De comediante del evangelio a showman político “PresiDante”

Por Diego Ramos

Ha crecido con fuerza la espectacularidad en los líderes políticos. Los diferentes shows se van instalando como algo “útil” para cautivar la mayor porción de la sociedad, pero no son los únicos, también en el campo religioso hay “comediantes del evangelio”.

Dante Gebel es por hoy en América Latina un personaje mediático de alto alcance, de fuerte impacto en sus millares de seguidores que se encaminan hacia búsquedas, horizontes, brújulas, orientaciones para sus vidas emocionales, afectivas y de proyectos personales “un viaje al corazón y el alma”, tal como el mismo Gebel lo expresa en su gira PresiDante, la cual no se cuestiona, ni  se pone en tela de juicio. Entonces, ¿dónde comienza la preocupación? El predicador PresiDante ha expresado no descartar una candidatura presidencial, cuyo jefe de campaña podría ser Dios. Estas declaraciones nos coloca, sin duda, en un nuevo escenario riesgoso en tanto se está frente a un personaje de “dos caras de la misma moneda”: comediante del evangelio y showman político.

 ¿Qué sector lo promociona? Se habla de que la oposición intenta traccionarlo, algunos informan que lo quieren dentro de las líneas del oficialismo, otros confirman que es promovido por un sector del sindicalismo. Sea cual fuese el origen, las preguntas de fondo se hacen sentir: ¿por qué un predicador evangélico?, ¿no será acaso la comodidad de que, en vez de hacer lo que hay que hacer por parte de la dirigencia política, resulta más rentable y confortable recostarse sobre un predicador buscando legitimidad? No hago los cambios estructurales necesarios, no recreo los espacios o los democratizo, pero necesito una figura pura que me cubra; ésta sería la concepción general. La despolitización, en este caso, no es de un solo sector, sino de todos aquellos sectores políticos incapaces de proponer un nuevo sentido de la política y recrear, en nuevas generaciones, la importancia del ser sujetos políticos y democráticos.

 En 2023 Neflix lanzaba la segunda temporada de la serie argentina “El Reino”. En la ficción se mostraba que la crisis de representatividad había llegado a su fase final, momento ideal para que el pastor Emilio Vázquez Pena (Diego Peretti-actor) librase la guerra santa por medio de un nuevo e inédito contrato de tan solo una única cláusula entre Dios y las personas: tener fe. Esa única condición cumplida otorgaría al pueblo argentino seguridad y progreso. La serie pone a rodar la lógica de la teología de la prosperidad, que entiende que el éxito financiero, laboral o social se ve como evidencia del favor de Dios. A la inversa, la falta de éxito puede interpretarse como poca fe o desobediencia. No es casualidad que, en la ficción, el pastor- Presidente de la Nación- decidiera cerrar el Congreso. 

 ¿Se sigue profundizando el esquema de reemplazar el campo político por el religioso? Milei, el Moisés argentino y con las fuerzas del cielo asumió su presidencia a espalda del Congreso de la Nación, ahora PresiDante Gebel con la teoría de la teología de la prosperidad a cuestas entra al campo de la política.  Esta concepción teologal que reduce a Dios a un “medio” para obtener riqueza y que , al mismo tiempo, aparezca como un mecanismo de intercambio: “yo doy, Dios me da”, donde lo sagrado se  mercantiliza termina por culpar al pobre de su pobreza, mientras se propone una despolitización absoluta -sin conciencia social crítica-. Esta teología anula el campo de la política (anula las demandas por los derechos políticos, económicos, culturales y sociales), no señala las responsabilidades políticas y económicas, que atentan contra la dignidad de las personas, no hay, en la teología de la prosperidad, un responsable del modelo  de ajuste, se invisibiliza un capitalismo salvaje…La prosperidad depende de la fe, entonces: quien no prospera “tiene poca fe”. 

 Necesitamos seguir abiertos a los debates en torno a los verdaderos sentidos de la política, no podemos renunciar a la comunidad política, a la autocrítica y a reemplazar los viejos mapas de hacer política y poner parches con personajes mesiánicos. Hay una sociedad que demanda, exige un planteo ético político. Pero, no nos confundamos, siempre es desde la política, con la política y desde el Estado. La supuesta teología de la prosperidad ni es teología ni es de la prosperidad. Es religión de Estado camuflada de teología, que no busca la prosperidad de los pobres sino la aceptación de la pobreza por esto como aniquilamiento moral de lo político.    

Diego Ramos es educador popular argentino, militante político, licenciado en Ciencias Políticas, profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas. Presidente del  Partido Nacional  “República Modelo”, dirige y coordina el Centro de Educación popular Antonio Gramcsi en Santiago del Estero.

LA UTILIZACIÓN DEL RELATO TEOLÓGICO RELIGIOSO EN LA POLÍTICA

Por Diego Ramos

El relato religioso-teológico ha tomado mayor protagonismo en este último tiempo, dentro del campo de la política argentina, donde la figura mesiánica de Javier Milei invoca “las fuerzas del cielo” para proclamarse como el Moisés bíblico, que debe dar cumplimiento a su misión de purificar a la sociedad de la podredumbre de “la casta política”, tal como define a los espacios socio político populares. 

Frente a la sociedad argentina, Javier Milei necesitaba y necesita legitimar y justificar un nuevo y atroz “sacrificio” socioeconómico por parte de la población, consecuencia del mayor endeudamiento que se conoce con el FMI. El estallido social de 2001, bajo la consigna “Que se vayan todos”, en alusión a todo el arco político, paradojalmente, proponía el mismo modelo neoliberal que hoy plantea el Moisés argentino, con los mismos asesores económicos responsables de aquel estallido.  

La estrategia de ocupar el espacio privado, por medio de las redes sociales, para demonizar y ridiculizar a la política, a través del relato teológico-religioso, de modo de debilitar el espacio público-lugar de disputa de la agenda política- era el cometido. El relato atractivo, puro, mesiánico, disruptivo, milagroso, profético de una nueva tierra fue la propuesta. Para inocular dicho objetivo, solo bastaría con remover un poco los cimientos de la matriz teológica colonial dominante.

