a human body. When the Europeans cross the Atlantic to invade and conquer the Americas, they carried this trauma. When European settler-colonizers encountered Africans and Native Peoples, they took their dirty pain out on the bodies of those they deemed inferior. Only a theology that demonizes the body allows for this type of trauma to exist for a thousand years and then justifies the passing on of trauma to other communities. White Christianity becomes the tool that allows for the cycle of dirty pain to exist; it justifies the crucifying of black bodies for white bodies to live.


Earlier this year, I visited my great-grandfathers grave and walked the ground that he walked. My body reacted to my ancestors’ trauma—living conditions in Southwest Virginia during the Jim Crow Era. My ability to heal from this trauma is 2-fold. It requires me to go through the trauma through clean pain. But, as a Christian, I must also strip my entire being of European Christianity and decolonize my faith. I would argue that the latter is more challenging because of our shared culture of White Supremacy. When I let go of the doctrine of Original sin and adhere to a theology of original blessing, I see my body and all bodies as good.


As I explored my healing of radicalized trauma, I discovered that my love for music and passion for the environment is deeply embedded in my body, soul, and spirit. I sang I want Jesus to walk with Me as I walked along the Appalachian Trail. The Jesus that I walk with must not have any blemish of European Christianity. The Black Jesus I call upon knows my trauma and is with me through my times of pain.


For those of African and Indigenous descent, we must let go of the reflex to soothe white bodies to heal fully. “There will surely be times when soothing someone is exactly the right thing for you to do. Sometimes that person will be white. But from now on, when you soothe another body, I encourage you to do it by choice, not out of reflex.” That may be one of the most healing things that I can do while working with people of European Descent. This will also challenge white bodies to do their healing and decolonizing work.


Theological conversations for dismantling racism are not solely a cognitive or academic experience. These discussions involve holistic healing of heart and body and a commitment to decolonizing our individual and collective faith. As a person of African descent who has decided to follow Jesus, I must work on my healing to not harm other bodies.


My calling to minister through music and support the climate justice movement must be grounded in a faith that centers my black body and the liberation of all marginalized peoples. Do People of European descent need to be liberated from the lie of white supremacy? Absolutely! However, my work is to create healthy cultures through music and activism, hoping that all peoples will one day come together for collective healing and liberation.

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Joshua Long is the Director of Music Ensembles at the Unitarian Universalist Church of Annapolis. He serves on board of the UU Ministry for Earth and is currently a student at Wesley theological seminary working on an M.div with a specialization in Public Theology. His heart for faith, climate justice, and social change is made clear in both his music and ministry.

Prevenir y atender la violencia contra las mujeres desde la iglesia

Por Luzmila Quezada Barreto 

El informe del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables en el Perú registra que en el 2021 se han cometido 6,311 violencias contra las mujeres y 70 feminicidios. Entre las principales causas que quienes cometen la violencia son los varones cuya intención es tener autoridad, dominar, ejercer control y negar la autoafirmación de las mujeres como sujetos de derechos.

La mayoría de los hombres que abusan de las mujeres llegan a convencerse de que tienen el derecho “autoridad” divina para hacerlo. A esto es lo que llamamos violencia simbólica en donde se asienta el patriarcado y quienes trasmiten estas ideas y creencias son las instituciones como estructura material. 

Por tanto, si queremos enfrentar la violencia se tiene que deconstruir los discursos y narrativas de la violencia simbólica que avala la subordinación y sumisión de la mujer. Sabemos que para que se difunda y tenga fluidez los discursos, se sirve de los espacios que socializan los valores, normas, roles, estereotipos naturalizados y sacralizados en todos los ámbitos de la sociedad, como la familia, las escuelas, universidades, los medios de comunicación y las iglesias.

En la cultura y las religiones se construye las relaciones de poder, la estructura piramidal de las jerarquías y el kiriarcado que permite y tolera la violencia y discriminación de género en las interrelaciones humanas en la familia, la comunidad y el Estado al no dar seguimiento a las políticas para erradicar la violencia.

Cuando se habla de la composición social de las iglesias, se ha dicho con optimismo -sin importar el estrato social- que más del 70 % de la feligresía son mujeres porque son más sensibles y religiosas, más en ningún momento critican la estructura piramidal, la dominación y sumisión de parte de las mujeres. Todo el trabajo que realizan las mujeres en las iglesias es una extensión de las tareas domésticas y reproductivas, de servicio al otro, autoexcluyéndose a sí mismas debido al discurso religioso de la superioridad masculina, por ser la cabeza, discurso basado en los relatos bíblicos de la creación y otros.