En toda religión hubo castigos, destierros, sacrificios, purificaciones, sufrimientos y salvación, sin embargo, materializar la decisión política del brutal “ajuste –con– sacrificio”, requería, previamente, la preparación de las conciencias desde un catecumenado electoral; en este caso, una fe infantilizada y ciega, para ponerla a la espera de la milagrosa transformación de la doctrina del mercado. La corriente colonial del norte originada en el Perú, que perteneció a la época de los Austrias y se radicó por la acción directa de las órdenes religiosas, era de espíritu autoritario, se opuso a todo lo que no estuviera de acuerdo con el orden vigente, desde el paradigma monárquico-teológico político que penetró en los pueblos originarios a través de la pedagogía de la evangelización y desde la teología de la resignación. Si a la matriz señalada (todavía vigente) sumamos el pietismo actual que construye subjetividades individualistas desde las iglesias evangélicas de corte pentecostal, nos queda un escenario inmejorable que la derecha advierte con mucha claridad, situación de matriz colonial teológica política similar en toda la región: cristianos católicos resignados, por un lado, protestantes pietistas individualistas, por otro lado. Es necesario sostener una preocupación política sobre esta especie de teofanía. Para ciertos teólogos/as la teofanía entre Dios y Moisés aconteció en una doble experiencia: temor y admiración. El Moisés argentino logró esa teofanía con el pueblo argentino: temor y admiración.  

Tanto la teología de la resignación de origen católico, como la teología pietista de las iglesias evangélicas nos abren interrogantes e inquietudes éticas. El desencanto de la sociedad ante la política navega por los cauces ético-social-cristiano de mucha permeabilidad en relación con el uso del relato religioso-teológico de parte de la derecha.  Entonces, debido al déficit teológico y a la ingenuidad profética en las iglesias, y a una escasa alfabetización política-teológica, requiere responsabilizarse por las comunidades de fe. Solo así se podrá evitar la manipulación de la fe y la puesta en riesgo a la política. “Tengo fe que todo va a mejorar”, “Hay que aguantar hasta que mejore”, estas perspectivas mesiánicas despolitizan y contribuyen a mirar y a esperar solo desde el campo religioso, por tanto, anulan el campo de la política, es decir, el ámbito de las estrategias, mediaciones e instrumentos jurídico-políticos, que debería dar respuestas a las necesidades del cuerpo social que sufre. 

Es urgente desmitificar a Milei, él no es Moisés, sino que encarna el espíritu neoliberal de Salomón. Pertenece a aquella generación que en la Historia de la Salvación pidió tener un rey como las demás naciones, y reemplazó al Dios de la vida por el dios mercado. La sociedad alternativa que propone el falso Moisés argentino es la de una nación insolidaria, injusta e individualista, por ello no sorprende que la única categoría de descripción plural, que utiliza la derecha que éste representa, sea moral: “gente de bien” o “argentinos de bien”. No se trata de un proyecto ético colectivo, sino todo lo opuesto. El nosotros al que hace referencia la derecha sacra de Milei es la agregación de individuos independientes, autónomos, cuya libertad se sostiene en la propiedad y en la contribución impositiva.

Son reales los componentes religioso-teológicos en el escenario político, por ende, es necesario evidenciarlos de manera de develar qué espíritu los mueve, guía o conduce. Existe en el imaginario esa idea peligrosa de que espíritu y espiritualidad son realidades contradictorias a la materia, a lo corporal o al cuerpo social. Es clave para las pretensiones sistemáticas del ajuste que la sociedad conciba esta idea, ¿en qué sentido?, en el sentido de que el cuerpo puede y debe sufrir –total está aferrado y refugiado en lo espiritual.

Necesitamos disputar y recuperar el verdadero sentido de la política, la esperanza siempre es la política como herramienta para la defensa y bienestar de la comunidad, pues busca el bien común, ése es su espíritu. La política no es “de gente de bien” para el bien individual; la política se constituye por personas-actores políticos-bajo un “nosotros” y un proyecto ético, político y colectivo, detrás de un arco de sueño social de bienestar, progreso y paz social. 

Necesitamos volver a encantar a la sociedad con la política desde una nueva cartografía; los mapas políticos en el campo popular están siendo obsoletos y la derecha argentina ha aprovechado el relato teológico religioso para direccionar a la sociedad hacia el campo religioso, donde solo es capaz de discutir verdades y moralidades. Urge una tarea pedagógica ética política que permita a las sociedades encaminarse al campo de la política, lugar de las conquistas de los derechos políticos, económicos, culturales y sociales.  La política es la que dinamiza, pone en crisis y hace propuestas. Hace creación. No es el Moisés argentino, ni las fuerzas del cielo, pues solo la política del bien común crea.

Diego Ramos es educador popular argentino, militante político,  licenciado en Ciencias Políticas, profesor de Filosofía y profesor en Ciencias Sagradas. Presidente del  Partido Nacional  “República Modelo”, dirige y coordina el Centro de Educación popular Antonio Gramcsi en Santiago del Estero.

UN LLAMADO PROFÉTICO A LA IGLESIA ANTE LA CRISIS DE JUSTICIA

Por Eliezer E. Burgos

En una era marcada por la polarización y la indiferencia ante el sufrimiento, “Discursos de Libertad: una eclesiología desde los cinco grandes discursos de Jesús narrados en Mateo” se alza como una obra imprescindible y urgente, que reta a la comunidad de fe a redescubrir su rol profético en la historia. Escrito por el pastor y teólogo puertorriqueño Eliezer E. Burgos Rosadoeste libro es el fruto de investigaciones realizadas durante su Maestría en Divinidad, ofreciendo un riguroso estudio teológico y ético del Evangelio según Mateo.

La obra está dedicada a “todas las personas que comprenden el legado de justicia que nos dejó Jesús y que se interesan en dar voz a las vidas que caminan en los márgenes de la sociedad”. Burgos Rosado establece una teología sin concesiones, citando al Rev. Martin Luther King, una religión que no se preocupa por “las condiciones económicas que los estrangulan y las condiciones sociales que los paralizan es una religión espiritualmente moribunda esperando entierro”.

El valor fundamental de este estudio radica en su punto central profundamente ético. El autor demuestra que el evangelista en Mateo tiene un interés primordial en las relaciones de justicia, siendo esta un principio fundamental del Reino de Dios. La auténtica proximidad con Dios debe capacitar a cada creyente para desenmascarar las realidades sociales de explotación y marginación que contradicen las enseñanzas de Jesús.

Este libro concluye de manera categórica: hablar de justicia social y liberación ubica inevitablemente a la iglesia en el centro de la esfera política, haciendo necesario articular la lucha por la justicia con ese ámbito. La Iglesia no debe ser una reunión de un club social ni un pasatiempo, sino una respuesta afirmativa al llamado de Jesús a continuar su labor de denunciar la opresión y traer esperanza. La misión de la iglesia es ser una comunidad viva que proclame el Reino de Dios.

Burgos Rosado articula una poderosa eclesiología – una concepción del ser y rol de la Iglesia – que emana directamente de los cinco grandes discursos de Jesús narrados en Mateo. La obra nos guía a través de este itinerario de enseñanzas:

1. El Sermón del Monte (Mateo 5–7): Este discurso es la esencia programática del Reino. Define la práctica cristiana (praxis) cónsona con la llegada del Reino y establece la justicia como el cimiento. Es el mapa para navegar la vida, donde la felicidad se encuentra en la misión de construir el Reino.

2. El Envío en Misión (Mateo 10): Se trata de una misión liberadora donde los discípulos continúan la obra de Jesús. El autor enfatiza el costo de la persecución inevitable y la necesidad de una fidelidad incondicional. El equipaje para esta misión se caracteriza por su ligereza y debe realizarse sin costos para los beneficiarios.

3. El Sermón de las Parábolas (Mateo 13): Explica el carácter oculto del Reino y su coexistencia con el mal en el mundo. La parábola del trigo y la cizaña enseña la paciencia: la iglesia debe ser la portadora del Reino, abriéndose paso entre la indiferencia, la miseria y la injusticia, confiando en que la separación final ocurrirá en el juicio escatológico.

4. El Sermón Eclesiológico (Mateo 18): Instruye a los discípulos sobre la vida en comunidad, destacando la solidaridad y el cuidado mutuo. Este discurso se centra en la exigencia de perdonarse y en la atención a “los pequeños” o descarriados, asegurando que la iglesia sea un medio efectivo de la gracia de Dios para rescatar a quienes han perdido su rumbo.

5. El Discurso Escatológico (Mateo 24–25): Más que un itinerario apocalíptico, es una exhortación a la vigilancia y diligencia en el trabajo. Culmina en el Juicio de las Naciones, donde el criterio decisivo es la acción concreta hacia “estos mis hermanos más pequeños” —los marginados, los enfermos, los encarcelados. Esto subraya que la práctica ética y la misión en el mundo son la clave para la fidelidad.

Relevancia para el Siglo XXI

Burgos Rosado reta a la iglesia actual a mirarse en el “espejo” de Mateo. La evangelización, lejos de ser mero proselitismo, debe incluir la acción transformadora del mundo y la denuncia profética de todo aquello que niega el Reino de Dios.

La obra es un llamado a la coherencia entre mensaje y práctica. La misión de la Iglesia hoy es liberadora, solidaria con los pobres y firme contra las injusticias. La verdadera fe implica una transformación del ser humano que fomenta mejores relaciones sociales y nos mueve a la acción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

“Discursos de Libertad” es una guía vital para aquellos que buscan que su fe tenga un impacto tangible, haciendo que el “reino pacífico local se vuelva viral”. Es un recurso indispensable para comprender que la justicia social es la manifestación más genuina y palpable de la presencia de Dios en la historia.

Eliezer E. Burgos
Teólogo puertorriqueño. Doctorando en Teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.Pastor y egresado del Seminario Evangélico de Puerto Rico.Trabaja en temas de ética, eclesiología y justicia social.Fundador de Ediciones Didásko y columnista en diversos medios escritos.

Pronunciamiento del “Primer Encuentro de Espiritualidades y Teología Política desde Abya Yala”

Mazatenango, Suchitepéquez, Guatemala 9 de noviembre, 2025

Reunidos en Mazatenango, Guatemala, del 7 al 9 de noviembre de 2025, representantes de comunidades eclesiales, movimientos sociales, organizaciones populares, teólogas, teólogos y académicos de diversos países de Abya Yala nos congregamos para compartir experiencias, reflexiones y búsquedas comunes en torno a la espiritualidad y la teología política. Este primer encuentro surgió como un espacio de escucha y discernimiento para repensar la fe, la justicia y la esperanza desde nuestras realidades del continente y desde la sabiduría ancestral de nuestros pueblos.

A lo largo de los tres días de diálogo, se fue configurando una comprensión común: la espiritualidad que nace en Abya Yala no puede separarse de la historia, de los cuerpos ni de la tierra. Es una espiritualidad encarnada, que se expresa en las luchas cotidianas de los pueblos, en la memoria de quienes entregaron su vida por la justicia y en el cuidado de la vida en todas sus formas. Frente a la herida abierta del colonialismo, el patriarcado, el racismo y las nuevas formas del capitalismo global, reconocemos la necesidad urgente de una teología que se piense y practique desde las comunidades, en clave política, liberadora y decolonial.

Comprendemos que la espiritualidad de las y los seguidores del Nazareno se caracteriza por el compromiso con la vida y la dignidad de los oprimidos, diferenciándose de las lógicas de poder que a lo largo de la historia han configurado la cristiandad como sistema de dominación. En este sentido, afirmamos que la espiritualidad auténticamente cristiana no puede desligarse de la praxis transformadora ni del horizonte del Reino de Dios, entendido como justicia, equidad y fraternidad universal.

Durante el Encuentro emergió con fuerza la convicción de que toda teología política debe partir del sentir, del cuidar y del reparar. Estas tres dimensiones expresan una metodología profundamente humana y espiritual. Sentir supone dejarse afectar por el sufrimiento y la esperanza de los pueblos; cuidar implica asumir la responsabilidad mutua entre los seres humanos y con la creación; reparar, finalmente, remite a la acción transformadora que busca restaurar la dignidad y construir nuevas condiciones de vida.