Entre los criterios que tenemos que trabajar para deconstruir la violencia simbólica y promover relaciones saludables de convivencia son:

El enfoque de género es un instrumental teórico – metodológico que nos ayuda a analizar, que sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres se construyó las relaciones de poder, las relaciones sociales y culturales que las identidades conforme a su clase, etnia, generación, y edad, desarrollan y organizan la sociedad de manera simbólica, subjetiva e institucional. Pero que muchas veces al afirmar la diferencia la sociedad patriarcal y androcéntrica acabo creando la desigualdad. 

Nuevos símbolos e imágenes de lo trascendente Dios.- Las imágenes de Dios que se socializa en los espacios eclesiales son masculinos, como Dios padre, Señor, soberano y rey, desmarcando otras imágenes del misterio de Dios cuya identificación va más allá de las dimensiones antropológicas masculinas, tales como como vida plena, amor, gracia, fuerza y paz. La importancia de analizar los símbolos que utiliza el cristianismo radica en que son armas ideológicas poderosas para fijar en el inconsciente colectivo actitudes y comportamientos en las relaciones humanas. Esto reta al cristianismo reinterpretar la teoría de la expiación -la idea que Dios dio a su único hijo (masculino) para salvar el mundo. Esta imagen simbólicamente es violenta porque se pide sacrificios humanos para la salvación, así se ha visto a través de la historia.

Practicar un enfoque de la ética del cuidado.- Las iglesias como comunidad terapéutica de iguales han de ser espacios de sentido y dignidad para sus vidas, que enfrentan todo tipo de marginación por su condición de pobreza y baja autoestima. Para ello se tiene que hacer una revisión de los dogmas, fundamentos religiosos y creencias en Dios porque antes de dejar la relación abusiva, lo que hace la diferencia luego de la separación es la forma como se experimenta a Dios. Las malas interpretaciones de fundamentos religiosos y la falta de información influencian las alternativas de las mujeres maltratadas al seleccionar ayuda e ideas acerca de Dios.

Practicar el enfoque de la espiritualidad.- Crear espacios de espiritualidad, cuestionando aquellas prácticas que las mantiene postergadas para restaurarlas y dar fortaleza para que dejen la relación violenta y empezar con el trabajo de sanación  y recuperar la imagen de Dios que habita en las mujeres

Salir del circulo vicioso de la violencia es uno de los eventos más difíciles de manejar para la mujer que lo vive y quiere salir de esa situación. Una comunidad que acompañe el proceso y recuperación implica que las mujeres reconstruyan una fe saludable, confronten a la iglesia por el rol permisivo y pasivo de sus experiencias abusivas y lleven a cabo un proceso para redefinir su lugar y su relación con la iglesia. Es ahí donde podemos tener cuidado, apoyo, consuelo, para crear espacios de seguridad que nos permitan tener vida plena y libre de violencia.

Luzmila Quezada Barreto 

Doctora en Historia y Teología por la Escola Superior de Teología. Maestría en Ciencias de la Religión en la Universidad Metodista de Sao Paulo. Licenciatura en Teología en la Universidad Bíblica Latinoamericana.Pastora Ordenada de la Iglesia Wesleyana de Perú.

Mujeres Doing Theology

Encuentro de Mujeres haciendo teología en Abya Yala

Será un bello tiempo para conocernos, compartir y crecer juntas!

Compartirá nuestra hermana Dr. Agustina Luvis Nuñez, Teóloga puertorriqueña. Una aprendiz de por vida, con una maestría en teología y un doctorado en Teología Sistemática de la Escuela Luterana de Teología en Chicago. Actualmente se desempeña como Decana del Seminario Evangélico de Puerto Rico.

Jueves 29 de Julio – Vía zoom

Horarios según ciudades:

5:30pm – 7:00pm New York, Puerto Rico, Bolivia

6:30 – 8:00pm Brasil, Argentina

4:30 – 6:00pm Peru,México

3:30pm-5:00pm Nicaragua,Costa Rica

Para recibir el link de zoom y regístrese AQUI

Emancipación en los Estados Unidos

Por Guesnerth Josue Perea

El año pasado, mientras la pandemia asolaba a las poblaciones vulnerables a nivel mundial, al mismo tiempo muchos alzaron su voz exigiendo justicia por el asesinato sistemático de afroamericanos en manos de la policía. Se comenzó a demandar respeto por la vida de los ciudadanos y ciudadanas afrodescendientes de manera más integral. El llamado de muchas personas en los Estados Unidos, y en algunos otros países, fue de reconocer la historia de Afrodescendientes durante todo el año; No solo resaltar datos importantes de la historia negra durante el mes de la historia afroamericana, sino comprender la negritud de manera más completa. Reconocer, apreciar y entender las contribuciones de afrodescendientes en el país. La atención se centró de inmediato en una celebración que en los Estados Unidos se llama ‘Juneteenth’, 19 de Junio.

La emancipación de los africanos esclavizados en Estados Unidos tuvo lugar el 19 de junio de 1865 en el estado de Texas, dos años y medio después de que el presidente Abraham Lincoln emitiera la Proclamación de Emancipación, la cual vino al final de una guerra civil en los Estados Unidos en 1863.