Asimismo, se destacó la importancia de habitar críticamente los espacios digitales, reconociendo que las redes pueden ser tanto lugar de dominación como territorio de encuentro y resistencia. Desde la teología política, urge construir narrativas que promuevan el discernimiento, la solidaridad y la comunión en medio de un mundo fragmentado por la desinformación y la indiferencia.

Las reflexiones compartidas también nos llevaron a reconocer el valor de la memoria ancestral como fuente de sabiduría para la acción política. La llamada “mochila ancestral” es símbolo de la herencia espiritual y cultural que los pueblos de Abya Yala portan consigo: una memoria que resiste al olvido, que enseña a caminar con humildad y que inspira a tejer comunidad en medio de la adversidad.

En este contexto, expresamos nuestro reconocimiento a las prácticas de organizaciones comunitarias del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), y a las delegaciones de diversos países que, desde su compromiso con los derechos humanos, el territorio y la dignidad de los pueblos, encarnan el Evangelio como fuerza de vida frente al fascismo, el racismo y las múltiples formas de exclusión y genocidio. Sus acciones son testimonio vivo de una espiritualidad que se hace cuerpo y se convierte en resistencia.

El encuentro nos deja la convicción de que pensar las espiritualidades no es un ejercicio teórico aislado, sino una necesidad urgente para sostener y orientar las luchas políticas de nuestros pueblos. Una teología política sin espiritualidad corre el riesgo de vaciarse de sentido, y una espiritualidad sin compromiso político se vuelve estéril ante el sufrimiento del mundo. Ambas dimensiones deben entrelazarse para que la fe se vuelva praxis transformadora.

Desde Abya Yala, enviamos al mundo un mensaje de esperanza, resistencia y comunión. Invitamos a las comunidades de fe, a las instituciones eclesiales y académicas, y a los movimientos sociales a seguir tejiendo caminos comunes. Convocamos a una espiritualidad que se encarne en la historia, que mire con compasión y que actúe con valentía frente a las injusticias.

Creemos firmemente que sin espiritualidad no hay transformación política duradera, y que sin justicia no puede haber verdadera espiritualidad. Con esta certeza, reafirmamos nuestro compromiso con la vida, con los pueblos y con la construcción de un horizonte de paz, equidad y dignidad para todas y todos.

Con esperanza y determinación,

Equipo organizador del primer encuentro de espiritualidad y teología política desde Abya Yala: CODECA, ÑAWI y PUBLICA

Claudio Ramírez, Yenny Delgado y Ollantay Itzamná

Abya Yala, el nombre proviene de la lengua Guna, una comunidad indígena entre Panamá y Colombia, y significa “tierra en plena madurez y tierra de sangre vital”. En la década de 1970, activistas, historiadores, políticos y teólogos con un fuerte sentido de identidad y trabajo descolonial adoptaron el término Abya Yala como un nombre unificado para el continente, en lugar de referirse como América Latina, Latinoamérica entre otros nombres que perpetúan las divisiones coloniales (Delgado & Ramírez, 2022).

Spiritualities and Political Theology from Abya Yala

Statement at the Conclusion of the First Continental Gathering on “Spiritualities and Political Theology from Abya Yala.” (Over 400 participants, including women, men, and children.)

Mazatenango, Suchitepéquez, Guatemala November 10, 2025

​Gathered in Mazatenango, Guatemala, from November 7–9, 2025, representatives of faith communities, social movements, grassroots organizations, farmers, educators, academics, and theologians from across Abya Yala convened to share experiences and deepen our common search for meaning. This First Encounter of Spiritualities and Political Theology From Abya Yala* arose as a space of attentive listening and collective discernment, inviting us to reimagine faith, justice, and hope in light of our continental realities and the ancestral wisdom of the original peoples of Abya Yala.

​Over the course of three days of dialogue, a shared conviction emerged: our spiritualities, born in Abya Yala, cannot be separated from history, from our bodies, or from our motherland. They are embodied spiritualities, expressed in the daily struggles of our peoples, in the memory of those who gave their lives for justice, and in the care for life in all its forms. Confronted with the open wounds of colonialism, patriarchy, racism, and the new manifestations of global capitalism, we affirm the urgent need for a theology conceived and lived within communities—one that is political, liberating, and decolonial.

We understand that our spiritualities as christians and followers of Jesus of Nazareth is characterized by a commitment to the life and dignity of the oppressed, distinguishing it from the power dynamics that, throughout history, have shaped Christianity as a system of domination. In this sense, we affirm that Christian Native spiritualities cannot be separated from transformative action or from the horizon of the Kingdom of God, understood as justice, equity, and universal solidarity.

During this first encounter, the conviction emerged strongly that Abya Yala theology is ancestral, comunal and political theology and must begin with feeling, caring, and repairing. These three dimensions express a profoundly human and spiritual methodology. Feeling involves allowing oneself to be affected by the suffering and hope of people; caring implies assuming mutual responsibility among human beings and with creation; repairing, finally, refers to transformative action that seeks to restore dignity and build new conditions for life.

Furthermore, the importance of critically engaging with digital spaces was emphasized, recognizing that networks can be both sites of domination and territories of encounter and resistance. From the perspective of political theology, there is an urgent need to construct narratives that promote discernment, solidarity, and communion in a world fragmented by disinformation and indifference.

​These shared reflections also led us to recognize the value of ancestral memories as a source of wisdom for political action. Our ancestral identity is a symbol of spirituality and cultural heritage for the peoples of Abya Yala: a memory that resists oblivion, teaches us to walk with humility, and inspires us to build community in the face of adversity.

In this context, we express our appreciation for the support of CODECA, PUBLICA, ÑAWI, and the delegations from various countries who, through their commitment to human rights, land and territories, and the dignity of peoples, embody the Gospel as a life-giving force in the face of fascism, racism, impoverishment, supremacies, and the many forms of exclusion and genocide committed in Abya Yala. Their decolonial actions stand as a living testament to a spirituality that takes shape and becomes resistance.

These days together leaves us with the conviction that reflecting on spiritualities is not an isolated theoretical exercise but an urgent necessity for sustaining and guiding the political struggles of our peoples. A political theology without spirituality risks becoming meaningless, and a spirituality without political commitment becomes sterile in the face of the world’s suffering. Both dimensions must be intertwined so that faith becomes transformative praxis.

From Abya Yala, we invite faith communities, ecclesial and academic institutions, and social movements to continue forging common paths. We call for a spirituality rooted in decolonial history, one that looks with compassion and acts courageously in the face of injustice.

​We firmly believe that without spiritual practices there can be no lasting political transformation, and that without justice there can be no true spirituality. With this conviction, we reaffirm our commitment to life and to building a future of peace, equity, and dignity for all in our motherland.

With hope and determination,
We, the participants of the First Gathering on Spiritualities and Political Theology in Abya Yala.

​*Abya Yala in the Guna language means “land in full maturity and land of vital blood.” In the 1970s, activists, historians, politicians, and theologians with a strong sense of ancestral identity adopted the term Abya Yala as a unified name for the continent, instead of referring to it as Latin America, The Americas among other names that perpetuate colonial divisions (Delgado & Ramírez, 2022).

First Encounter: “Spiritualities and Political Theologies from Abya Yala: Decolonial Challenges and Perspectives”

From November 7–9, 2025, more than 350 participants from across Abya Yala will gather in Mazatenango, Guatemala, for the First Encounter on “Spiritualities and Political Theologies from Abya Yala*: Decolonial Challenges and Perspectives.”

This gathering seeks to deepen reflection on the interconnections between spirituality, theology, and politics emerging from the lived experiences where faith meets realities. From the heart of these experiences, the encounter will build on a decolonial and prophetic Abya Yala theology, one that reclaims ancestral memory, Native spiritual practices, nurtures justice, and envisions dignified futures for all.

The encounter is led by theologians Yenny Delgado and Claudio Ramírez, who serve as foundational organizers and key promoters of Abya Yala theology. Alongside them, theologians, educators, community leaders, farmers, activists, and Indigenous elders from Peru, Colombia, Argentina, Puerto Rico, Honduras, Guatemala, El Salvador, Mexico, and the United States will participate, offering their voices, wisdom, and experiences to this collective process of dialogue and transformation in Abya Yala.

This gathering is supported by various ecumenical institutions committed to critical, decolonial and prophetic, including PUBLICA – Theology in Public LifeÑAWI – Intercultural DialogueCODECA, Rodolfo Kusch Institute, AMERINDIA, among others community organizations.

*Abya Yala is a word in the Guna language, it means “land in full maturity and the land of vital blood.” this name holds deep significance for the Native peoples and descendants, as it represents the unity and vitality of our continent and spiritual practices before the European’s arrival. Adopted in the 70’s by activists, historians, educators, and theologians, the term challenges colonial and eurocentric divisions in the continent. (Delgado & Ramirez, 2023)

The Uneasy Expansion of Reformed Theological Education in Latin America: Proliferation, Tensions, and Possibilities

By Dr. Gonzalo David

In recent years, we have witnessed a proliferation of Protestant and Evangelical seminaries across Latin America. This phenomenon might appear to be a positive sign, suggesting a growing interest in theological formation. Yet it also raises several issues that deserve careful attention.

When I refer to this increase in theological seminaries, I am thinking particularly of the Protestant and Evangelical churches I know best: the Reformed world in all its diverse expressions—even if, within the confessional Presbyterian sector, there are disagreements about what truly counts as “Reformed” in historical and theological terms [I]. It is essential to delimit this field of analysis in relation to its features, since the institutions in question differ markedly—by nature, development, and academic status—from the Catholic universities that dominate theological education in much of the region.

What follows, then, is not a comprehensive analysis of the Reformed milieu, but rather a general sketch of one of its internal phenomena, an interpretive proposal, and a few concluding reflections.

Institutional Fragility 

The main problem I identify—and from which most others stem—is that many of these seminaries have been created under the logic of our free-market model: supply follows perceived demand. In this case, the “demand” comes from a growing interest in biblical and theological education, often among Pentecostal believers who have recently discovered the Reformed tradition.

The issue, in my view, is not the motivation behind these initiatives but the fact that most of them fail to meet even minimal academic standards. These seminaries are rarely subject to any external quality control or accreditation. By relying on the information, they themselves provide, we can observe that many of their instructors lack the proper academic preparation to teach—let alone expertise in the specific areas of the courses they offer.

In some cases, these teachers do hold degrees or even graduate credentials, but those degrees often come from institutions of equally questionable quality [II]. Moreover, there are typically no formal partnerships, faculty or student exchanges, research programs or publications—criteria commonly used in evaluating higher education institutions.

These shortcomings reveal not only institutional fragility but also a deeper intellectual problem: these seminaries tend to be spaces of information transfer rather than critical reflection or knowledge production. They operate within a very limited theological culture—largely confined to conservative Anglo-Saxon Reformed theology, a small and academically marginal current within global theological production.

Entire traditions are simply ignored, such as the Franco-German theological world, which has shaped Western theological thought for the past two centuries, or the increasingly vibrant Latin American, Asian, and African theologies [III]. This is troubling because a proper undergraduate program in theology should provide a set of core contents ensuring that students acquire essential knowledge and skills. In these seminaries, that standard is not being met.

As a result, many graduates find themselves poorly equipped for advanced study, lacking the necessary intellectual and academic tools to pursue postgraduate education effectively.

A concrete example of the lack of academic understanding behind some of these projects can be seen in seminaries that simultaneously offer both a Bachelor’s degree in Theology and a Master of Divinity (M.Div.), as if the latter were a natural continuation of the former. Anyone even moderately familiar with theological education in the Western world knows that the Master of Divinity is a professional degree, originally designed in the Anglo-American context for individuals with a prior Bachelor of Arts to prepare for ordination or ministry. Over time, it replaced the older Bachelor of Divinity (B.Div.). In other words, the M.Div. is the first degree in theology for those entering ministry from another academic background—it is not a specialized postgraduate degree. In continental Europe and Latin America, its rough equivalent would be the Licenciatura en Teología.