‘Juneteenth’ acaba de convertirse en un día feriado federal en los Estados Unidos, ratificado por el Senado y el presidente Joe Biden el 17 de junio de 2021. Para Afro descendientes en los Estados Unidos, honrar y observar ‘Juneteenth’ no es algo nuevo. Afrodescendientes en el estado de Texas, y en otros estados, siempre han observado este día porque es un recordatorio importante del fin de la esclavitud. Interesantemente este día llamado el “Día de Los Negros” en algunas comunidades AfroMexicanas, es reconocido y celebrado anualmente en el norte de México por una comunidad de Mascogos, descendientes de poblaciones Negras y Nativas. [1]

Para afroamericanos y todas las personas de ascendencia africana, la conmemoración de esta fecha es fundamental no porque es la celebración de la primera vez que se terminó la esclavitud africana (no la fue, técnicamente los Estados Unidos fue uno de los últimos países en “abolir”[2] la esclavitud, Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804) [3], ni es importante porque sucedió en junio (no hay ninguna intencionalidad específica de la fecha de junio, fue simplemente el tiempo que tardaron las tropas de la Unión en llegar a Texas).

Aun teniendo este día de conmemoración en Estados Unidos aun se continúa negando la negritud, problematizando y considerando a los cuerpos negros como intrínsicamente diferentes. La discriminación y el racismo es una muestra que aun no vivimos en una sociedad inclusiva, hay personas que aun no creen en la libertad y la igualdad para todos. Es la tarea de las siguientes generaciones luchar por la igualdad y habrá un momento en que esa esperanza se hará realidad. Es un recordatorio de las palabras de la escritora afroamericana Zora Neale Hurston “hay años que hacen preguntas, años que nos hacen preguntar.” ahora nos preguntamos ¿por qué ha tardado tanto?,¿Por qué no estamos donde deberíamos estar todavía?’ ¿Por qué perdimos otro hermoso cuerpo negro? Y, sin embargo todos estos años nos dan respuestas y nos ayudarán a ganar la libertad.

James Baldwin, destacado escritor afroamericano, en su libro The Fire Next Time (el fuego la próxima vez), escribe una carta en 1963, 100 años después de la emancipación de la esclavitud en Estados Unidos, haciendo una gran reflexión que sigue siendo vigente para nosotros en estos momentos “Aquellos inocentes que creen que tu encarcelamiento los puso a salvo, están perdiendo la comprensión de la realidad. Pero estos [estadounidenses blancos] son ​​tus hermanos, tus hermanos menores perdidos. Si la palabra integración significa algo, esto es lo que significa: que nosotros, con amor, obligaremos a nuestros hermanos a verse como son, a dejar de huir de la realidad y empezar a cambiarla. Porque esta es tu casa, amigo mío, no te dejes expulsar de ella; grandes personas han hecho grandes cosas aquí, y lo harán nuevamente, y podemos hacer de los Estados Unidos lo que los Estados Unidos deben llegar a ser. Tú lo sabes, y yo lo sé, que el país está celebrando cien años de libertad, cien años antes de tiempo. No podemos ser libres hasta que ellos sean libres “.

Y así, en la conmemoración número 156 de la emancipación de la esclavitud en los Estados Unidos, al considerar el significado del diecinueve de junio debemos detenernos un momento y pensar en cómo podemos amarnos a nosotros mismos y a los demás de una manera que comience a cambiar la realidad. Al hacer eso estamos cambiando la narrativa del odio o de la injusticia en una de amor y unidad y junto con otros, podemos hacer de América, los Estados Unidos y todo el continente, en lo que América debe convertirse; un lugar donde todas las personas sean libres. Aún no hemos llegado allí, pero tal vez este sea el año en el que podamos comenzar a responder a este llamado.


[1] Para leer más sobre esta población AfroMexicana – https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2020-09-16/renovado-interes-en-esclavos-de-eeuu-que-huyeron-a-mexico

[2] Usamos el término abolir cuando hablamos de la Proclamación de Emancipación de los Estados Unidos. La servidumbre involuntaria no se marcó como ilegal oficialmente hasta 1865, cuando se ratificó la decimotercera enmienda a la constitución de la EE.UU. Sin embargo, se puede argumentar que el lenguaje de la 13ª enmienda permite la servidumbre involuntaria si alguien comete un delito. Es por esta razón qué la población afroamericana y otras poblaciones de ascendencia africana son encarceladas a una tasa más alta que cualquier otra población.

[3] Haití fue la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en 1804, Dinamarca-Noruega fue la primera nación europea en prohibir el “intercambio” de esclavos africanos en 1807. En América Latina, Chile abolió la esclavitud en 1823, México en 1829, la esclavitud fue abolida en Uruguay en 1842, Colombia abolió la esclavitud en 1851, Argentina en 1853, Perú abolió la esclavitud en 1854.