The Latin American Particularity of Protestant and Evangelical Theological Education

Given this situation, what possible solutions might we envision? First, we must recognize that our ecclesial, theological, and historical context differs fundamentally from that of Europe, Asia, or North America. In Latin America, only a handful of Protestant or Evangelical theological faculties are officially recognized by the state [IV] or accredited within the national higher education systems—and among those, few belong to Reformed or Reformed-leaning traditions.

There are examples in countries like Costa Rica, Argentina, Paraguay, and Nicaragua, but they are exceptions rather than the rule. Any realistic diagnosis must take this into account.

Furthermore, the creation of theological seminaries in our region rests on the principle of academic freedom, grounded in the universal right to education recognized by international human rights conventions. It would therefore be mistaken to argue that the state should necessarily regulate the founding of such institutions. The solutions should not follow totalitarian impulses, even if the abuse of this freedom gives rise to legitimate concerns.

On the one hand, these initiatives arise from the exercise of a right; on the other, they demand ethical and academic responsibility from those who lead them. The evidence suggests that this dual dimension—freedom and responsibility—is not equally understood or respected by all actors involved.

Denominational, Interdenominational, and Para-ecclesial Seminaries

Within this landscape, we can distinguish between denominational [V], interdenominational [VI], and para-ecclesial seminaries [VII]. The first are sustained by a single denomination; the second, by multiple denominations; and the third emerge from personal or collective initiatives—whether through associations or foundations—that do not answer to any specific church body.

In my view, denominational and interdenominational seminaries have a better chance of developing sustainable academic projects capable of maintaining higher quality standards. Since they are accountable to one or more church bodies, they are more likely to receive long-term investment—both human and financial—and to address internal weaknesses.

Para-ecclesial seminaries, by contrast, depend on the efforts of a small group of individuals. Such efforts require at least a few essential elements from the outset: financial resources, perseverance, administrative competence, and a basic understanding of theological education. Without these, it is difficult for any project to survive more than a few years.

A frequent objection regarding denominational and interdenominational seminaries is that, while they may enjoy more stability and resources, they tend to limit academic freedom because of their confessional commitments. This tension—between institutional support and intellectual autonomy—is real. Yet it is also important to remember that every educational institution operates from a guiding vision or worldview. Catholic theological faculties, for instance, which are often integrated into state-recognized universities, must meet both academic and magisterial standards. They are no less confessional for being academically rigorous.

Conclusion

Given all that was discussed, there is an urgent need for systematic, quantitative research on the phenomena recently described —data on the number of Protestant and Evangelical seminaries established in recent years, the academic qualifications of their faculty, their publication output, student graduation rates, and the long-term trajectories of their graduates.

Such research would provide a clearer picture of these seminaries and their evolution in Latin America, especially regarding institutional development and sustainability. At present, this remains an almost unexplored field, and this lack of data poses serious methodological challenges for anyone seeking to analyze it properly.

Still, while the current situation is concerning, this concern should be tempered with perspective. The historical Protestant denominations possess a significant opportunity: to build strong, durable educational projects that could meaningfully contribute to theological reflection and production in the Global Christianity. 

It has been several decades since liberation theologies first emerged in Latin America—movements that, regardless of one’s theological stance toward them, demonstrated that our continent can produce intellectually vigorous and contextually relevant theology. Coupled with the fact that Spanish is the world’s second most spoken language, this should remind us that Latin America remains a fertile ground for the flourishing of theological ideas that speak meaningfully to our troubled times.


Notes

[I] Presbyterians of various branches, Reformed Baptists, Reformed Pentecostals, Anglicans, and others.

[II] In the North American context, one way to determine whether a seminary meets minimum academic standards is to check whether it is accredited by the Association of Theological Schools in the United States and Canada (ATS). Some may question the rigor of certain ATS-accredited institutions, but it remains the official benchmark.

[III] A separate but related issue concerns the generally weak training offered in biblical studies—especially in exegesis and ancient languages—throughout Latin American theological education.

[IV] Examples include the Universidad Evangélica de las Américas and the Universidad Bíblica Latinoamericana in Costa Rica; the Martin Luther King Jr. University in Nicaragua; and the Corporación Universitaria Reformada in Colombia, among others.

[V] Regional examples include denominational seminaries such as the Seminario Teológico Bautista (Chile), the Centro de Estudios Pastorales (CEP), and the Seminario Teológico Presbiteriano IPCH.

[VI] For instance, the Comunidad Teológica Evangélica (Chile) and similar collaborative networks across the continent.

[VII] Examples include the Instituto Bíblico Nacional (Chile), the Seminario Teológico Reformado (Chile), and the Seminario Martin Bucer.


Dr. Rev. Gonzalo David: Doctor in Philosophy, Université de Montpellier Paul-Valéry, France. Doctor in Theology, Faculté de théologie protestante de Montpellier, France. Research Fellow – Neo-Calvinism Research Institute. Theological University Utrecht.

Eva y María: Caída y Redención desde la Perspectiva Femenina

Por Rosaly Guzmán

Desde los albores de la creación hasta la plenitud de los tiempos, la figura femenina ha ocupado un lugar clave en la historia de la salvación. En este ensayo reflexionaremos sobre dos mujeres fundamentales: Eva, símbolo de la fragilidad humana y del inicio del drama del pecado; y María, la madre de Jesús, cuyo “sí” a Dios se convierte en el punto de inflexión redentora para toda la humanidad. A través de un análisis teológico y tipológico, examinaremos cómo estas dos figuras no son meramente contrastes, sino profundamente complementarias. Eva y María representan la tensión entre caída y redención, desobediencia y obediencia, oscuridad y luz. Ambas reflejan aspectos de la experiencia humana en su dimensión femenina, y nos invitan a contemplar el papel vital que la mujer desempeña en el plan divino. Este ensayo busca no solo profundizar en estas figuras bíblicas, sino también provocar una reflexión más amplia sobre la dignidad, vocación y misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo.

La narrativa bíblica no es neutral en cuanto a género: está tejida con voces masculinas y femeninas que juntas revelan el corazón de Dios. En este contexto, Eva y María destacan como figuras clave dentro de una visión teológica de la humanidad. Aunque separadas por siglos de historia, estas dos mujeres representan polos teológicos entre los cuales se mueve el drama de la redención. La caída del ser humano, en la que Eva juega un papel activo, no es el final. En María, la nueva Eva, la historia encuentra su reverso redentor. Este ensayo propone una lectura tipológica y teológica de ambas figuras, no para confrontarlas como culpable y salvadora, sino para descubrir en ellas una pedagogía divina que exalta lo femenino como lugar de encuentro entre Dios y la humanidad.

Eva: La humanidad en caída

La primera mujer, Eva, aparece en el relato de Génesis como compañera del hombre y coimagen de Dios:“Y creó Dios al hombre a su imagen… varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Eva, cuyo nombre significa “madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20), se convierte en símbolo de la humanidad que busca el conocimiento fuera de la obediencia. Su acto de comer del fruto prohibido no debe interpretarse simplemente como un error individual, sino como la representación arquetípica del deseo humano de autonomía absoluta, sin Dios.

San Ireneo de Lyon, en su obra Contra las herejías, observa que Eva desata el nudo de la desobediencia que será anudado nuevamente por la obediencia de María. Él escribe:“Así como por la desobediencia de una mujer el hombre fue condenado, así también por la obediencia de una mujer el hombre fue salvado” (Ireneo, Adversus Haereses 3.22.4).

Eva no es condenada a ser una figura eternamente culpable, sino que representa a la humanidad en su búsqueda, caída y necesidad de redención. Su historia es la nuestra: una historia de fragilidad, deseo, error y, sin embargo, nunca fuera del alcance de la gracia divina.

María: La nueva Eva y el amanecer de la redención

En la plenitud de los tiempos, María aparece como la mujer por medio de la cual entra al mundo el Salvador. Su respuesta al anuncio del ángel Gabriel es un acto de fe radical:“He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38, RVR1960).

En este momento, María se convierte en el reverso redentor de Eva. Donde Eva escuchó a la serpiente, María escucha al mensajero de Dios. Donde Eva dudó del mandato divino, María confía plenamente. La tradición patrística vio en esta oposición una clave teológica para entender la redención.

Hans Urs von Balthasar expresa este paralelismo con claridad: “Eva se afirma en su voluntad sobre la de Dios, María se entrega. Donde Eva dijo ‘no’, María dice ‘sí’. Y ese sí es el canal por donde entra la gracia al mundo” (von Balthasar, María, Primera Iglesia, 1980).

La obediencia de María no es pasividad, sino un acto de libertad iluminada por la fe. Su maternidad es física, pero también espiritual: ella es madre de Jesús y, por extensión, madre de todos los redimidos (Juan 19:26–27).

Tipología: De la desobediencia al fiat

La lectura tipológica permite ver en Eva y María dos mujeres entrelazadas en la historia sagrada, no como rivales, sino como imágenes opuestas de la misma humanidad. Según San Justino Mártir:

“Cristo fue hecho hombre por medio de la Virgen para que la desobediencia provocada por la serpiente comenzara por medio de Eva y terminara por medio de María” (Diálogo con Trifón, 100).

En este sentido, María no borra a Eva, sino que la redime desde dentro. La tipología no anula el pasado, sino que lo resignifica. La historia de la salvación no avanza destruyendo lo antiguo, sino cumpliéndolo.

Ambas mujeres tienen una relación directa con el Árbol: Eva con el árbol del conocimiento, María con el madero de la cruz. Al pie de ese nuevo árbol, María se mantiene firme, convirtiéndose en testigo del nuevo pacto:“Mujer, he ahí tu hijo… He ahí tu madre” (Juan 19:26–27).

Implicaciones actuales: La mujer en la historia sagrada y en la Iglesia

La visión teológica de Eva y María tiene profundas implicaciones pastorales y eclesiales. Si la historia de la redención comienza con una mujer y culmina con otra, entonces la mujer ocupa un lugar indispensable en la economía de la salvación. Lejos de ser secundaria, la figura femenina es mediadora, portadora de vida y de fe.

El Papa Juan Pablo II, en su carta apostólica Mulieris Dignitatem (1988), escribió: “La mujer es introducida en la historia de la salvación de un modo insustituible: es la primera en recibir al Redentor y en cooperar con Él en el misterio de la redención.”

En una época en que la dignidad femenina sigue siendo amenazada por estructuras patriarcales, estereotipos culturales o incluso por silencios eclesiales, estas figuras bíblicas invitan a una recuperación profunda del valor de la mujer. La Iglesia necesita redescubrir la voz profética de María y aprender a mirar con nuevos ojos a Eva, no como culpable eterna, sino como parte de una humanidad redimida.

Conclusión

Eva y María, más que símbolos opuestos, representan las posibilidades y tensiones del corazón humano. Eva nos recuerda nuestra fragilidad, pero también nuestro anhelo de plenitud. María nos muestra que la redención no es una idea abstracta, sino una realidad encarnada en la fe y obediencia de una mujer común. En ambas, la historia sagrada nos invita a mirar la vida con esperanza: la caída no tiene la última palabra, la gracia sí. Y es en lo femenino donde esta gracia encuentra tierra fértil para dar fruto eterno.

Preguntas para la reflexión y aplicación pastoral:

  1. ¿Cómo podemos redescubrir a Eva como símbolo de la humanidad en búsqueda y no solo como figura de culpa?
  2. ¿Qué significa para ti que María haya dicho “sí” a Dios desde su condición de mujer joven, humilde y anónima?
  3. ¿De qué manera el ejemplo de María puede inspirar a las mujeres de hoy en su vida de fe, liderazgo y servicio?
  4. ¿Cómo puede la Iglesia valorar mejor la dimensión femenina en su misión pastoral y teológica?
  5. ¿Qué aspectos de tu vida personal podrían transformarse si pasas de un “no” temeroso a un “sí” confiado como el de María?