Guesnerth Josue Perea es pastor docente en Metro Hope Covenant Church y director del foro afrolatin@, una organización sin fines de lucro que crea conciencia sobre los latinos y latinas afrodescendientes en los Estados Unidos.

Juneteenth “Emancipation Day”

By Guesnerth Josue Perea

“There are years that ask questions and years that answer” Zora Neale Hurston

Last year, as the pandemic was ravaging through vulnerable populations and justice was demanded, the many people who died and suffered at the hands of police violence started to question honoring and celebrating Blackness and people of African descent more holistically. The call of many people throughout the United States was to acknowledge Black History throughout the year, not to only highlight important tidbits of African American history during Black History Month but rather to make an effort to understand Blackness more completely. To acknowledge, appreciate and recognize the contributions of People of African Descent, whether from the United States or abroad, throughout the entire calendar year. Attention immediately went to Juneteenth, the commemoration of the emancipation of enslaved Africans, which occurred on June 19, 1865, in the state of Texas, two and a half years after President Lincoln issued the Emancipation Proclamation.

Juneteenth just became a Federal holiday, ratified into law by the Senate and the President on June 17, 2021. For AfroLatin@s in the United States, honoring and observing Juneteenth is not new. AfroLatin@s in Texas and throughout the United States have always observed Juneteenth because it is an important reminder of the freedom of slavery. Interestingly, Juneteenth, called Dia de Los Negros in some Black Mexican communities, is recognized and celebrated annually in northern Mexico by a community of Mascogos, Black Seminoles.[1] 

For African Americans, and all people of African Descent, the commemoration of this date is essential. Not because it was the first of its kind (it was not, technically the U.S. was one of the last countries to “abolish”[2] slavery, Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804)[3], nor is it important because it happened in June (there isn’t any specific intentionality of the June date, it was simply the time it took for the Union troops to arrive to Texas); it is important because it symbolizes what many people hope that the United States, and all other nations, can become. Juneteenth is important for all people of African descent because in a world that continues to deny Blackness and problematize and otherize Black bodies, it is a reminder that there are people who believe in freedom and equality for all. It symbolizes that even if it takes years for us to see a glimmer of hope in the struggle for equality, there will be a time when that hope will be realized. It is a reminder of the words of Zora Neale Hurston that there are years that ask questions, years that make us ask, ‘why has it taken this long?’ ‘why are we not where we should be yet?’ ‘Why did we lose another beautiful Black body?’. And yet some years will give us answers, years that will provide us with justice, years that will help us gain freedom even after years that did not. 

James Baldwin specifically highlighted this problem of having to hold the present nature of the U.S. while waiting for it to be better.  In The Fire Next Time, which begins with a letter he sent to his nephew 100 years after the emancipation of slavery in the U.S.:

“Those innocents who believe that your imprisonment made them safe are losing their grasp of reality. But these [white Americans] are your [siblings], your lost, younger [siblings]. And if the word integration means anything, this is what it means: that we, with love, shall force our [siblings] to see themselves as they are, to cease fleeing from reality and begin to change it. For this is your home, my friend, do not be driven from it; great [people] have done great things here, and will again, and we can make America what America must become. You know, and I know, that the country is celebrating one hundred years of freedom one hundred years too soon. We cannot be free until they are free.”

And so, on this 156th commemoration of the emancipation, as we consider the meaning of Juneteenth and what it signifies, we should pause for a moment. We should think of how we can love ourselves and others in a way that starts to change reality, changing the narrative of hate, injustice, or othering into one of love and unity.  Together with others, we can make America, the United States and the entire continent, what America must become, a place where all people are free. We are not there yet, but maybe this is the year that can begin to answer that call.


[1]  For more information, read: https://www.texasmonthly.com/being-texan/mexican-village-juneteenth-celebration/

[2] We use the term abolish when discussing the Emancipation Proclamation with care. Involuntary servitude was not officially made illegal until 1865, when the 13th amendment was ratified. However, one can argue that the language of the 13th amendment allows for involuntary servitude if someone commits a crime. Hence why African Americans, and other people of African Descent are imprisoned at a higher rate than any other population.

[3] Haiti was the first nation in the world to abolish Slavery in 1804, Denmark-Norway was the first European nation to ban the African slave trade in 1807. In Latin America, Chile abolished slavery in 1823, Mexico in 1829, Slavery was abolished in Uruguay in 1842, Colombia abolished slavery in 1851, Argentina in 1853, Peru abolished slavery in 1854.

Guesnerth Josue Perea is a teaching Pastor at Metro Hope Covenant Church, and Director of the afrolatin@ forum, a non-profit that raises awareness of Latin@s of African descent in the United States.