Sobre la autora:

Rosaly Guzmán Torres es puertorriqueña con una maestría en Divinidad y estudios doctorales en Consejería. Rosaly es profesora universitaria, maestra bíblica y líder activa en la iglesia Bautista del Sur. Además de sus múltiples roles profesionales, es madre y mentora, con un compromiso firme de guiar a otras mujeres hacia el crecimiento espiritual, emocional y personal.

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Doloridad y Resistencia: El papel de las mujeres negras en las Iglesias Evangélicas Brasileñas

Por Aline Frutuoso

Las mujeres negras en Brasil enfrentan múltiples formas de opresión relacionadas con la raza, el género y la clase, y esta realidad también se manifiesta en las iglesias. A pesar de su significativa presencia y contribución fundamental, siguen siendo marginadas en los espacios de liderazgo y toma de decisiones. 

Vilma Piedade señala que “la relación entre la mujer negra y el poder es un tema prácticamente inexistente”. Por su parte, Maricel Mena López complementa esta visión al destacar que la ausencia de estas mujeres en posiciones de liderazgo perpetúa un ciclo de exclusión estructural.

El concepto de doloridad, creado por Piedade, refuerza la unión entre mujeres negras a partir de la vivencia del racismo y el machismo. Más que sororidad, se trata del reconocimiento de los dolores compartidos por las mujeres negras y de la necesidad de resignificarlos. En este contexto, la teología de las mujeres negras se configura como un acto de resistencia dentro de las iglesias, promoviendo la acogida y la transformación.

Invisibilidad y exclusión en las Iglesias

Aunque son mayoría en muchas iglesias evangélicas, las mujeres negras siguen limitadas a funciones subalternas, mientras que los cargos de liderazgo están ocupados mayoritariamente por hombres blancos. 

Esta exclusión va más allá de la falta de representación, pues también implica un borramiento simbólico: sus voces, dolores y perspectivas; rara vez son consideradas en debates teológicos y decisiones litúrgicas.

Una investigación de Datafolha, citada por Simony dos Anjos en Carta Capital, confirma que las iglesias evangélicas son predominantemente femeninas y negras, pero esta presencia no se traduce en poder institucional. Esta disparidad refuerza un ciclo de exclusión en el que las mujeres negras siguen relegadas al servicio comunitario, sin acceso a los espacios de toma de decisiones.

La escucha como un acto sagrado de resistencia

La escucha ocupa un papel central en la práctica teológica de las mujeres negras. Más que un acto de empatía, escuchar es una herramienta política y espiritual que rompe con el silencio histórico. Compartir historias permite que estas mujeres tengan sus experiencias reconocidas y validadas, creando un espacio de fortalecimiento y aprendizaje.

Además, la escucha desafía las jerarquías tradicionales de las iglesias, cuestionando la ausencia de mujeres negras en los espacios de poder y resignificando su papel en la vivencia religiosa. De este modo, la escucha se convierte en un elemento de transformación, abriendo camino a nuevas formas de espiritualidad y pertenencia.

Acogida como espacio de sanación y reexistencia

Para que la acogida entre mujeres negras en las iglesias sea efectiva, debe basarse en la doloridad y en la construcción de redes de apoyo. Como afirma Vilma Piedade, “no es solo sororidad, es doloridad.” Esta acogida debe ir más allá del apoyo emocional: debe ser un acto de fortalecimiento espiritual y político, ayudando a estas mujeres a transformar el dolor en resistencia colectiva.

Caldeira señala que la acogida entre mujeres negras desafía las estructuras raciales y patriarcales de las iglesias, permitiendo la creación de nuevas formas de comunidad de fe. Este proceso de sanación colectiva es esencial para hacer de las iglesias espacios más inclusivos y equitativos.

Resignificando el dolor: de los márgenes al centro

Resignificar el dolor es un paso fundamental para las mujeres negras en las iglesias, ya que les permite transformar experiencias de marginación en una espiritualidad liberadora. Como destaca López, “la identidad negra está ligada a la pertenencia y al compromiso de reconstruir la historia compartida por los ancestros”.

Este proceso también se refleja en la forma en que las mujeres negras reinterpretan los textos bíblicos y las prácticas litúrgicas. Al resignificar sus vivencias, construyen una teología afro-feminista que desafía las estructuras excluyentes de las iglesias y propone nuevos modelos de liderazgo espiritual.

Vilma Piedade enfatiza que “un concepto camina, recorre la historia, acumula e interactúa con otros conceptos”, reforzando la idea de que la doloridad no es solo una respuesta al sufrimiento, sino un movimiento dinámico de resistencia y transformación.

Arte y Doloridad: expresión y resistencia

La doloridad también se manifiesta en el arte, un poderoso medio de expresión y resignificación del dolor. La experiencia de las mujeres negras puede transformarse en literatura, música, danza y artes visuales, creando espacios de sanación y empoderamiento.

El arte permite que estas mujeres compartan sus historias, cuestionen narrativas racistas y reafirmen su existencia. Al expresar sus vivencias a través de la creación artística, fortalecen su identidad y construyen un legado de resistencia y resiliencia. Como destaca Piedade, la doloridad contiene “las sombras, el vacío, el discurso silenciado”, y el arte es una herramienta para traer estas experiencias a la luz.

Consideraciones finales

La práctica teológica de las mujeres negras en las iglesias evangélicas brasileñas puede y debe ser un ejemplo de resistencia basada en la doloridad. La escucha, la acogida y la resignificación del dolor forman una teología transformadora que desafía las estructuras de opresión y propone nuevas posibilidades de vivencia espiritual.

Aunque todavía enfrentan invisibilidad en muchos espacios, estas mujeres están promoviendo cambios significativos dentro de las iglesias, convirtiendo su fe en un instrumento de empoderamiento y justicia social. Como afirma López (2015), “la teología afro-feminista afirma que la experiencia de las mujeres es el punto de partida de la reflexión teológica”. Así, la lucha de las mujeres negras no es solo una reivindicación por inclusión, sino un llamado a la transformación de las iglesias y de la sociedad en su conjunto.

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Aline Frutuoso

Economista y teóloga brasileña. Estudiante de Doctorado en Ciencias Religiosas en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. Miembro de Agar – Sociedad Teológica de Mujeres Negras. Escribe sobre teología mujerista negra, feminismo y descolonización.